
SpaceX se expande hacia telefonía móvil y satélites con IA mientras sus acciones se desploman y China contraataca
La empresa de Elon Musk planea servicios móviles directos, un gasoducto para cohetes y una megaconstelación inteligente, mientras su valor bursátil cae un 30% y el proyecto chino SpaceSail gana terreno.
El valor de mercado de SpaceX ha sufrido un retroceso abrupto tras su salida a bolsa récord el 12 de junio. Desde un pico de 2,9 billones de dólares, las acciones han caído cerca de un 30%, evaporando unos 928.000 millones de dólares en capitalización y situando el precio en torno a los 155 dólares, aún por encima de los 135 de su estreno. La fortuna de Elon Musk, que había superado el billón de dólares, se redujo a 946.000 millones, según el índice de Bloomberg. Analistas financieros en Nueva York vinculan la aceleración de las ventas al anuncio de una emisión de bonos por al menos 20.000 millones de dólares para financiar sus ambiciones en inteligencia artificial.
En paralelo a la turbulencia bursátil, la compañía despliega una ofensiva de diversificación. Prevé lanzar un servicio minorista de telefonía móvil directamente a través de Starlink, compitiendo con Verizon, AT&T y T-Mobile, tras adquirir licencias de espectro por 19.600 millones de dólares. En Texas, construirá un gasoducto de 13 kilómetros, denominado Starpipe, para abastecer de metano líquido a su cohete Starship y superar la cadencia actual de 25 lanzamientos anuales autorizados por la Administración Federal de Aviación. Además, presentó StarMind, una megaconstelación de satélites con procesadores de IA integrados que permitirá computación en el borde orbital, orientada a observación terrestre en tiempo real y a futuras misiones lunares y marcianas.
Desde Pekín, el proyecto estatal SpaceSail (Qianfan) emerge como un rival con una estrategia geopolítica definida. Respaldado por el gobierno municipal de Shanghái y la Academia China de Ciencias con una financiación inicial de 6.700 millones de yuanes, opera apenas 200 satélites frente a los más de 10.000 de Starlink, pero ya ha iniciado su primer servicio comercial de rastreo marítimo. La empresa apunta a 648 satélites para finales de 2026 y a más de 15.000 en el futuro. Observadores en Hong Kong señalan que SpaceSail se concentra deliberadamente en países donde Starlink enfrenta obstáculos políticos o regulatorios, una táctica comparable a la expansión subsidiada de BYD frente a Tesla. Pekín busca así una infraestructura de comunicaciones independiente de las redes occidentales.
Los próximos hitos definirán el ritmo de esta competencia. SpaceX aguarda la revisión de la FAA tras un incidente reciente para realizar el próximo vuelo de prueba de Starship, mientras la construcción del Starpipe debería estar operativa en enero de 2026. El lanzamiento del servicio móvil carece aún de fecha. En el caso de SpaceSail, la capacidad para escalar sus lanzamientos y asegurar financiación frente a su rival doméstico SatNet será determinante para alcanzar los objetivos de cobertura global hacia 2030.
| Prensa atlántica / anglosfera | +0.60 | aligned |
|---|---|---|
| Prensa rusa y CEI | −0.50 | critical |
| Prensa china | +0.30 | aligned |
The West celebrates SpaceX's entrepreneurial drive as the engine of global progress, while China is portrayed as a structural follower.
It presents SpaceX's success as natural and inevitable, downplaying Chinese capabilities through an asymmetric comparison based on 'innovation gap'.
No mention of Chinese state subsidies or the potential monopoly risks from a private space company.
Russia warns that US control of space infrastructure undermines geopolitical balance and demands sovereign countermeasures.
It builds a hierarchy of threats: first technological dependence, then cyber vulnerability, finally loss of strategic autonomy.
It does not acknowledge the leading role of private innovation or the failures of the Russian space program.
China presents itself as a legitimate and constructive challenger, capable of offering a technological alternative without threatening global order.
It re-projects competition as healthy rivalry for progress, omitting state control and restrictions on domestic competition.
No mention of technical difficulties in the Chinese space program or international criticism of satellite surveillance models.
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