
Irak y Siria reviven oleoducto estratégico para esquivar el estrecho de Ormuz
Bagdad firmó 48 acuerdos con EE.UU., incluyendo la rehabilitación del oleoducto Kirkuk-Baniyas, que busca exportar 2 millones de barriles diarios por el Mediterráneo y reducir la dependencia del golfo Pérsico.
La firma de 48 acuerdos, memorandos y declaraciones de asociación entre Irak y empresas estadounidenses durante la visita del primer ministro Ali al-Zaidi a Washington marca un giro en la infraestructura energética regional. El valor total de los compromisos supera los 60.000 millones de dólares, según la Cámara de Comercio de Estados Unidos, aunque varias de las rúbricas son preliminares o no vinculantes. El eje central es el memorando de entendimiento para rehabilitar el oleoducto Kirkuk-Baniyas, que conecta los campos del norte iraquí con el puerto sirio en el Mediterráneo, inactivo desde los bombardeos de la invasión estadounidense de 2003. Un consorcio internacional liderado por Chevron, UCC Holding y TI Capital preparará los estudios técnicos y financieros, mientras la petrolera estatal siria y la iraquí Basra Oil Company coordinarán la restauración del tramo Haditha-Baniyas.
El proyecto responde a una urgencia fiscal y logística. Desde la interrupción del tráfico en el estrecho de Ormuz por el conflicto entre Estados Unidos e Irán, las exportaciones petroleras iraquíes —que representan más del 90% de los ingresos presupuestarios— se han desplomado, con una pérdida de decenas de miles de millones de dólares y una contracción del PIB estimada en -8,9% para este año por el Banco Mundial. La nueva infraestructura aspira a una capacidad de dos millones de barriles diarios, muy por encima de los 300.000 que transportaba el trazado original de 1952, lo que exigirá una construcción en gran parte nueva y no una mera reparación. El objetivo es ofrecer a Bagdad una ruta de exportación alternativa que reduzca la vulnerabilidad ante crisis en el golfo Pérsico.
Desde la óptica de Washington, el oleoducto es una pieza de reordenamiento geopolítico. El enviado especial estadounidense Tom Barak afirmó que el plan, coordinado con Siria, Jordania, Turquía, Líbano y Egipto, convertirá Ormuz en una zona “secundaria” en un plazo de dos años, al tiempo que se impulsa un “corredor medio” para llevar gas centroasiático a Europa. La administración Trump respalda abiertamente a al-Zaidi —calificado como “campeón” en la Casa Blanca—, quien asumió el poder con el visto bueno estadounidense y se ha comprometido a desarmar a las milicias proiraníes que atacaban instalaciones norteamericanas. En Teherán, el asesor del líder supremo, Ali Akbar Velayati, calificó la visita de “gran deshonra” y tachó al mandatario iraquí de “joven e inexperto”, señal de la fricción que genera el realineamiento.
El camino hacia la materialización es aún incierto. Los estudios de viabilidad no tienen un calendario público de ejecución, y la seguridad en el tramo sirio, la financiación de una obra de semejante envergadura y la estabilidad política interna en ambos países serán determinantes. Al-Zaidi tiene previsto viajar a continuación a Catar e Irán, en un gesto de equilibrio que subraya la complejidad de desacoplar a Bagdad de su vecino persa. El siguiente hito concreto será la presentación de los estudios técnicos por parte del consorcio internacional, paso indispensable para transformar las intenciones políticas en contratos de construcción.
| Prensa atlántica / anglosfera | +0.80 | aligned |
|---|---|---|
| Prensa iraní y afín | −0.70 | critical |
| Prensa del Golfo árabe | +0.50 | aligned |
| Prensa árabe Levante-Magreb | +0.20 | neutral |
Estados Unidos celebra el acuerdo como una victoria estratégica que fortalece su influencia en Oriente Medio y reduce la dependencia del estrecho de Ormuz.
El énfasis en la cifra de 60 mil millones de dólares y la participación de grandes empresas como Chevron crea una narrativa de éxito económico y seguridad energética, ocultando las implicaciones geopolíticas para Irán.
El bloque atlántico omite las preocupaciones iraníes sobre la marginación del estrecho de Ormuz y las sanciones aún vigentes contra Siria.
Irán denuncia el acuerdo como una maniobra hostil de Estados Unidos para aislar a Teherán y controlar las rutas energéticas.
La narrativa se centra en la amenaza a la soberanía iraní y la estabilidad regional, utilizando un lenguaje de 'intento directo' y 'socavar' para crear un sentido de urgencia y victimización.
Irán omite los beneficios económicos para Irak y el hecho de que el proyecto se discutió abiertamente con empresas estadounidenses, no en secreto.
Los estados del Golfo acogen con satisfacción el acuerdo como una oportunidad para diversificar las rutas energéticas y fortalecer la cooperación regional.
El artículo utiliza la declaración de la embajada estadounidense para legitimar el proyecto como parte de una visión más amplia, minimizando las posibles tensiones con Irán.
El bloque del Golfo omite las preocupaciones iraníes y el hecho de que el oleoducto cruza Siria, un país aún bajo sanciones internacionales.
El acuerdo se presenta como un paso técnico para mejorar las exportaciones iraquíes, con el respaldo del Departamento de Estado de EE.UU. que otorga legitimidad.
Al citar directamente al Departamento de Estado de EE.UU. y describir el proyecto como 'estratégico', el informe otorga legitimidad sin añadir comentarios críticos.
El bloque árabe Levante-Magreb omite la discusión sobre las implicaciones para Irán o las sanciones a Siria, manteniendo un tono neutral.
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