
El débil dato de empleo en EE.UU. impulsa al oro y reaviva el debate sobre la divergencia Fed-BCE
La creación de solo 57.000 puestos de trabajo en junio, muy por debajo de lo esperado, redujo las apuestas de alza de tasas en septiembre y llevó al oro a máximos de tres semanas.
Las nóminas no agrícolas de Estados Unidos aumentaron en apenas 57.000 puestos durante junio, una cifra que quedó muy lejos de los 110.000 que anticipaban los analistas consultados por Reuters. El dato provocó un reacomodo inmediato en los mercados: el oro al contado subió más de un 2% en la semana hasta situarse en torno a los 4.179 dólares por onza, su nivel más alto desde el 23 de junio, mientras el dólar se debilitaba frente a otras divisas. En Colombia, la moneda estadounidense cerró la jornada del viernes a 3.334,95 pesos, una caída de 22,87 pesos frente a la tasa representativa del mercado.
El mecanismo detrás de estos movimientos es doble. Por un lado, un mercado laboral menos pujante reduce la presión sobre la Reserva Federal para endurecer su política monetaria, lo que disminuye el costo de oportunidad de mantener activos que no generan rendimientos como el oro. Por otro, la depreciación del dólar abarata el metal para los tenedores de otras monedas. La herramienta FedWatch de CME reflejó este cambio de expectativas: la probabilidad de una suba de tasas en septiembre cayó del 66% al 54% tras conocerse el informe. En el foro anual del BCE en Sintra, el presidente de la Fed reforzó el mensaje de que el banco central no tolerará una inflación persistentemente por encima del 2%, lo que, según operadores, decepcionó a quienes esperaban una postura más laxa.
Sin embargo, desde el encuentro económico de Aix-en-Provence, economistas de grandes instituciones francesas advirtieron que la Reserva Federal aún necesitará elevar las tasas este año. Ludovic Subran, de Allianz, argumentó que la inflación podría superar el 3,7% y que la economía estadounidense sigue impulsada por la inteligencia artificial, el estímulo fiscal y la energía. Isabelle Mateos y Lago, de BNP Paribas, sostuvo que el argumento a favor de nuevas alzas sigue intacto, aunque la debilidad del dato de empleo hace menos probable un movimiento en la reunión de julio. En contraste, el Banco Central Europeo es percibido como una institución que ya habría concluido su ciclo de ajuste, tras una suba preventiva el mes pasado, en un contexto de inflación en la zona del euro que se moderó al 2,8% por la caída de los precios del petróleo.
La divergencia de trayectorias entre ambos bancos centrales se consolida como el factor dominante para los mercados de divisas y materias primas. La próxima reunión de política monetaria de la Fed, prevista para el 29 de julio, será el hito inmediato para confirmar si el banco central comparte la lectura de los mercados o si, como advierten los analistas europeos, las presiones inflacionarias internas obligan a un nuevo ajuste en septiembre.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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