
El regreso de Nanni Moretti y el fantasma de la dictadura argentina marcan la Mostra de Venecia
La 83ª edición del festival reúne a estrellas como Robert Pattinson y Penélope Cruz, documentales sobre Oasis y Elon Musk, y una coproducción brasileña que revive los juicios a los militares.
En la conferencia de prensa transmitida por streaming desde Venecia, el director artístico Alberto Barbera cometió un lapsus que desató las risas de los periodistas: anunció que Nanni Moretti no pisaba el Lido desde “1889”. Corrigió de inmediato —era 1989, el año de Palombella rossa—, pero el desliz verbal condensó una ausencia que para el cine italiano ha durado casi cuatro décadas. La 83ª Mostra Internazionale d’Arte Cinematografica, que se celebrará del 2 al 12 de septiembre, marca el retorno del director romano a la competición con Succederà questa notte, un drama coral protagonizado por Louis Garrel y Jasmine Trinca que, a juzgar por las primeras imágenes, recupera el gesto lúdico y autorreferencial de sus primeras obras.
Moretti encabeza una nutrida presencia italiana: cinco filmes compiten por el León de Oro, entre ellos Il fuoco che ti porti dentro de Edoardo De Angelis —adaptación de una novela de Antonio Franchini con Vanessa Scalera—, The Echo Chamber de Andrea Pallaoro, con Luca Marinelli y Alicia Vikander, y el horror L’estranea de Paolo Strippoli. Fuera de concurso, Gianni Amelio y Mario Martone presentan sus nuevos trabajos, mientras que la serie Peccato, un falso documental cómico protagonizado por Emanuela Fanelli, se proyecta en la sección Venice Open. Desde Italia se interpreta esta cosecha como una reafirmación del cine de autor local en un certamen que, según observadores europeos, este año ha virado hacia el cine independiente y ha reducido la presencia de los grandes estudios de Hollywood.
Ese repliegue de las majors no ha mermado el brillo del reparto internacional. Robert Pattinson encarna al periodista Chris Hansen en Primetime, una incursión en los límites entre el espectáculo televisivo y la justicia; Penélope Cruz y Javier Bardem comparten plano en Bunker, el thriller psicológico de Florian Zeller sobre un arquitecto que construye un refugio para un magnate tecnológico; y Martin McDonagh regresa al Lido con Wild Horse Nine, una comedia negra ambientada en el Chile previo al golpe de 1973, con John Malkovich y Sam Rockwell como agentes de la CIA. Para el público latinoamericano, sin embargo, el título que concentra la expectativa es Ritorno a Buenos Aires, la coproducción ítalo-brasileña de Marco Bechis que sigue a un médico que vuelve a Argentina para declarar contra los militares que lo secuestraron durante la dictadura. Rodada en Porto Alegre y Turín, la película devuelve a Brasil a la competencia oficial tras el éxito de Ainda Estou Aqui, que en 2024 obtuvo el premio al mejor guion.
La sección Venice Open Non Fiction añade una dosis de rock y de polémica tecnológica. El documental Oasis: Don’t Look Back in Anger, producido por Steven Knight, documenta la gira de reunión de los hermanos Gallagher, y Barbera confirmó que tanto Liam como Noel han prometido asistir a la proyección. En paralelo, Alex Gibney presenta Musk, un retrato de casi cuatro horas sobre el magnate, y el italiano Francesco Carrozzini estrena Be Brave, el primer largometraje documental italiano realizado íntegramente con inteligencia artificial, centrado en el fundador de Diesel, Renzo Rosso. La experimentación formal alcanza también a Luca Guadagnino, que exhibe Joie de Vivre, un ensayo de siete horas sobre Bernardo Bertolucci.
El jurado, presidido por Maggie Gyllenhaal —quien a su vez presenta el cortometraje Flesh Impact, una reflexión sobre el mito de Marilyn Monroe con Dakota Johnson y Ellen Burstyn—, deberá navegar entre el peso de los nombres consagrados y la vocación de descubrimiento que ha caracterizado al festival en los últimos años. Mientras el presidente de la Biennale, Pietrangelo Buttafuoco, anunciaba que impugnará la retirada de una subvención europea de dos millones de euros, la Mostra se prepara para once días en los que el cine dialogará con la memoria histórica, la inteligencia artificial y el rugido de una guitarra. La imagen que perdura es la de los Gallagher caminando por el Lido, una estampa que mezcla la liturgia del festival con el eco de una banda que, como Moretti, también ha decidido volver.
| Prensa europea continental | +0.30 | aligned |
|---|---|---|
| Prensa latinoamericana | +0.50 | aligned |
| Prensa atlántica / anglosfera | 0.00 | neutral |
| Prensa rusa y CEI | −0.30 | critical |
Italia celebra el regreso de Nanni Moretti y la fuerza del cine nacional, pero no oculta una pizca de decepción por la ausencia de Hollywood.
Al enfatizar el regreso histórico de Moretti y el número de películas italianas, se crea una imagen de éxito nacional, mientras que la crítica a la falta de estrellas de Hollywood se presenta como una observación objetiva.
No menciona la controversia sobre la película rusa 'Дау' ni la coproducción brasileña, que son centrales en otros bloques.
Brasil celebra su coproducción como un hito, destacando la creciente influencia del país en el cine mundial.
Al centrarse exclusivamente en los elementos brasileños de la película y omitir el contexto más amplio del festival, la narrativa crea un sentido de logro nacional.
Omite el enfoque italiano en el regreso de Moretti y la controversia rusa, que son centrales en otros bloques.
El festival ofrece una variada selección de películas protagonizadas por estrellas y documentales, prometiendo emoción para la temporada de premios.
Al destacar los elementos más atractivos comercialmente (documental de Musk, comedia de McDonagh) y evitar cualquier encuadre nacional o político, la narrativa posiciona el festival como un evento de entretenimiento global.
Omite las narrativas de orgullo nacional de Italia y Brasil, así como la controversia política rusa, centrándose en cambio en el atractivo universal.
Rusia advierte que el festival está legitimando a un agente extranjero, socavando su credibilidad cultural.
Al aplicar inmediatamente la etiqueta oficial de 'agente extranjero' al director, la narrativa deslegitima la inclusión de la película y enmarca el festival como políticamente sospechoso.
Omite la celebración del cine italiano y la coproducción brasileña, centrándose únicamente en la película rusa como un tema político.
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