
EE UU lanza tercera oleada de ataques contra Irán tras bloqueo del estrecho de Ormuz
La respuesta militar de Washington se produce después de que la Guardia Revolucionaria iraní atacara un mercante chipriota y declarara cerrado el paso marítimo; un tripulante está desaparecido y se registran explosiones en el sur del país.
Las fuerzas armadas de Estados Unidos iniciaron el sábado una tercera ronda de ataques aéreos contra objetivos en Irán, en represalia por el ataque de la Guardia Revolucionaria iraní al buque portacontenedores “GFS Galaxy” —de bandera chipriota— mientras navegaba por el estrecho de Ormuz. Según el Comando Central estadounidense (CENTCOM), el asalto iraní provocó un incendio a bordo y graves daños en la sala de máquinas, lo que dejó la embarcación inmovilizada y a un miembro de la tripulación desaparecido. Poco antes, la Armada de la Guardia Revolucionaria había anunciado el cierre del estrecho “hasta nuevo aviso” y disparado munición de advertencia contra lo que calificó como un “buque infractor”, al tiempo que acusó a Washington y a “potencias extranjeras” de desestabilizar la vía marítima.
Desde Washington se justifica la nueva ofensiva por el incumplimiento iraní del memorándum de entendimiento alcanzado semanas atrás para garantizar la libre navegación, y por la negativa de Teherán a emitir una declaración oficial comprometiéndose a mantener abierto el estrecho y cesar los ataques. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, afirmó que Irán “tomó una mala decisión y ahora paga el precio”. CENTCOM detalló que los bombardeos —ordenados por el presidente Donald Trump— se dirigen contra radares de vigilancia aérea, plataformas de lanzamiento de misiles y drones, y almacenes de proyectiles, con el objetivo de “degradar la capacidad de Irán para amenazar a los marinos civiles y al comercio marítimo”. Medios estatales iraníes reportaron múltiples explosiones en las provincias de Hormozgán, Bushehr y Sistán y Baluchistán, incluidas las ciudades de Jask, Asaluyeh y Chabahar.
En el terreno diplomático, la Sultanía de Omán propuso el sábado reabrir ambos carriles de navegación en el estrecho, restableciendo las condiciones previas al conflicto y dejando el paso sur —en aguas omaníes— libre de autorizaciones previas. La delegación iraní remitió la propuesta a Teherán para consultas, sin alcanzar un acuerdo inmediato, según fuentes diplomáticas citadas por analistas regionales. Este estancamiento coincide con la exigencia estadounidense de que Irán publique un compromiso formal de reapertura y cese de hostilidades, demanda que no obtuvo respuesta antes del nuevo ataque al mercante.
El cierre del estrecho de Ormuz —por donde transita un quinto del suministro mundial de petróleo— reactiva el temor a una disrupción prolongada en los mercados energéticos globales. Observadores en Madrid y Ciudad de México señalan que la volatilidad podría encarecer los combustibles en el corto plazo y aumentar las primas de riesgo para el transporte marítimo, con repercusiones directas en economías importadoras de crudo como la española y las latinoamericanas. Mientras la Casa Blanca advierte que mantendrá la presión militar hasta garantizar la libertad de navegación, la comunidad internacional sigue con atención el desenlace de las consultas iraníes sobre la propuesta omaní, consciente de que cualquier nuevo incidente podría dar al traste con el frágil entendimiento que intenta evitar una confrontación abierta.
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