
Pyongyang ensaya misiles y artillería de largo alcance mientras Seúl acelera su programa de drones
Kim Jong-un supervisó pruebas de sistemas ofensivos modernizados y reivindicó una postura “letal y destructiva”, en un contexto de competencia entre Pekín y Moscú por la influencia sobre Corea del Norte.
El líder norcoreano, Kim Jong-un, supervisó el 25 de junio una serie de ensayos con armamento de largo alcance que, según la agencia estatal KCNA, incluyeron un lanzacohetes múltiple de 240 mm con alcance ampliado a 90 kilómetros, una ojiva de “misión especial” para misiles balísticos tácticos y proyectiles de 155 mm con alcance extendido a 65 kilómetros. Kim afirmó que la política de autodefensa de Pyongyang no se limita a capacidades defensivas, sino que busca consolidar una “postura ofensiva letal y destructiva” que impida a los adversarios siquiera plantearse un enfrentamiento. Desde la óptica de Seúl, los ensayos constituyen una demostración de fuerza dirigida contra la región metropolitana de la capital surcoreana, ya que los nuevos sistemas pueden alcanzar aeródromos, puertos e infraestructuras energéticas desde posiciones cercanas a la frontera.
En paralelo, el Ministerio de Defensa de Corea del Sur anunció un plan para formar a 500.000 operadores de drones y adquirir más de 20.000 drones kamikaze de bajo coste, con la meta de producir 110.000 unidades de aquí a 2029. La decisión, según fuentes oficiales en Seúl, responde a las incursiones de drones norcoreanos registradas en 2022 y 2023 y a la evolución de la guerra con sistemas no tripulados observada en otros escenarios. El ministro de Defensa, An Gyu-bak, precisó que los drones kamikaze serán una versión local del sistema estadounidense Lucas, basado a su vez en los Shahed-136 iraníes. Analistas en la región interpretan ambos movimientos como una aceleración de la carrera armamentística en la península, donde el desarrollo de vectores convencionales y no tripulados complementa la expansión del programa nuclear norcoreano.
El contexto diplomático refuerza la capacidad de maniobra de Pyongyang. Tras la visita del presidente chino, Xi Jinping, a principios de junio —la primera en siete años—, Pekín omitió toda referencia a la desnuclearización en sus comunicados, un giro que, según observadores en Bruselas y Washington, refleja la competencia con Moscú por la influencia sobre Corea del Norte. Rusia, que ya en 2024 aceptó el curso nuclear de Kim, suministra conocimientos técnicos, armamento y alimentos al margen de las sanciones de la ONU, a cambio de soldados y munición norcoreanos para la guerra en Ucrania. Esta dinámica, señalan analistas latinoamericanos, otorga a Kim Jong-un un margen inédito desde el fin de la Guerra Fría para equilibrar a las dos grandes potencias y condicionar cualquier negociación a la renuncia previa de Washington a exigir la desnuclearización como requisito.
Mientras tanto, persisten las fricciones entre Seúl y el Mando de la ONU sobre si las fortificaciones norcoreanas en la zona desmilitarizada violan el armisticio. El Mando sostiene que las obras —instalación de vallas, reparación de caminos y colocación de minas— se realizan en el lado norte de la línea de demarcación y no constituyen una infracción, en contraste con la posición surcoreana. El estado del expediente diplomático sigue bloqueado: Pyongyang rechaza retomar el diálogo con Seúl y Washington, a los que califica de “enemigo principal”, mientras prosigue el despliegue de sistemas artilleros y misilísticos a lo largo de la frontera. La próxima prueba de fuego será la capacidad de la comunidad internacional para contener la proliferación de tecnologías de doble uso en un escenario de creciente rivalidad entre grandes potencias.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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Los últimos ensayos de armas de Corea del Norte subrayan el impulso hacia una capacidad ofensiva 'mortal y destructiva', con Kim Jong Un supervisando personalmente los lanzamientos. La exhibición, pocos días después de la puesta en servicio del primer destructor, señala una aceleración del rearme que agrava las preocupaciones de seguridad regional.
Las fortificaciones fronterizas de Corea del Norte han abierto una brecha entre Seúl y el Mando de la ONU, que se niega a calificarlas de violación del armisticio. La disputa se extiende a desacuerdos sobre el acceso a la zona desmilitarizada y el papel futuro de las fuerzas estadounidenses, revelando desajustes entre Corea del Sur y Washington sobre el propósito principal de la presencia militar americana.
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