
El rover Perseverance detecta carbono complejo en Marte mientras un estudio enfría las expectativas de terraformación
La identificación de moléculas orgánicas macromoleculares en el cráter Jezero refuerza la hipótesis de un pasado habitable, pero los científicos advierten que no prueban vida antigua y que transformar el planeta sigue fuera del alcance tecnológico.
Dos hallazgos simultáneos redefinen el estado de la exploración marciana. Por un lado, el instrumento SHERLOC del rover Perseverance de la NASA ha detectado carbono orgánico macromolecular en dos rocas de lutita de la formación Bright Angel, en el borde del antiguo delta fluvial de Neretva Vallis, dentro del cráter Jezero. Se trata de la detección de compuestos orgánicos más contundente registrada hasta ahora en ese cráter, con cientos de señales individuales. Por otro, un estudio publicado en APS Open Science por el Jet Propulsion Laboratory concluye que terraformar Marte —dotarlo de una atmósfera respirable y temperaturas estables— exigiría mover masas equivalentes a lunas enteras y desplegar 70 millones de kilómetros cuadrados de espejos orbitales, una empresa que la humanidad no podrá abordar en siglos.
El carbono identificado por Perseverance es de tipo macromolecular (MMC), una forma compleja que en la Tierra suele asociarse a procesos biológicos, como la materia orgánica fosilizada en tapetes microbianos o en el carbón. Sin embargo, los investigadores del Planetary Science Institute de Arizona subrayan que este tipo de compuestos también puede originarse mediante reacciones puramente geoquímicas —interacción entre agua y roca— o llegar a la superficie a bordo de meteoritos. El equipo de SHERLOC, con participación del JPL, insiste en que los instrumentos del rover no están diseñados para distinguir entre un origen biótico y abiótico, por lo que la prueba definitiva dependerá del análisis de las muestras en laboratorios terrestres.
La relevancia del hallazgo se amplifica por su contexto geográfico. Las lutitas de Bright Angel se suman a las detectadas años atrás por el rover Curiosity en el cráter Gale, a más de 3.000 kilómetros de distancia. La presencia de compuestos orgánicos complejos en dos cuencas sedimentarias separadas sugiere, según los científicos estadounidenses, que los ingredientes químicos necesarios para la vida pudieron estar ampliamente distribuidos en el Marte primitivo. Desde la perspectiva de las agencias espaciales, el descubrimiento añade presión a los planes de retorno de muestras: la NASA proyecta traer los tubos sellados por Perseverance no antes de mediados de la década de 2030, mientras que China mantiene el objetivo de recuperar sus propias muestras marcianas en 2031.
En paralelo, el estudio de terraformación liderado por Slava Turyshev ofrece un contrapunto pragmático. Para elevar la presión atmosférica marciana apenas un milibar se necesitarían 3,89 × 10¹⁵ kg de gas, una masa similar a la de Deimos, la luna menor de Marte. Alcanzar una atmósfera respirable requeriría del orden de 10¹⁸ kg, comparable a un satélite irregular de Saturno. Aunque existen cuerpos de esa masa en el sistema solar exterior, la ingeniería necesaria para redirigirlos supera cualquier capacidad actual. El trabajo desglosa cinco etapas, desde superar el punto triple del agua hasta lograr 210 milibares de oxígeno, y concluye que incluso los escenarios más optimistas de paraterraformación —domos presurizados regionales— exigirían recursos industriales hoy inexistentes.
Ambos frentes de investigación convergen en un mensaje de cautela. Mientras los análisis in situ de Perseverance y Curiosity siguen acumulando indicios de que Marte fue químicamente habitable, la confirmación de vida pasada queda supeditada al retorno de muestras, un hito que no se materializará antes de la próxima década. Al mismo tiempo, la noción de convertir el planeta en un segundo hogar para la humanidad se aleja hacia un horizonte temporal que los autores del estudio de la NASA sitúan más allá del alcance tecnológico del siglo actual.
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Mientras un nuevo estudio subraya los enormes obstáculos prácticos para hacer habitable Marte, la detección de compuestos de carbono complejos en el cráter Jezero se celebra como un gran avance en la búsqueda de vida pasada. Los hallazgos alimentan tanto el optimismo científico como el reconocimiento sobrio de que transformar el planeta sigue siendo un sueño lejano.
El descubrimiento de moléculas de carbono complejas en el cráter Jezero se presenta como una prueba convincente de que Marte albergó vida en el pasado. Los resultados, obtenidos por los avanzados instrumentos del rover Perseverance, refuerzan la imagen del planeta rojo como un mundo que alguna vez estuvo vivo y un objetivo prioritario para la exploración futura.
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