
Pakistán y Arabia Saudita advierten que una nueva confrontación entre Irán y EE.UU. no beneficia a nadie
Los jefes de la diplomacia de Islamabad y Riad expresaron su profunda preocupación por la escalada de tensiones, pese al memorando firmado en junio, y urgieron a dar espacio a la mediación.
Los ministros de Exteriores de Pakistán, Mohammad Ishaq Dar, y de Arabia Saudita, el príncipe Faisal bin Farhan Al Saud, coincidieron este sábado en que una reanudación del conflicto entre Estados Unidos e Irán no favorece a ninguna de las partes y socava los esfuerzos regionales de paz. En una conversación telefónica, ambos expresaron su “profunda preocupación” por la reciente escalada de tensiones, pese a la firma en junio pasado del Memorando de Entendimiento de Islamabad, un acuerdo que buscaba encauzar las diferencias entre Washington y Teherán y que llevó el nombre de la capital paquistaní en reconocimiento a su papel como mediador.
Desde la óptica de Islamabad, que en los últimos meses ha emergido como un actor clave en la intermediación de conflictos en Oriente Medio, la prioridad es preservar el espacio diplomático ganado. El Ministerio de Exteriores paquistaní subrayó que Dar reiteró el llamamiento a “todas las partes” para que ejerzan la máxima moderación y concedan tiempo y margen a las gestiones de mediación, con el fin de alcanzar un resultado pacífico y significativo. Por su parte, según el comunicado difundido por la agencia oficial saudita, el príncipe Faisal bin Farhan compartió la visión del reino sobre los esfuerzos diplomáticos en curso y recalcó la importancia de la distensión y la reanudación del diálogo.
En paralelo, el ministro de Exteriores de Jordania, Ayman Safadi, mantuvo un contacto telefónico con el primer ministro y canciller de Qatar, Mohamed bin Abdulrahman Al Thani, centrado en la necesidad de garantizar la calma en la región y asegurar la implementación del alto el fuego y del entendimiento entre Irán y Estados Unidos. Desde la perspectiva de las capitales del Golfo, ambos responsables advirtieron de las consecuencias de una escalada y coincidieron en la urgencia de retornar a la mesa de negociaciones como única vía para resolver la crisis. La diplomacia qatarí, que ha desempeñado un papel de puente en anteriores episodios de tensión, fue elogiada por Amán por sus esfuerzos para consolidar la estabilidad.
Estos contactos reflejan la creciente inquietud en el sur de Asia y en la península Arábiga ante la posibilidad de que el frágil entendimiento alcanzado en 2026 se desmorone. El memorando de Islamabad, aunque de alcance limitado, había sido interpretado en círculos diplomáticos latinoamericanos y europeos como un primer paso hacia una desescalada más amplia, con potencial para estabilizar los mercados energéticos globales. La reanudación de las hostilidades, advierten analistas en Madrid y Buenos Aires, no solo afectaría la seguridad regional, sino que podría interrumpir las rutas comerciales y energéticas que conectan el Golfo Pérsico con el Mediterráneo y el Atlántico.
Hasta el momento, ni Washington ni Teherán han anunciado la reanudación formal de las conversaciones directas. Los cancilleres paquistaní y saudita acordaron mantener un contacto permanente, mientras que en Amán y Doha se intensifican las consultas con otros miembros del Consejo de Cooperación del Golfo. La próxima reunión de seguimiento del memorando, inicialmente prevista para agosto, sigue sin fecha confirmada, pero las gestiones diplomáticas de esta semana indican que los mediadores regionales buscan evitar que el silencio entre las partes derive en un nuevo ciclo de confrontación.
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| Prensa del Golfo árabe | 0.00 | neutral |
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Irán y sus aliados reiteran que la escalada no beneficia a nadie y que el acuerdo de Islamabad debe preservarse.
Al presentar la preocupación como universal y el acuerdo como el único fundamento, se legitima la posición iraní.
Los reinos del Golfo piden moderación y apoyo a la mediación paquistaní.
Al enfatizar el papel mediador de Pakistán y la necesidad de negociaciones, se evita asignar culpas y se mantiene una postura neutral.
Los países del Levante y el Magreb enfatizan la importancia del diálogo y la contención de las tensiones.
Al repetir el llamado a la desescalada y al apoyo a la mediación, se construye un consenso regional contra la escalada.
América Latina observa con distancia, registrando la preocupación sin tomar partido.
Al informar los hechos sin comentarios, asume una posición de observador imparcial.
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