
Nostalgia y nuevos lenguajes: del adiós de One Direction a los cines de Asia en Venecia
Mientras exintegrantes de bandas icónicas reviven el pasado, el festival veneciano apuesta por el cine de autor iraní y bangladesí, y documentales que borran las fronteras entre música y memoria.
Louis Tomlinson encendió las redes el jueves con un ritual íntimo y público a la vez: pasar el resto del día escuchando los éxitos de One Direction justo cuando se cumplían 16 años de su formación. “Esta noche será un espectáculo especial”, escribió en X, antes de recordar a Liam Payne, fallecido en Argentina en 2024: “Te extraño todos los días, pero especialmente en fechas como hoy”. El gesto, breve y cargado de afecto, encapsula una corriente que recorre la industria musical en 2026: la nostalgia no es solo un refugio comercial, sino un espacio de duelo y celebración donde los lazos entre artistas y fans se renegocian a cada aniversario.
Ese mismo flujo de memoria pop se manifestó a ambos lados del Atlántico. Destiny’s Child, de acuerdo con el antiguo mánager y padre de Beyoncé, Mathew Knowles, planea publicar en semanas diez o quince remezclas inéditas de viejos temas, más de dos décadas después de su separación. Mientras, desde Mánchester, Liam Gallagher zanjó con una ironía corrosiva los rumores sobre un nuevo disco de Oasis: “No estoy listo para las críticas si no vende 100 millones en la primera hora o no cura la mala respiración y el estreñimiento nacional”, disparó, después de que dos años antes él mismo bromeara con un álbum “en la caja”. Pese a la negativa, el documental Don’t Look Back in Anger sobre la reunión de los hermanos en 2025 se presentará fuera de concurso en el Festival de Venecia, como un eco cinematográfico de esa tensión entre legado y presente que domina el ánimo cultural.
La Mostra veneciana, que se celebrará del 2 al 12 de septiembre, refleja esa dualidad con una programación donde conviven el peso de la historia y las voces que recién emergen. Por un lado, el León de Oro honorífico para George Clooney y Ellen Burstyn, y la expectación ante estrellas como Robert Pattinson o Penélope Cruz. Por otro, la apuesta deliberada por autores alejados del circuito de los grandes estudios, en sintonía con lo que observadores en Río de Janeiro describen como un “paso atrás de Hollywood” en los festivales europeos, atribuido a recortes de presupuesto y al temor a críticas que hundieron estrenos anteriores en el Lido.
En esa selección de cine independiente destacan dos títulos que, para analistas de Teherán y Daca, tienen un valor simbólico enorme. El iraní Ali Asgari competirá por el León de Oro con A Bit of Light, mientras que su compatriota Mohsen Gharaei presentará en la sección Orrizonti el drama social Caregiver. Pero la sorpresa quizá mayor sea The Difficult Bride, de la bangladesí Rubaiyat Hossain: es la primera película en bengalí seleccionada en una sección competitiva de Venecia, un logro que la directora —cuyo proyecto recibió fondos de la Fondazione Prada— vivió como un viaje personal tras la muerte de su padre y una enfermedad, filmando incluso en su propia casa sin saber que la obra acabaría en un festival de primera línea.
Así, en los mismos días en que Venecia proyecta un documental generado casi por completo con inteligencia artificial (Be Brave, sobre el fundador de Diesel) y Alex Gibney presenta un filme de casi cuatro horas sobre Elon Musk, los pasillos del Lido acogerán el pulso de un cine que se resiste a borrar sus orígenes. La imagen final quizá no sea la del aplauso en el Palazzo del Cinema, sino la de un joven bangladesí que, al conocer la noticia, busca en internet el nombre de su directora, o la de un directioner en México que, tras leer el tuit de Louis Tomlinson, pone por enésima vez What Makes You Beautiful antes de cerrar los ojos. La cultura, en 2026, se hace de retazos íntimos que el mundo recoge con una mezcla de melancolía y asombro.
| Prensa latinoamericana | +0.20 | neutral |
|---|---|---|
| Prensa india y del sur de Asia | +0.70 | aligned |
| Prensa europea continental | −0.20 | neutral |
| Prensa iraní y afín | +0.10 | neutral |
The Venice festival embraces independent cinema and pop nostalgia, celebrating a cultural moment where audiences seek new voices and comforting memories.
By presenting disparate events (Harry Styles, Oasis, independent cinema) as manifestations of a single cultural trend, the bloc creates an impression of coherence and inevitability.
The focus on industry and nostalgia overlooks specific national representations, such as Iranian and Bengali films.
Bengali cinema makes its historic entry in Venice, proving that local talent deserves a global stage.
By focusing on a single national film and presenting it as a historic first, the discourse transforms a single event into a symbol of national vindication.
The broader festival context and other competing films are omitted to focus on the single national film.
Rumors of new albums are denied, while old hits are revived through remixes: the festival is just a backdrop for music news.
By selecting only the most controversial or nostalgic music news and ignoring the film programming, the focus is shifted from the festival to music.
The festival's film programming is completely absent, replaced by music news.
The Venice film list is complete and includes Iranian works, confirming the festival's role as a global showcase.
The mere enumeration of titles, with special emphasis on Iranian entries, builds an image of participation and international recognition.
The narrative of a paradigm shift towards independent cinema and pop nostalgia, present in other readings, is ignored.
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