
Cuando los juguetes enfrentan a las pantallas: el dilema familiar que ‘Toy Story 5’ puso en escena
El estreno más taquillero del año revive el debate sobre la infancia digital sin demonizar la tecnología, mientras un padre encuentra en la película un espejo inesperado de su propia culpa.
En la alfombra del salón, mezclando personajes de Cars, Buzz Lightyear y la Patrulla Canina, el periodista brasileño que firma la crónica en CNN Brasil improvisaba aventuras con su hijo pequeño. Una lluvia de meteoros sobre Radiator Springs era el escenario; Buzz, al volante del coche de Chase, acudía al rescate. De pronto, el juego se interrumpió por un pensamiento que le atravesó como una punzada: ambos habían visto en la pantalla cada una de esas historias, y él, el adulto, se sentía el juez más implacable del tiempo que su hijo pasaba frente a los dispositivos. Esa mezcla de ternura y culpa lo acompañó hasta la butaca del cine, donde fue a ver “Toy Story 5” convencido de que la película le haría sentir peor. Pero no fue así.
Lo que encontró en la nueva entrega de Pixar, dirigida por Andrew Stanton y Kenna Harris, fue un conflicto que le resultó íntimamente familiar. En la habitación de Bonnie, los vaqueros y astronautas de trapo ven con desánimo cómo una tableta llamada Lilypad amenaza con acaparar cada minuto de vigilia de la niña. Un viejo robot de juguete sentencia al inicio: “La era de los juguetes se acabó, las pantallas han tomado el control”. La trama, sin embargo, no convierte a la tecnología en villana. Los padres de Bonnie introducen el dispositivo con la esperanza de que su hija imaginativa haga amigos en el mundo real, aunque esa amistad comience en el digital. La película, anota el cronista, se despliega como un reconocimiento sincero de lo difícil —y a veces doloroso— que resulta administrar la relación de los hijos con las pantallas, y a la vez como un alivio para los padres: no se trata de una condena, sino de una invitación a participar activamente en la vida digital de los niños.
Ese dilema atraviesa hogares de todo el mundo y tiene detrás cifras que lo vuelven tangible. Una encuesta de Common Sense Media de 2024, citada por medios estadounidenses, revela que a los dos años cuatro de cada diez niños ya poseen una tableta; a los cuatro, son más de la mitad. La preocupación de los padres es consistente: entre el 75 % y el 80 % expresan inquietud por el uso excesivo, los efectos en la salud mental y el contenido inapropiado. Desde el ámbito educativo en Estados Unidos, Josephine Hunt, profesora y defensora de la salud mental infantil, señala un matiz que la pantalla no distingue: los niños ven a sus padres mirar dispositivos y no entienden si es por trabajo o por ocio; imitan sin matices. Por eso, Hunt insiste en conversaciones sencillas y adecuadas a la edad que ayuden a distinguir entre el uso necesario y el recreativo.
La acogida del público convirtió a “Toy Story 5” en el mayor estreno del año y en un espejo cultural de esa conversación. Con 160 millones de dólares en la taquilla doméstica y 312 millones a escala global en su primer fin de semana, la película batió el récord de la franquicia y se situó como el segundo mejor debut animado de la historia, solo por detrás de “Los Increíbles 2”. Los analistas de la industria en Hollywood destacan que el filme, pese a un coste de producción de 250 millones de dólares, conectó con un público que le otorgó una calificación “A” en CinemaScore, señal de que permanecerá en cartelera durante semanas. La presencia de las voces originales de Tom Hanks, Tim Allen y Joan Cusack, junto con una canción nueva de Taylor Swift, “I Knew It, I Knew You”, forjan un puente entre la nostalgia de los primeros espectadores y la sensibilidad de las nuevas generaciones.
Tras la proyección, el periodista de CNN Brasil abandonó la sala con una certeza inesperada: su familia aún estaba a años de enfrentar los dilemas de Bonnie, pero se llevaba consigo la imagen de aquellos juguetes resistiendo en el umbral entre lo analógico y lo digital, y una lección que ya se había prometido a sí mismo: los padres marcan la pauta. En una escena fugaz de la película, una familia entera permanece absorta en sus dispositivos mientras una fila de juguetes atraviesa la casa sin ser notada. Ese plano silencioso, casi una advertencia, es el que el cronista guarda mientras su hijo, al fondo de la habitación, ya ha vuelto a desordenar la alfombra con nuevos mundos posibles.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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Toy Story 5 aborda la ansiedad por el tiempo frente a la pantalla de los niños sin demonizar la tecnología. La película sugiere que el exceso, no los dispositivos en sí, es el verdadero problema, con un mensaje que resuena entre los padres.
Toy Story 5 ha arrasado en taquilla, logrando el mayor estreno del año con 160 millones de dólares en el mercado nacional. La última entrega batió el récord de la franquicia, reafirmando el atractivo duradero de la serie.
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