
El Golfo y EE UU condicionan la apertura económica a Irán al cese de sus amenazas regionales
La declaración conjunta tras la reunión ministerial en Manama vincula el comercio y la inversión con Teherán al cumplimiento del reciente memorando y al fin de su apoyo a grupos armados, mientras exige libertad de navegación irrestricta en el estrecho de Ormuz.
Los ministros de Exteriores del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) y de Estados Unidos acordaron este jueves en Manama que cualquier intercambio comercial o inversión con Irán será “condicionado y reversible”, supeditado al cumplimiento del memorando de entendimiento firmado el 17 de junio y al cese de lo que califican como actividades desestabilizadoras de Teherán. La declaración conjunta, emitida al término de la reunión copresidida por el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, y su homólogo bareiní, Abdullatif bin Rashid al Zayani, fija además como requisito para una paz duradera el enfrentar “todas las formas de amenazas iraníes”, enumerando explícitamente los misiles balísticos, los drones y el respaldo a actores armados no estatales en la región.
Desde las capitales del Golfo se interpreta el texto como un blindaje de la arquitectura de seguridad regional que va más allá del expediente nuclear. Aunque los ministros acogieron con satisfacción el memorando entre Washington y Teherán —y destacaron la mediación de Pakistán y Catar—, subrayaron que el objetivo compartido sigue siendo impedir que Irán desarrolle o adquiera un arma nuclear. En paralelo, la declaración insiste en la necesidad de mantener la unidad y el impulso negociador para poner fin de forma permanente a las hostilidades. La mención expresa a los misiles balísticos y a los grupos afines a Irán en Irak, Líbano y otros escenarios refleja, según fuentes diplomáticas europeas, una estrategia coordinada para ampliar el alcance de las exigencias más allá de lo recogido en el memorando bilateral, que según funcionarios iraníes no incluía la ruptura con las llamadas fuerzas de resistencia.
Un eje central del comunicado es la libertad de navegación en el estrecho de Ormuz. Los firmantes rechazaron “cualquier imposición de tasas, impuestos o intentos de ejercer control” sobre el paso estratégico y calificaron la navegación libre, incondicional e irrestricta —incluido el derecho de paso en tránsito garantizado por el derecho internacional— como esencial para la seguridad regional y global. La posición se produce después de que el diario The Wall Street Journal informara que Irán prepara un plan para gestionar el estrecho, con el que podría generar ingresos anuales de hasta 40.000 millones de dólares mediante el cobro de servicios de seguridad y protección ambiental, propuesta que habría sido presentada a países de Oriente Medio y a China. En contraste, la declaración acoge con beneplácito el plan de Omán y la Organización Marítima Internacional para evacuar a más de 11.000 marinos atrapados en la zona.
El texto aborda también otros frentes regionales con un enfoque de reforzamiento de la soberanía estatal. Sobre el Líbano, los ministros respaldaron las negociaciones bilaterales facilitadas por Estados Unidos entre Israel y Beirut, y afirmaron que la plena soberanía libanesa no podrá alcanzarse mientras grupos armados no gubernamentales conserven capacidades militares fuera del control del Estado, por lo que instaron al desarme completo de esas facciones y al restablecimiento del monopolio estatal de la fuerza. En cuanto a Gaza, reiteraron el apoyo al plan del presidente Donald Trump —avalado, según el texto, por la resolución 2803 del Consejo de Seguridad—, condicionaron la reconstrucción al desarme de los grupos armados y a la transferencia de la administración a un comité civil tecnocrático palestino independiente, y subrayaron que nadie será forzado a abandonar el enclave. Respecto a Irak, condenaron los ataques con drones de grupos afines a Irán contra infraestructuras civiles y energéticas de países del CCG, y respaldaron los esfuerzos del Gobierno iraquí para confinar las armas en manos del Estado. La cita de Manama, que cierra la gira regional de Rubio, deja perfilado un marco de condicionalidad que, desde la óptica de analistas latinoamericanos, recuerda a los esquemas de incentivos y sanciones utilizados en otros procesos de distensión, y fija las coordenadas para la próxima ronda de contactos técnicos entre las partes.
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Los Estados del Golfo y EE.UU. reafirmaron su alianza estratégica, acogiendo el memorando entre Washington y Teherán pero condicionando cualquier comercio con Irán a garantías de seguridad integrales. La libertad de navegación en el Estrecho de Ormuz y evitar un Irán con armas nucleares siguen siendo condiciones innegociables. La reunión de Manama destacó el papel mediador de Catar y Pakistán y la necesidad de mantener las negociaciones para un fin duradero de las hostilidades.
Estados Unidos y el Consejo de Cooperación del Golfo declararon que la paz duradera en Oriente Medio exige enfrentar todas las amenazas del régimen iraní, incluidos misiles balísticos, drones y apoyo a representantes. La declaración de Manama condiciona cualquier acuerdo con Teherán al cese de actividades hostiles e insiste en la reapertura del Estrecho de Ormuz y la libertad de navegación.
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