
El G7 en Évian se bifurca entre el pacto con Irán y la presión renovada sobre Rusia
La cumbre del G7 en Francia quedó marcada por el optimismo de Trump tras el preacuerdo con Teherán y por un frente europeo unificado que exige a Moscú un alto el fuego negociado con Ucrania.
La 52ª cumbre del Grupo de los Siete, inaugurada en la localidad alpina de Évian-les-Bains bajo un inusual solsticio diplomático, se desenvolvió este martes en dos carriles paralelos pero profundamente interconectados. Por un lado, el presidente estadounidense, Donald Trump, llegó impulsado por la firma virtual de un acuerdo marco con Irán que promete desactivar la confrontación en Oriente Medio y reabrir el estratégico estrecho de Ormuz. Por otro, los líderes europeos, con Emmanuel Macron como anfitrión, se esforzaron por trasladar ese ímpetu negociador al conflicto de Ucrania, advirtiendo al mismo tiempo que un pacto superficial con Teherán podría consolidar, en lugar de desmantelar, sus programas nuclear y de misiles balísticos.
Desde la óptica de Bruselas y las capitales continentales, la prioridad inmediata era doble: garantizar que el texto del entendimiento con Irán —aún no publicado oficialmente— contenga salvaguardas verificables, y redirigir la atención de Washington hacia el flanco oriental de la seguridad europea. Durante una cena de trabajo de casi dos horas con vistas al lago Lemán, los mandatarios expusieron sus reservas sobre la velocidad de reapertura del tráfico comercial en el Golfo Pérsico y la ambigüedad de los plazos para el desminado. En paralelo, la sesión plenaria dedicada a Ucrania cristalizó en un compromiso unánime para incrementar la presión sobre Rusia mediante nuevas sanciones a su sector energético, específicamente a las exportaciones de petróleo y gas, una vez que la ruta marítima iraní quede desbloqueada.
El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, aterrizó en la cumbre con una agenda reforzada por el inicio formal de las negociaciones de adhesión a la Unión Europea en Luxemburgo, un gesto que Kiev interpreta como un Rubicón institucional irreversible. Su primer careo en casi cuatro meses con Trump, facilitado por Macron en un formato trilateral improvisado, dominó la jornada. Trump declaró que Rusia “debe llegar a un acuerdo” y prometió emplear todo su poder para mediar, aunque evitó detallar concesiones. Zelenski, por su parte, buscó exhibir la resiliencia de sus fuerzas armadas —capaces de golpear con drones una refinería en Moscú— para negociar desde una posición de fuerza, mientras los diplomáticos franceses filtraban que la dinámica sobre el terreno “beneficia a Ucrania”.
Analistas latinoamericanos que siguen el pulso de la gobernanza global observan en este G7 un intento de restaurar la centralidad del multilateralismo occidental tras años de erosión. La presencia de invitados como Brasil e India en las sesiones vespertinas subraya la necesidad de ensanchar la legitimidad de las decisiones, sobre todo cuando las sanciones energéticas pueden reconfigurar los mercados de hidrocarburos que afectan a las economías emergentes. La cumbre también sirvió para escenificar un deshielo entre Trump y la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, quienes mantuvieron un breve careo descrito como un “momento de clarificación” tras meses de tensiones bilaterales, en nombre de la unidad de Occidente.
El desenlace de la cumbre queda envuelto en una cautelosa expectativa. Si bien el preacuerdo con Irán abre una ventana de sesenta días para negociar los detalles técnicos sobre el uranio enriquecido y el alivio de sanciones, la negativa del Kremlin a confirmar una invitación formal al G7 —mencionada por Zelenski— enfría las esperanzas de una distensión inmediata en el Donbás. La declaración final del foro reflejará probablemente ese doble filo: el alivio por un alto el fuego en ciernes en Oriente Medio y la determinación de asfixiar financieramente la maquinaria bélica rusa, conscientes de que la paz en Ucrania exigirá bastante más que la inercia de un éxito diplomático en otro teatro de operaciones.
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Trump afirmó que Putin y Zelenski están abiertos a un acuerdo, pero Zelenski subrayó los rechazos anteriores de Putin y propuso una cumbre en Estados Unidos para dificultar un nuevo no. El optimismo de Trump se acoge con cautela, mientras se recuerdan las 25.000 bajas mensuales de soldados.
Zelenski ofreció reunirse con Putin en Estados Unidos durante una llamada con Trump, argumentando que una sede estadounidense dificultaría un rechazo de Putin. Trump informó de conversaciones positivas con ambos líderes.
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