
El instituto de Sídney que alumbró a Moana y Supergirl
Catherine Lagaʻaia y Milly Alcock, egresadas del mismo centro de artes escénicas, protagonizan los estrenos del verano mientras la nueva versión de Moana divide a la crítica y tropieza en taquilla.
En la fachada de un cine de Newtown, en el oeste de Sídney, cuelgan dos carteles que difícilmente comparten pared en otra ciudad del mundo. Uno anuncia el remake con actores reales de Moana, con el rostro de Catherine Lagaʻaia, de 19 años; el otro, la nueva entrega de Supergirl, protagonizada por Milly Alcock, de 26. Ambas estudiaron en el mismo instituto público del barrio, la Newtown High School of Performing Arts, un centro que desde 1990 combina la admisión general con audiciones para jóvenes con vocación escénica.
El profesor de teatro Daniel Kavanagh recuerda la prueba de acceso de Lagaʻaia cuando tenía 11 años. No buscaba dotes interpretativas ya formadas, sino “la capacidad de escuchar, colaborar y usar la creatividad”. La hija del cantante y actor Jay Lagaʻaia obtuvo el papel de la heroína polinesia sin haber rodado nunca un largometraje. El rodaje, de tres años y 200 millones de dólares de presupuesto, la llevó a Hawái —a la isla de Oʻahu, que inspiró la historia original— y la obligó a compaginar las escenas en el mar con los exámenes del certificado escolar. “Mandaba las tareas por correo electrónico y acabó examinándose en Estados Unidos mediante un acuerdo especial”, explica Kavanagh. Alcock, por su parte, dejó el instituto antes de tiempo para protagonizar la serie Upright junto a Tim Minchin, aunque el centro le había concedido una beca parcial para un viaje de estudios teatrales al Reino Unido que, según su profesor, “la iluminó”.
La película, que recupera a Dwayne Johnson como el semidiós Maui —papel que ya dobló en la cinta animada de 2016—, ha sido recibida con frialdad por la crítica anglosajona. En el Reino Unido, The Guardian la tacha de “competente pero inútil” y The Times la reduce a “un refrito para accionistas”; The Independent le otorga una estrella y el Telegraph sentencia que “podría haber sido escrita por un ChatGPT”. Desde Estados Unidos, Variety y The Hollywood Reporter matizan el tono y hablan de “entretenimiento familiar cautivador” y de una cinta que “escapa de la maldición de los remakes”. La producción, que se apoya en efectos digitales para los animales y en una nueva canción de Lin-Manuel Miranda, ha reavivado el debate sobre la estrategia de Disney de trasladar a acción real sus clásicos animados apenas una década después del original.
Las primeras cifras de taquilla en Norteamérica reflejan ese escepticismo. Con un presupuesto de 250 millones de dólares, las proyecciones de la industria sitúan el estreno entre 40 y 45 millones, muy por debajo de los 60 o 65 que se barajaban inicialmente y lejos de los 139,7 millones que logró Moana 2 en 2024. Mientras Toy Story 5 se acerca a los 400 millones acumulados, la nueva Moana parece naufragar en un verano en el que también compite con la cinta de terror Evil Dead Burn. En medio de ese ruido, la imagen que devuelve el instituto de Newtown es la de una Lagaʻaia que, según su profesor, “se aseguró de seguir siendo normal, de no caer en la locura que esas situaciones pueden provocar”, mientras el océano de la industria la ponía a prueba.
| Prensa atlántica / anglosfera | −0.20 | neutral |
|---|---|---|
| Prensa africana subsahariana | −0.80 | critical |
| Prensa latinoamericana | 0.00 | neutral |
Celebramos a nuestras estrellas locales mientras reconocemos las deficiencias de la película; el éxito de la escuela es innegable, pero la película en sí es una decepción.
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El live-action de Moana es un fracaso lamentable, una repetición plana y aburrida que traiciona el espíritu del original.
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El live-action de Moana es un estreno de verano, una adaptación fiel con algunos cambios, con una nueva actriz.
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