
China prueba un misil balístico desde submarino en el Pacífico y desata condenas internacionales
El lanzamiento de un misil con capacidad nuclear desde un submarino en el Pacífico Sur provocó críticas de Estados Unidos, Australia y sus aliados, mientras Rusia respaldó a Pekín.
El 6 de julio, la Armada del Ejército Popular de Liberación de China lanzó un misil balístico estratégico con una ojiva simulada desde un submarino de propulsión nuclear hacia aguas internacionales del Pacífico Sur. El proyectil, que según analistas militares en Washington y Pekín correspondería al modelo JL-3 con un alcance superior a los 10.000 kilómetros, impactó en una zona situada entre Tuvalu y Nauru. El Ministerio de Defensa chino calificó la prueba como un ejercicio rutinario de su entrenamiento anual, aseguró que se notificó a los países pertinentes y que la operación se ajustó al derecho internacional sin apuntar contra ningún Estado.
La acción desencadenó una condena inmediata desde Washington, donde el Departamento de Estado expresó su “gran preocupación” por lo que calificó como una acumulación nuclear “rápida y opaca” por parte de Pekín, y urgió a China a entablar negociaciones sustantivas de control de armamentos. Desde Canberra, el primer ministro Anthony Albanese tachó el lanzamiento de “provocador y desestabilizador”, subrayando que Pekín solo dio unas horas de preaviso en lugar de las 48 horas habituales. Tokio, Wellington y Taipéi manifestaron su “grave inquietud”, mientras Manila lo denunció como una “exhibición imprudente de poder militar”. En contraste, el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, defendió el “derecho soberano” de China a probar sus misiles y afirmó que Pekín no amenaza a ningún país.
La prueba evidencia el avance de la capacidad de disuasión nuclear naval china, que, a diferencia de los misiles terrestres, ofrece una mayor supervivencia ante un primer ataque y, según fuentes del Pentágono, permitiría a Pekín golpear el territorio continental estadounidense desde sus santuarios marítimos costeros. El lanzamiento coincidió con la firma de un pacto de defensa entre Australia y Fiyi, interpretado en la región como un esfuerzo de Canberra por contrarrestar la influencia china en el Pacífico. Incluso las Islas Salomón, que mantienen un acuerdo de seguridad con Pekín, criticaron el ensayo: su primer ministro, Matthew Wale, declaró que “esto no es algo que haga un amigo” y pidió que no se utilice la zona como campo de pruebas de misiles.
El arsenal nuclear chino, estimado por el Pentágono en más de 600 ojivas y con proyecciones de superar el millar hacia 2030, se expande en un momento de estancamiento de los regímenes de control de armas. Washington dejó expirar el tratado New START con Rusia en febrero e insiste en un nuevo marco que incluya a China, pero Pekín ha rechazado esas conversaciones. El ensayo se produce además en un contexto de distensión diplomática bilateral, con una visita de Donald Trump a Pekín en mayo y una cumbre prevista en la Casa Blanca para septiembre, lo que no ha impedido que la competencia estratégica se manifieste con hechos militares concretos.
Hasta el momento, China no ha dado señales de modificar su postura sobre la notificación de lanzamientos ni sobre su participación en negociaciones multilaterales de desarme. El Departamento de Estado estadounidense reiteró su llamamiento a un mecanismo regular de preaviso para todos los lanzamientos de misiles balísticos intercontinentales y espaciales, en línea con los compromisos de los demás miembros permanentes del Consejo de Seguridad. Se espera que el incidente figure en la agenda de los próximos encuentros bilaterales, incluida la proyectada reunión entre Xi Jinping y Trump, y que alimente el debate en foros regionales como el Foro de las Islas del Pacífico sobre la militarización de la zona.
| Prensa atlántica / anglosfera | −0.70 | critical |
|---|---|---|
| Prensa china | +0.80 | aligned |
| Prensa europea continental | −0.20 | neutral |
The Atlantic bloc denounces the Chinese test as a nuclear provocation threatening Pacific stability, highlighting the timing with the Australia-Fiji defense deal.
It builds credibility by emphasizing the missile's nuclear capability and the immediate geopolitical context, presenting the test as a direct challenge to regional order.
It omits that China notified countries in advance and that the test was a routine annual exercise.
China celebrates the successful launch as a routine test, reiterating that it is not directed against any country and that notifications were sent.
It makes the action plausible by describing it as a scheduled annual exercise, compliant with international law, and downplaying adverse reactions as unfounded.
It omits the protests from Japan, Australia, and New Zealand, as well as concerns about the Pacific nuclear-free zone.
Continental Europe reports the Chinese test with contrasting tones, alternating routine descriptions with concerns about regional stability.
It uses a balanced approach, citing both the Chinese version (routine test, notification) and critical reactions from neighboring countries, without taking a clear stance.
It omits the specific context of the Australia-Fiji deal, which is emphasized by the Atlantic press.
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