
El Banco Mundial eleva a Vietnam, Filipinas y Sri Lanka al club del ingreso medio-alto
La nueva clasificación, basada en el ingreso nacional bruto per cápita de 2025, reconoce más de una década de expansión económica, pero también expone a estos países a un acceso más limitado a financiación concesional.
El 1 de julio, el Banco Mundial actualizó su clasificación de ingresos y situó a Vietnam, Filipinas y Sri Lanka en la categoría de economías de ingreso medio-alto, un umbral que no alcanzaban desde hacía años o, en el caso filipino, desde finales de los años ochenta. Con una renta nacional bruta per cápita de 4.970, 4.850 y un nivel ligeramente superior a los 4.636 dólares respectivamente, los tres países superan el listón que separa el tramo medio-bajo del medio-alto. El organismo multilateral emplea el método Atlas, que divide el ingreso nacional bruto —la renta total generada por residentes y empresas dentro y fuera del país— entre la población, y actualiza los grupos cada julio.
El ascenso refleja trayectorias de crecimiento diferenciadas. Vietnam se apoya en un modelo exportador que le ha permitido sostener ritmos de doble dígito y aspira a mantenerlos este año, impulsado por reformas favorables a la empresa y una ambiciosa inversión en infraestructura. Filipinas, en cambio, exhibe una expansión más transversal: la manufactura, los servicios, la externalización de procesos, las remesas y el consumo interno han elevado el producto interior bruto una media del 5,8 % anual en el último lustro. En Colombo, la reclasificación llega apenas tres años después del colapso económico de 2022; el PIB real creció un 5 % en 2025 gracias al repunte de la industria, los servicios financieros y el turismo, lo que el Banco Mundial califica como “una historia de recuperación”.
El nuevo estatus modifica las reglas de financiación. Desde Manila, analistas advierten de que el acceso a préstamos en condiciones favorables —que el país destina a infraestructura, reconstrucción tras desastres y programas sociales— se irá reduciendo a medida que la economía se considere más autosuficiente. El secretario de Planificación Económica filipino, Arsenio Balisacan, sostuvo que las ganancias derivadas de fundamentos más sólidos y un mejor acceso a los mercados compensarán esos ajustes. Sin embargo, economistas en la región subrayan que la clasificación mide promedios nacionales, no la distribución de la riqueza, y que la desigualdad y la pobreza siguen siendo desafíos estructurales. Vietnam, por su parte, afronta un envejecimiento acelerado que ha llevado a Hanói a aprobar incentivos por hijo y a ampliar los permisos de maternidad, en un giro desde el control de la natalidad hacia el desarrollo demográfico.
Para evitar la llamada “trampa del ingreso medio”, los gobiernos deberán acelerar la productividad, modernizar infraestructuras, mejorar la educación y atraer inversión privada. Sri Lanka ya ha anunciado un plan de gasto de capital de 6.000 millones de dólares para 2027 y apuesta por los sectores tecnológico y electrónico para duplicar sus ingresos por exportaciones. La próxima actualización de la clasificación del Banco Mundial, en julio de 2027, será el hito que confirme si estos países logran consolidar el salto o si, por el contrario, retroceden ante choques externos —como las tensiones en Oriente Medio o fenómenos climáticos extremos— que ya han obligado a Manila a revisar a la baja sus metas de crecimiento hasta 2030.
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