
El G7 ante el seísmo de la IA: Washington veta modelos de Anthropic y acelera la pugna por la soberanía tecnológica
La decisión de Estados Unidos de bloquear el acceso global a los últimos modelos de Anthropic desata en la cumbre de Evian un debate sobre dependencia digital, estándares democráticos y la urgencia de diversificar las fuentes de inteligencia artificial.
La cumbre del G7 en Evian-les-Bains pasará a la historia como el momento en que la inteligencia artificial dejó de ser solo una promesa económica para convertirse en un arma geopolítica de primer orden. Apenas unos días antes del encuentro, la Administración Trump obligó a Anthropic a impedir que ciudadanos extranjeros accedieran a sus modelos más avanzados, Mythos 5 y Claude Fable 5, alegando riesgos de seguridad nacional. Incapaz de discriminar por nacionalidad en entornos de nube, la empresa se vio forzada a desconectar ambos sistemas a escala mundial, afectando de golpe a gobiernos, corporaciones y centros de investigación en Europa, Canadá y Asia. El presidente francés, Emmanuel Macron, reaccionó invitando a los máximos ejecutivos de OpenAI, Anthropic, Google DeepMind y Mistral AI a un almuerzo de trabajo con los jefes de Estado y de gobierno, donde Sam Altman lanzó una advertencia tan inusual como reveladora: “No cedan sus responsabilidades a laboratorios de IA como el mío”.
Desde la óptica de Bruselas, el episodio se leyó como la confirmación de una vulnerabilidad estratégica profunda. El eurodiputado Christophe Grudler denunció que Washington dispone de un “interruptor de apagado” sobre tecnologías críticas, mientras su colega Bart Groothuis alertó contra el riesgo de una “colonización digital” si Europa no desarrolla sus propios modelos de lenguaje y arquitecturas de peso abierto. Macron articuló una respuesta diplomática inmediata: un esquema de “socios de confianza” que permita a las democracias compartir los beneficios de la IA de vanguardia sin depender de decisiones unilaterales de una sola potencia. En paralelo, Francia anunció la migración de organismos públicos hacia herramientas de inteligencia artificial y análisis de datos de origen nacional, reduciendo progresivamente su dependencia de servicios estadounidenses de comunicación y nube.
El temblor también se sintió en otras latitudes. En Seúl, analistas señalaron que la medida estadounidense pudo haberse precipitado tras detectar a una empresa de telecomunicaciones coreana —presumiblemente SK Telecom— en la lista ampliada de acceso a Mythos, bajo la sospecha de vínculos con China. La compañía negó categóricamente cualquier relación con el país vecino y subrayó que no utiliza equipos de Huawei en su red troncal. El primer ministro canadiense, Mark Carney, optó por un tono contenido pero advirtió que la lección para todos los países es diversificar las fuentes tecnológicas. En Brasilia, la directora de seguridad de la información del Gabinete de Seguridad Institucional, Danielle Ayres, afirmó que Brasil no se considera un Estado frágil frente a amenazas digitales, aunque admitió que el principal desafío es seguir la velocidad de las transformaciones para mantener actualizados los mecanismos de defensa.
El desenlace del pulso entre seguridad nacional y cooperación democrática definirá la arquitectura de la inteligencia artificial en los próximos años. La desconexión forzosa de los modelos de Anthropic ha demostrado que las infraestructuras de IA de vanguardia pueden convertirse en un bien escaso y políticamente administrado, acelerando los planes de autonomía tecnológica en Europa y avivando el debate en América Latina sobre la conveniencia de construir capacidades propias. Mientras el G7 explora estándares globales y esquemas de acceso selectivo, la advertencia de Altman resuena como un reconocimiento explícito de que ni siquiera los creadores de la tecnología desean cargar en solitario con decisiones que, por su escala, pertenecen al conjunto de las democracias.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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En el G7 de Évian, el CEO de OpenAI instó a los gobiernos a no ceder la regulación de la IA a las empresas que la construyen. El llamado busca estándares globales y supervisión democrática, evitando que los gigantes privados dicten las reglas.
El veto de Trump a la exportación del modelo de IA de Anthropic empuja a Macron a buscar una salida para los países democráticos. Brasil, por su parte, rechaza la idea de ser un Estado frágil ante las amenazas digitales, subrayando su resiliencia y la necesidad de actualizar constantemente las defensas.
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