
El ‘pho’ a 200 rublos: la marea rusa que redescubre Vietnam
El flujo de viajeros rusos a Vietnam casi se triplicó en el primer semestre de 2026, impulsado por vuelos directos, visados electrónicos y una percepción de estabilidad de precios que contrasta con otros destinos.
En una bulliciosa calle de Nha Trang, un turista ruso sostiene un cuenco humeante de pho bo. El caldo, fragante con anís estrellado y cilantro, le ha costado el equivalente a 200 rublos. A su alrededor, la cadencia del idioma ruso compite con el rumor de las motocicletas. La escena, descrita por blogueros de viajes rusos en plataformas como Dzen, se ha multiplicado en los últimos meses: Vietnam se ha convertido en el destino asiático de moda para los ciudadanos de la Federación Rusa.
Según datos de la Administración Nacional de Turismo de Vietnam, recogidos por la Asociación de Tour Operadores de Rusia (ATOR), entre enero y junio de 2026 el país recibió a 742.679 viajeros rusos, una cifra que multiplica por 2,8 la del mismo período del año anterior. Ese volumen sitúa a Rusia como el tercer mercado emisor, solo por detrás de China (2,69 millones) y Corea del Sur (2,16 millones), y por delante de Taiwán, Estados Unidos, India y Japón. En el canal de venta de paquetes turísticos, Vietnam acaparó en julio el 7,8% de las reservas desde Rusia, superando a Tailandia (4,7%) y a China (4,3%), de acuerdo con los operadores.
Desde la óptica de los analistas turísticos en Moscú, la explosión de la demanda responde a una confluencia de factores logísticos y económicos. La ampliación de los vuelos directos no solo desde la capital rusa, sino también desde otras ciudades, ha reducido el costo y la duración de los trayectos. A ello se suma la reciente flexibilización del régimen de visados: desde finales de junio, Vietnam expide una visa electrónica en línea con una estancia máxima de 60 días y requisitos de seguro simplificados. Pero el argumento más repetido entre los viajeros es el valor. “Más barato que Turquía, más colorido que Tailandia”, resumió un bloguero ruso en un post que se volvió viral. En un contexto de inflación en los centros turísticos europeos y de encarecimiento de los destinos tradicionales de playa para el bolsillo ruso, Vietnam aparece como un “islote de estabilidad de precios”, donde una ración generosa de sopa, un alojamiento con vistas al mar o una habitación con piscina en la azotea se consiguen por sumas que en otros mercados resultarían impensables.
Mientras las costas de Nha Trang, Da Nang y, a partir del otoño, la isla de Phu Quoc reciben cada vez más vuelos chárter, el mapa turístico del Sudeste Asiático dibuja contrastes. En Myanmar, las autoridades luchan por revivir un sector que en 2015 alcanzó los 4,5 millones de llegadas y que el año pasado apenas superó los 973.000 visitantes, en su mayoría procedentes de China y Tailandia. La inestabilidad derivada del golpe de Estado de 2021 y el conflicto civil han dejado al país fuera del radar de los grandes flujos vacacionales, mientras la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) debate cómo reenganchar a la nueva administración de Naipyidó, excluida de las cumbres del bloque desde la asonada. En ese tablero, Vietnam se consolida como el receptor que capitaliza el apetito viajero ruso, ofreciendo una combinación de exotismo, seguridad y precios que, por ahora, ningún competidor regional logra igualar.
Al caer la tarde en Nha Trang, el turista del cuenco de pho regatea el alquiler de una motocicleta. El sol tiñe de naranja los carteles en cirílico que empiezan a menudear en los escaparates. El rumor de las olas se mezcla con una canción pop rusa que suena en un altavoz cercano. No es un espejismo: es el paisaje sonoro de un destino que, para cientos de miles de rusos, ha dejado de ser un secreto.
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