
Texas impone lecturas bíblicas obligatorias en todas las escuelas públicas del estado
La Junta de Educación estatal aprobó una lista de más de 200 textos que incluye pasajes del Antiguo y Nuevo Testamento para 5,5 millones de alumnos, en una decisión sin precedentes en Estados Unidos.
La Junta de Educación del Estado de Texas, de mayoría republicana, aprobó el viernes una lista de lecturas obligatorias para los más de 5,5 millones de alumnos de las escuelas públicas que, por primera vez en la historia del país, incorpora pasajes de la Biblia en todos los niveles educativos. La votación, que concluyó con 9 votos a favor, 5 en contra y una abstención, establece un canon de aproximadamente 200 obras —desde Charles Dickens hasta relatos como David y Goliat o el Libro de Job— y entrará en vigor de forma escalonada a partir del curso 2030-2031. La medida se ampara en una ley estatal de 2023 que exigía al menos una obra literaria obligatoria por grado, pero la lista final excede con creces ese mandato mínimo e incluye los textos bíblicos también en las evaluaciones estandarizadas.
Desde sectores conservadores de Texas se sostiene que la decisión no persigue un fin confesional, sino dotar a los estudiantes de las claves culturales necesarias para comprender el papel de la tradición judeocristiana en la fundación de Estados Unidos y en la literatura occidental. La mayoría republicana de la Junta argumenta que la Biblia es un texto fundamental para interpretar obras clásicas y que su estudio tiene una finalidad estrictamente cultural. En contraste, organizaciones de libertades civiles, asociaciones de docentes y líderes de diversas confesiones religiosas en el estado denuncian que la lista privilegia una visión protestante del cristianismo —las traducciones seleccionadas son mayoritariamente la King James y la English Standard Version— y excluye textos sagrados de otras tradiciones, incluidas las versiones católicas de la Biblia. Rabinos y representantes de la comunidad judía de Texas, que participaron en las audiencias públicas, advirtieron que la medida difumina la separación constitucional entre Iglesia y Estado y puede hacer que alumnos de otras creencias o sin afiliación religiosa se sientan ajenos al entorno escolar.
Analistas educativos en Washington observan que Texas, que escolariza a uno de cada diez estudiantes públicos del país, se ha convertido en un laboratorio de políticas que expanden la presencia de contenidos religiosos en las aulas. El estado ya permite la contratación de capellanes para asesorar a los alumnos, exige la exhibición de los Diez Mandamientos en las clases —medida ratificada por un tribunal federal de apelaciones— y aprobó un currículo opcional con referencias bíblicas. La nueva lista de lecturas, que incluye también obras de autores judíos como Ana Frank y Elie Wiesel, es considerada por expertos de la Universidad de Stanford y del programa Freedom to Read de PEN America como un caso único a escala nacional, ya que ningún otro estado había sustituido hasta ahora la autonomía de distritos y docentes por un canon literario obligatorio con textos religiosos.
La Junta de Educación tenía previsto votar el mismo viernes un nuevo currículo de estudios sociales que vincula relatos bíblicos con la historia estadounidense, lo que ampliaría el alcance de esta orientación. Mientras los promotores de la reforma confían en que el modelo de Texas sirva de referencia para otros estados gobernados por mayorías conservadoras, los críticos anticipan una batalla legal centrada en la cláusula de establecimiento de la Primera Enmienda, que la jurisprudencia de la Corte Suprema ha interpretado como un muro de separación entre el Estado y la religión. La implementación de las lecturas obligatorias comenzará en las escuelas primarias dentro de cinco años, un calendario que deja margen para impugnaciones judiciales y para que el debate se traslade a la esfera política nacional de cara a los próximos ciclos electorales.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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Texas da un paso que tendrá repercusiones más allá de sus fronteras, al imponer por primera vez lecturas bíblicas obligatorias en las escuelas públicas. La medida, que afecta a 5,5 millones de alumnos, llega tras meses de intenso debate político y cultural, y plantea interrogantes sobre el papel de la religión en la educación pública.
La junta educativa de Texas, controlada por los republicanos, ha impuesto historias bíblicas en todos los grados, ampliando el impulso conservador para integrar enseñanzas cristianas en las aulas públicas. Los críticos advierten que la selección carece de diversidad y difumina peligrosamente la separación entre Iglesia y Estado, sentando un precedente para la intrusión religiosa en la educación laica.
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