
El Reino Unido ensaya con éxito misiles de largo alcance para Ucrania sin depender de Washington
Los prototipos validados en las Hébridas serán la base de un arma soberana británica, diseñada para ser producida en serie y entregada a las fuerzas ucranianas sin requerir autorización estadounidense para ataques en profundidad.
El Reino Unido ha llevado a cabo con éxito los primeros ensayos de un nuevo misil de largo alcance destinado a las fuerzas ucranianas, en el marco del denominado ‘Project Brakestop’. Las pruebas, desarrolladas en un polígono de las islas Hébridas, involucraron a los tres contratistas que compiten por el contrato final —MBDA UK, MGI Engineering y Rotron Aerospace— y validaron un sistema capaz de superar los 500 kilómetros de alcance, portar una ojiva de unos 225-250 kilogramos y volar a velocidades superiores a 600 km/h. De acuerdo con fuentes de Defensa en Londres, el diseño se concibió para ser más económico (unas 400 000 libras esterlinas por unidad) y de producción más rápida (hasta 20 misiles al mes) que los ya suministrados Storm Shadow, con el objetivo explícito de eludir la dependencia de componentes estadounidenses y, con ello, la necesidad de autorización de Washington para emplearlos en ataques en profundidad dentro del territorio ruso.
La búsqueda de soberanía tecnológica responde, según fuentes gubernamentales citadas por la prensa británica, a los vaivenes diplomáticos que han retrasado o limitado el uso de misiles como los Storm Shadow o ATACMS. Un alto funcionario británico resumió el criterio: “No queremos que el permiso dependa de cómo vayan las negociaciones”. Mientras tanto, desde Washington se observa la iniciativa con sentimientos encontrados: si bien en 2023 se respiró aliviado cuando Londres asumió el liderazgo en el envío de armas de precisión —lo que redujo la presión para entregar ATACMS—, la irrupción de un vector totalmente ajeno al control estadounidense introduce un factor de incertidumbre en la gestión aliada de la escalada. El Gobierno británico ha destinado alrededor de 20 millones de libras al desarrollo inicial y prevé encargar las primeras unidades de serie en los próximos meses, con el horizonte de entregar un primer lote a Kiev en un plazo de entre un año y finales de 2026.
El Kremlin ha reaccionado con contundencia. El presidente Vladímir Putin ya había advertido en 2024 que el suministro de armas occidentales convertía a los países donantes en partes beligerantes, y que la introducción de sistemas de precisión de largo alcance en el conflicto desestabilizaba la seguridad global. El ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, afirmó que cualquier cargamento de armas con destino a Ucrania constituye un “objetivo legítimo” para las fuerzas rusas. Medios moscovitas subrayan que la nueva munición podría, en teoría, alcanzar Moscú, lo que añade tensión a un escenario en el que Londres ya había eliminado en 2024 las restricciones al empleo del armamento suministrado contra territorio ruso, una posición que respaldan París y Berlín.
El esfuerzo británico se inscribe en un contexto europeo de creciente inversión en defensa y apoyo a Ucrania. En paralelo, Londres ha iniciado el desarrollo de los drones interceptores Octopus, y distintos socios continentales redoblan sus aportaciones: Países Bajos destina 500 millones de euros a material para Kiev, Suecia transfiere 108 millones de dólares para compras en Estados Unidos y Noruega asigna 127 millones a drones navales. La iniciativa Brakestop, que en enero pasado ya se había ampliado con el concurso para el misil balístico Nightfall —de alcance superior a 500 km y producción prevista de 10 unidades al mes—, apunta a consolidar una capacidad europea de diseño y fabricación de municiones estratégicas, reduciendo la dependencia del paraguas tecnológico estadounidense. Están previstos nuevos ensayos en los próximos meses, tras los cuales se abrirá la fase de producción en masa, mientras la diplomacia aliada sigue debatiendo los marcos de empleo de estas armas en el campo de batalla.
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British defence officials confirmed successful tests of a new long-range cruise missile designed for Ukraine. The weapon, developed under Project Brakestop, can strike targets up to 500 km away and is intended to be cheaper and faster to produce than existing systems like Storm Shadow. Delivery to Ukraine is expected within months, with the UK aiming to reduce reliance on US components for operational flexibility.
British tests of a new long-range missile for Ukraine are cast as a deliberate provocation aimed at escalating the conflict. Sources highlight that the weapon is built without US parts to bypass restrictions on strikes deep into Russian territory. Commentators warn that such moves risk triggering a harsh Russian response.
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