
Acoso judicializado y agresión sin castigo: la doble jornada adversa de las Indiana Fever
Un hombre fue imputado por acechar a Sophie Cunningham, mientras Caitlin Clark sufrió un golpe en el cuello sin sanción y abandonó el partido por lesión.
La franquicia Indiana Fever vivió un miércoles de contrastes amargos. Por un lado, la fiscalía del condado de Marion presentó cargos por acecho, intimidación y acoso contra Kevin C. Singh, un hombre de 49 años que, según la investigación, sometió a la escolta Sophie Cunningham a una campaña de mensajes explícitos y amenazantes, culminada con la entrega en mano de un paquete con una camiseta impregnada de colonia en el Gainbridge Fieldhouse. Por otro, en la cancha, la base estrella Caitlin Clark recibió un empujón en el cuello de la jugadora de Phoenix Mercury Alyssa Thomas que los árbitros no sancionaron, y debió retirarse antes del último cuarto por una dolencia en la espalda, mientras su equipo caía 111-109.
De acuerdo con la declaración jurada citada por medios estadounidenses, Singh inició los contactos no deseados en febrero de 2025, poco después de que la seguridad del equipo le advirtiera. Los mensajes en la red social X incluyeron referencias explícitas y la frase “estás literalmente a la vuelta de la esquina”. Tras una carta de cese y desistimiento enviada por un ejecutivo de Pacers Sports & Entertainment, el acusado redobló la hostilidad y llegó a amenazar al responsable de seguridad. Cunningham relató a los investigadores que dejó de salir de casa, sufría pesadillas y sentía que debía vigilar permanentemente su espalda. El acusado, que ya cumplía libertad condicional por dos delitos graves de invasión de la privacidad, había entregado el paquete en septiembre de 2025 haciéndose pasar por padre de una admiradora.
En el plano deportivo, la noche en el Gainbridge Fieldhouse estuvo marcada por una acción que reavivó el debate sobre la protección de las figuras de la liga. Clark, que había arrancado con 19 puntos y 8 asistencias, perdió el balón en una penetración y cayó al suelo. Las repeticiones mostraron a Thomas haciendo contacto con la rodilla en la zona de la ingle de Clark y luego empujándola con el puño en el cuello antes de pasar por encima de ella. El árbitro de línea de fondo no señaló falta. La secuencia desató una ola de críticas en redes sociales, donde figuras como el fundador de Barstool Sports calificaron la acción de “golpe bajo brutal”. La liga, que ya revisaba una falta técnica anterior a Clark por aplaudir, no se pronunció de inmediato sobre esta jugada.
Desde la óptica de Tokio, el fenómeno del acoso no se limita al deporte profesional. La agencia Jiji Press informó que un funcionario del Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar japonés fue procesado por acechar a una subordinada veinteañera, a quien siguió, fotografió en secreto y llegó a entrar en su domicilio con una llave duplicada para robarle ropa interior. El hombre, de 39 años, admitió los cargos y la fiscalía solicitó dos años de prisión. La víctima declaró que se vio obligada a mudarse y que aún hoy revisa cada rincón al volver a casa. Analistas en Japón subrayan que el abuso de la posición jerárquica agrava el impacto psicológico, un patrón que resuena con la vulnerabilidad de las deportistas frente a acosadores que explotan la cercanía física o digital.
Las Fever, que ocupan una posición expectante en la clasificación, deberán reponerse rápidamente. El próximo sábado reciben a Los Angeles Sparks en el cierre de su serie en casa, con la disponibilidad de Clark sujeta a la evolución de su lesión de espalda, una dolencia que ya la había marginado en otras jornadas. La franquicia, mientras tanto, enfrenta un escrutinio creciente sobre la seguridad de sus jugadoras, dentro y fuera del rectángulo de juego.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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Las Indiana Fever enfrentan una doble crisis: la estrella Caitlin Clark abandonó el partido por una lesión de espalda tras una falta dura, mientras su compañera Sophie Cunningham fue acosada por un hombre que le envió mensajes amenazantes y explícitos. Un hombre de Indianápolis ha sido acusado de acecho e intimidación, lo que pone de relieve la creciente preocupación por la seguridad de las jugadoras de la WNBA dentro y fuera de la cancha.
La doble prueba de las Indiana Fever expone la violencia sistémica que sufren las atletas, desde la agresión impune en la cancha hasta el acoso y las amenazas fuera de ella. El caso exige una reflexión urgente sobre la protección de las profesionales del deporte y la necesidad de un cambio cultural profundo. Para muchos observadores europeos, es el síntoma de un fracaso más amplio en la salvaguarda de las mujeres en el deporte.
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