
Estados Unidos e Irán inician una cuenta atrás de 60 días para sellar la paz, entre acusaciones de desesperación
La firma de un memorando en Versalles y Teherán detiene las hostilidades y reabre Ormuz, pero ambas capitales se acusan de debilidad mientras el proceso negociador queda aplazado.
Estados Unidos e Irán activaron formalmente un período de 60 días para negociar un acuerdo definitivo, tras la firma electrónica de un memorando de entendimiento de 14 puntos que ordena el cese inmediato y permanente de las operaciones militares en todos los frentes, incluido el Líbano, y la reapertura del estrecho de Ormuz. El presidente Donald Trump estampó su rúbrica durante una cena en Versalles con el mandatario francés Emmanuel Macron, mientras que el presidente iraní Masoud Pezeshkian hizo lo propio desde Teherán. Sin embargo, la primera ronda de conversaciones sobre la implementación, prevista para el viernes en Suiza, fue pospuesta, y Trump declaró que Washington dejará transcurrir los 60 días porque, a su juicio, Irán está “desesperado” y “acabado”.
Desde Washington, tanto Trump como el vicepresidente JD Vance han insistido en que el Tesoro estadounidense no aportará “ni un céntimo” al fondo de reconstrucción de 300.000 millones de dólares contemplado en el texto, cuya financiación, aseguran, deberá provenir de socios del Golfo. La Casa Blanca condiciona además el desbloqueo de activos iraníes congelados al cumplimiento verificable de las obligaciones suscritas por Teherán. Trump ha presentado el memorando como una victoria que ya se refleja en la caída de los precios del petróleo y en máximos bursátiles, y ha calificado de “estúpidos” a los críticos demócratas que, según él, afirman que Irán sale fortalecido. En Teherán, el líder supremo, Mojtaba Jameneí, sostuvo que fue Trump quien buscó el acuerdo por desesperación y reveló que solo autorizó la firma tras la insistencia del presidente Pezeshkian y del Consejo Supremo de Seguridad Nacional. El portavoz de la cancillería iraní, Esmaeil Baqaei, subrayó que la verdadera prueba será la implementación y no la rúbrica.
En Israel, el acuerdo ha sido recibido con profundo escepticismo en todo el espectro político, ya que se negoció sin participación israelí y sin acceso previo al texto. El primer ministro Benjamin Netanyahu reiteró que las fuerzas israelíes permanecerán en una “zona de seguridad” en el sur del Líbano y que impedir que Irán obtenga armas nucleares sigue siendo un objetivo irrenunciable. Desde París, Macron calificó el memorando de paso “juicioso” y propuso una misión naval conjunta franco-británica para supervisar Ormuz, aunque la idea no despertó entusiasmo en Trump. Analistas en Londres observan que el entendimiento, aunque preliminar, alivia las tensiones energéticas globales y ofrece un respiro a los consumidores, pero advierten que no resuelve las cuestiones de fondo —el programa nuclear y el alivio de sanciones— y que conlleva riesgos evidentes.
El memorando compromete a Washington a levantar el bloqueo naval en un plazo de 30 días tras un acuerdo final, mientras que Irán debe restaurar el tránsito comercial por Ormuz a los volúmenes anteriores a la guerra; petroleros iraníes ya han comenzado a cruzar la línea de bloqueo en presencia de buques estadounidenses. El texto reafirma la promesa iraní de limitar su programa atómico a fines civiles y abre la negociación sobre los niveles de enriquecimiento y las reservas de uranio altamente enriquecido, pero difiere los compromisos concretos a la fase de 60 días. La guerra lanzada por Estados Unidos e Israel en febrero destruyó más de 120.000 unidades residenciales y causó pérdidas estimadas por el gobierno iraní en 270.000 millones de dólares, lo que convierte el fondo de reconstrucción en un elemento central, aunque su arquitectura financiera sigue sin definirse.
Con la firma, el reloj de 60 días ha comenzado a correr. La reunión de Ginebra aplazada deberá reprogramarse, y ambas partes han advertido que la negociación de un tratado final será más compleja que el memorando inicial. El expediente queda abierto: Washington supedita el alivio de sanciones a concesiones nucleares verificables, mientras Teherán exige beneficios económicos tangibles antes de desmantelar capacidades. La comunidad internacional, desde el G7 hasta los actores regionales, observa un proceso que, en palabras de Macron, “no lo resuelve todo y entraña riesgos”.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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La Casa Blanca presenta el alto el fuego de 60 días como un triunfo para el presidente Trump, quien afirma que Irán está desesperado y se verá obligado a aceptar las condiciones estadounidenses. El acuerdo preliminar se presenta como una victoria estratégica que mantiene la presión sobre Teherán y evita guerras interminables.
Los observadores europeos ven el marco de 60 días como el inicio de una negociación difícil, no una paz definitiva. El memorando es un camino, no un tratado; Trump ha cumplido sus promesas de evitar guerras terrestres, pero la verdadera batalla sobre las cuestiones nucleares y las sanciones apenas comienza.
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