
Hasta cinco tazas de café diarias son seguras para el corazón, según una nueva revisión científica
La Asociación Americana del Corazón establece en 400 mg de cafeína el umbral sin riesgo cardiovascular, pero advierte sobre los métodos de preparación y las bebidas energéticas.
La Asociación Americana del Corazón (AHA) ha publicado en Circulation una revisión de grandes estudios poblacionales y ensayos clínicos que fija un umbral claro: el consumo moderado de café —hasta 400 miligramos de cafeína al día, equivalentes a entre tres y cinco tazas de 240 mililitros— es seguro para la mayoría de los adultos sanos y se asocia con un menor riesgo de enfermedad coronaria, insuficiencia cardíaca, accidente cerebrovascular y diabetes tipo 2. El análisis, liderado por la Universidad de California en San Francisco, no prueba una relación causal directa, pero la convergencia de la evidencia disponible respalda la conclusión de que la ingesta moderada no eleva el peligro cardiovascular e incluso podría ser protectora.
El efecto beneficioso se atribuye a los polifenoles y antioxidantes del café, que limitan la producción y el almacenamiento de triglicéridos en las células grasas, según detallan investigaciones estadounidenses recogidas en la revisión. Sin embargo, el método de preparación modifica el perfil lipídico: el café sin filtrar —como el de prensa francesa o el hervido— libera cafestol y kahweol, compuestos que elevan el colesterol LDL, mientras que el café filtrado (de goteo o cafetera Moka) no produce ese efecto. Esta distinción es relevante para la salud cardiovascular en América Latina y España, donde conviven tradiciones de café de filtro y de émbolo.
La AHA subraya que las bebidas energéticas y los shots de cafeína quedan fuera de esta recomendación. Estos productos pueden contener entre tres y cuatro veces más cafeína que una taza de café y se han vinculado con aumentos significativos de la presión arterial y arritmias en personas sin factores de riesgo previos. Los especialistas insisten en que la respuesta a la cafeína varía según la edad, la genética, los medicamentos y las condiciones de salud subyacentes, por lo que no existe una pauta única para todos.
En paralelo, un pequeño ensayo clínico de la Universidad Estatal de Ohio —con solo 12 adultos con obesidad durante cuatro semanas— observó que una bebida formulada con tomate rico en licopeno y fortificada con isoflavonas de soja redujo marcadores de inflamación sistémica. Aunque prometedor, los propios autores advierten que se trata de un estudio piloto y que los resultados no son extrapolables a los zumos de tomate comerciales. En la misma línea, estudios observacionales señalan que aumentar 20 gramos diarios la ingesta de proteínas vegetales —procedentes de lentejas, alubias, tofu o semillas de calabaza— se asocia con una disminución del 16 % en el riesgo de hipertensión, gracias al aporte de potasio, magnesio y fibra.
El siguiente paso científico será la realización de ensayos clínicos aleatorizados de mayor escala que confirmen si los efectos protectores del café y de otros compuestos vegetales son causales y aplicables a poblaciones diversas. Mientras tanto, las sociedades cardiológicas recomiendan integrar estas bebidas dentro de un patrón alimentario equilibrado, sin azúcares añadidos ni cremas, y consultar al médico ante cualquier duda individual.
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El café es un aliado para el corazón, solo hay que prepararlo bien y no excederse.
Se apoya en un estudio americano y en los polifenoles para crear un mensaje tranquilizador, omitiendo los riesgos de las bebidas energéticas.
No se mencionan los efectos negativos de las bebidas energéticas ni los posibles peligros del abuso de cafeína.
Hasta cinco tazas al día son seguras: lo confirma la American Heart Association.
Al citar una autoridad, se crea un efecto de certeza, omitiendo excepciones para personas sensibles.
No se discuten los riesgos de las bebidas energéticas ni las contraindicaciones para personas con problemas cardíacos.
El café está bien con moderación, pero cuidado con las bebidas energéticas que pueden hacer daño.
Al separar claramente dos bebidas, se crea una jerarquía de riesgos, usando el mismo estudio para justificar ambas afirmaciones.
No se detallan los beneficios específicos del café sobre los triglicéridos u otros parámetros.
Para la presión alta, las proteínas vegetales son mejores que el café.
Ignorando por completo el estudio del café, desvía la atención a otro tema, presentándolo como una alternativa más eficaz.
Nunca se menciona el estudio del café ni las bebidas energéticas; el artículo se centra exclusivamente en las proteínas vegetales.
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