
El estreno de ‘The Invite’: moda, crisis de pareja y el eco de un filme español
La alfombra roja en Los Ángeles enfrentó dos visiones de la elegancia mientras la película, adaptación de una obra catalana, desata un fenómeno que va de Sundance a las salas latinoamericanas.
Los flashes iluminaron un vestido celeste de alta costura que caía como una lluvia de pétalos sobre Penélope Cruz. Era la avant premiere de The Invite en el DGA Theatre de Los Ángeles, y la actriz española, embajadora de Chanel, llevaba un diseño de corsé esculpido y escote profundo adornado con lentejuelas y pedrería. A pocos metros, Olivia Wilde, directora y coprotagonista, apostaba por el negro absoluto de Saint Laurent: un modelo de tafetán con mangas abullonadas de inspiración victoriana, abertura en el abdomen y una falda de volantes dramáticos. Las dos siluetas resumían, sin proponérselo, el pulso de la película que estaban a punto de presentar: la tensión entre la vulnerabilidad romántica y la confrontación descarnada.
El filme, que en América Latina se estrena como O Convite o La invitación, transcurre casi íntegramente en un apartamento de San Francisco. Joe (Seth Rogen) y Angela (Wilde) reciben a sus vecinos de arriba, Hawk (Edward Norton) y Piña (Cruz), con la excusa de una cena. Lo que empieza como una velada incómoda —Joe quiere quejarse del ruido sexual que baja del piso superior— deriva en una propuesta de intercambio de parejas y en una disección de los resentimientos conyugales. La trama adapta Sentimental, la película que el catalán Cesc Gay dirigió en 2020 a partir de su propia obra teatral Los vecinos de arriba, y traslada el humor corrosivo y la claustrofobia emocional del original a un registro hollywoodense que, según críticos estadounidenses, evoca las comedias de cámara de Woody Allen.
Para dar forma a ese microcosmos, Wilde reunió al elenco durante semanas en un taller donde reescribieron el guion de Rashida Jones y Will McCormack a partir de experiencias personales. La directora invitó a la célebre terapeuta Esther Perel para asesorar a Cruz en su papel de sexóloga y para afinar los dilemas de la mediana edad que atraviesan a los personajes. “Fue un alivio arrancarme el corazón y ponerlo sobre la mesa”, declaró Wilde a la prensa, aludiendo a una ruptura sentimental que aún resonaba en ella. Cruz, por su parte, confesó en entrevistas que el rodaje la encontró en un momento de reconciliación con sus propias inseguridades: “No cambiaría lo que siento ahora por lo que sentía a los veinte”, dijo, subrayando que los tabúes sobre la menopausia o la depresión posparto siguen siendo una asignatura pendiente en la conversación pública.
El recorrido del filme por los festivales encendió un interés que desbordó la crítica. En Sundance, en enero de 2026, la proyección desató una puja de 72 horas entre distribuidores; A24 se impuso con una oferta superior a los 12 millones de dólares, una cifra que la prensa brasileña calificó de inusual para una comedia de cámara. En agregadores como Rotten Tomatoes, la aprobación ronda el 94 %, y en Brasil, donde el estreno está previsto para el 9 de julio, los cronistas anticipan un fenómeno que combina la identificación generacional con el placer de un humor incómodo. Analistas en São Paulo señalan que la película se beneficia de un elenco que “parece improvisar” y de una dirección que convierte las limitaciones espaciales en una virtud rítmica.
Al final de la noche del estreno, las dos actrices volvieron a coincidir en la conferencia de prensa con un giro hacia el casual: Cruz con un conjunto de rayas rojas y blancas de Chanel, Wilde con vaqueros cortos y americana negra. La imagen de ambas, ya lejos del terciopelo de la alfombra, dejaba la impresión de que la verdadera invitación no era al sexo ni a la cena, sino a habitar sin maquillaje las contradicciones de la vida en pareja.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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La prensa latinoamericana destaca las reflexiones de Penélope Cruz sobre la edad y las inseguridades pasadas, enmarcando la película como una comedia mordaz y caótica sobre una cena entre una pareja en crisis y sus vecinos liberales. El énfasis recae en el poder de las estrellas y la mezcla de humor y catarsis íntima.
La prensa atlántica se centra en el final transformador y la catarsis personal de Olivia Wilde, describiendo la película como una inteligente comedia de relaciones que desvela las capas de dos parejas radicalmente distintas. La cobertura subraya el viaje emocional de la directora y el acuerdo de distribución con A24.
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