
El gasto público brasileño fuera del marco fiscal eleva las proyecciones de tasas a 14% durante una década
Cerca del 60% de los R$190.000 millones en beneficios anunciados por el gobierno de Lula escapan al límite de gasto, minando la credibilidad del ancla fiscal y disparando las expectativas de tipos de interés a largo plazo.
El gobierno brasileño ha anunciado un paquete de beneficios directos por casi 190.000 millones de reales, de los cuales aproximadamente 118.000 millones —el 60%— quedan fuera del límite de gasto establecido por el marco fiscal, según un estudio encargado por el mercado financiero en São Paulo. La reacción inmediata se refleja en la curva de futuros de la tasa Selic negociada en la bolsa B3: los inversores descuentan que el tipo de referencia se mantendrá por encima del 14% durante los próximos diez años, un escenario que no se observaba desde la administración de Dilma Rousseff.
El mecanismo que vincula el gasto con las tasas largas opera a través de la credibilidad fiscal. Al contabilizar partidas como la ampliación del programa Minha Casa Minha Vida o el plan Desenrola fuera del cómputo oficial de gasto primario, el Ejecutivo puede cumplir formalmente la meta fiscal sin reducir el desembolso efectivo. Sin embargo, analistas en Brasilia advierten que estos recursos salen de las arcas públicas e impactan directamente la deuda, cuyo nivel ya es elevado para un país de renta media. La deuda bruta se convierte así en el verdadero termómetro de la salud fiscal, y el llamado 'contorsionismo' contable no evita su deterioro.
Desde la óptica de los especialistas en cuentas públicas, la composición del gasto agrava la dinámica. Murilo Viana, consultor en finanzas públicas, calificó de 'muy mala' la estructura del desembolso, con un espacio ínfimo para la inversión pública y un déficit nominal abultado por el pago de intereses. Con una tasa real de entre el 8% y el 9%, la deuda crece a un ritmo que Viana considera insostenible. El boletín Focus del Banco Central refleja este deterioro: la previsión de inflación (IPCA) para este año subió al 5,33% y la Selic al 14%, en un contexto de presión sobre alimentos y energía que se suma al estímulo al consumo en año electoral.
El contraste internacional subraya el carácter idiosincrático del riesgo brasileño. Mientras una encuesta de Bank of America entre 170 gestores globales sitúa la inflación como el principal peligro, con el temor a una tercera ola inflacionaria impulsada por las inversiones masivas en inteligencia artificial y los cuellos de botella en infraestructuras, en India el banco central proyecta un crecimiento superior al 7% si los precios del petróleo siguen bajando tras el acuerdo de paz entre Estados Unidos e Irán. La divergencia pone de relieve que, en el caso brasileño, el factor determinante no es un shock externo de oferta, sino la pérdida de anclaje fiscal doméstico.
La atención se concentra ahora en la publicación de las actas de la última reunión del Comité de Política Monetaria (Copom), prevista para esta semana. El comunicado previo generó incertidumbre al sugerir un posible espacio para recortes de tipos sin detallar el horizonte de convergencia a la meta de inflación. Los analistas esperan que el documento aclare la estrategia de la autoridad monetaria ante un cuadro fiscal que, según el estudio difundido en São Paulo, coloca la política fiscal al servicio del proyecto electoral con perjuicio de la estabilidad de mediano plazo.
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El 'paquete de bondades' del gobierno brasileño, con casi 190 mil millones de reales en gasto electoral en gran parte fuera de las reglas fiscales, ha destruido la confianza del mercado. Los analistas advierten que esta irresponsabilidad fiscal está elevando las expectativas de tasas de interés por encima del 14% y hace insostenible la deuda pública. La encuesta Focus del banco central confirma el aumento de las previsiones de inflación y de la tasa Selic, reflejando una profunda preocupación por el rumbo económico del país.
El economista jefe del BCE advierte de que la inflación podría mantenerse por encima del objetivo del 2% durante un período prolongado. Esto refleja las ansiedades inflacionistas globales más amplias, mientras los bancos centrales lidian con persistentes presiones sobre los precios. La declaración subraya el delicado equilibrio entre apoyar el crecimiento y contener la inflación en las principales economías.
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