
Beckham recibe su estrella en Hollywood entre el brillo del Mundial y la sombra de una ausencia familiar
La ceremonia, enmarcada en el arranque del Mundial 2026 en Los Ángeles, reunió a Tom Cruise y Victoria Beckham, pero la ausencia de Brooklyn reavivó los rumores de distanciamiento.
David Beckham inmortalizó su nombre en el Paseo de la Fama de Hollywood este viernes, en un acto que trascendió lo deportivo para convertirse en un acontecimiento cultural de primer orden. La tradicional alfombra roja fue sustituida por un tapete verde que simulaba un campo de fútbol, un guiño a la coincidencia del homenaje con el inicio de los partidos de la Copa Mundial de la FIFA 2026 en Los Ángeles. La ciudad californiana, que alberga ocho encuentros del torneo, sirvió de telón de fondo para una ceremonia en la que el exfutbolista inglés estuvo arropado por su esposa Victoria y por el actor Tom Cruise, quien definió la trayectoria de Beckham como «una historia de Hollywood» forjada con trabajo y determinación.
Beckham, primer jugador inglés en conquistar títulos de liga en cuatro países, agradeció el reconocimiento y subrayó la influencia de Estados Unidos en su vida. «He vivido momentos asombrosos, pero recibir una estrella aquí es realmente increíble», afirmó, y reveló que figuras como Michael Jordan y la visión estadounidense del deporte como espectáculo lo acercaron al país hasta convertirlo en su «segunda casa». Desde el sur de Asia, se destacó la sincronía del acto con la Copa del Mundo, interpretándola como un espaldarazo simbólico al papel de Beckham como embajador global del fútbol en un momento en que el deporte busca consolidarse definitivamente en el mercado norteamericano.
La nota disonante la puso la ausencia de Brooklyn Beckham, el hijo mayor del matrimonio. Aunque Romeo, Cruz y Harper acompañaron a sus padres, Brooklyn no asistió pese a residir junto a su esposa, Nicola Peltz-Beckham, a escasa distancia del lugar del evento. Medios del sudeste asiático fueron los primeros en subrayar la cercanía geográfica y la consecuente reavivación de los rumores sobre un distanciamiento familiar que ya había ocupado titulares en años anteriores. En América Latina, la cobertura osciló entre el deslumbramiento por el desfile de celebridades —«un auténtico desfile de estrellas de primera línea», apuntó la prensa mexicana— y la mención de una «dolorosa ausencia» que añadió un matiz agridulce a la jornada.
Más allá de la anécdota familiar, analistas en Buenos Aires y Ciudad de México coinciden en que la estrella consagra a Beckham como un ícono híbrido que fusiona deporte, moda y entretenimiento, un modelo de celebridad global que trasciende fronteras. El acto, celebrado en vísperas de que Los Ángeles se convierta en epicentro del fútbol mundial, refuerza la narrativa de un atleta que supo reinventarse como empresario y filántropo. No obstante, la persistente atención sobre los vínculos familiares revela hasta qué punto la dinastía Beckham sigue siendo un imán para la curiosidad pública, un recordatorio de que incluso las estrellas más brillantes proyectan sombras que el ojo mediático no está dispuesto a ignorar.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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La ceremonia fue alegre, pero la ausencia del hijo mayor Brooklyn Beckham reavivó las especulaciones públicas sobre tensiones familiares. La atención pasó del honor al drama familiar.
La estrella de Beckham en el Paseo de la Fama coincidió con el inicio de los partidos del Mundial organizados por EE.UU. en Los Ángeles, subrayando su doble legado en el deporte y el entretenimiento. La alfombra verde y los elogios de Tom Cruise destacaron su trayectoria de futbolista a icono global.
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