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Sociedadmiércoles, 17 de junio de 2026

Muere Carlo Ginzburg, el historiador que dio voz a los olvidados con la microhistoria

El italiano, autor de 'El queso y los gusanos', falleció a los 87 años en Bolonia, dejando un legado que transformó la historiografía mundial.

El historiador italiano Carlo Ginzburg, figura central de la microhistoria y uno de los intelectuales más influyentes de las últimas décadas, falleció en la noche del 17 de junio de 2026 en Bolonia a los 87 años. La noticia, confirmada por su familia y por el centro cultural Polo del '900 de Turín, desató una ola de tributos desde todos los continentes. Su hija, la escritora Lisa Ginzburg, se despidió con un escueto «Ciao papà mio» en Instagram, mientras el alcalde de Bolonia, Matteo Lepore, lamentaba la pérdida de «una de las figuras más brillantes del pensamiento crítico italiano». Ginzburg era profesor emérito de la Scuola Normale Superiore de Pisa y había enseñado en Harvard, Yale, Princeton y California, pero su influencia se extendió mucho más allá de las aulas: sus libros, traducidos a más de veinte lenguas, convirtieron a un molinero del siglo XVI en un clásico de la historiografía mundial.

Nacido en Turín en 1939, hijo del intelectual antifascista Leone Ginzburg —muerto en 1944 por las torturas nazis— y de la novelista Natalia Ginzburg, Carlo creció en un ambiente marcado por la resistencia política y la alta cultura. Esa herencia dual, entre el compromiso civil y la sensibilidad narrativa, impregnó toda su obra. Tras formarse en Pisa y en el Warburg Institute de Londres, irrumpió en 1966 con 'I Benandanti', un estudio sobre un culto pagano de campesinos friulanos perseguidos por la Inquisición. Pero fue 'Il formaggio e i vermi' (1976) —traducido al español como 'El queso y los gusanos'— el libro que lo consagró: a partir del proceso inquisitorial contra el molinero Menocchio, Ginzburg reconstruyó la cosmovisión de un hombre iletrado y demostró que la cultura popular no era mera receptora pasiva de la doctrina oficial, sino un espacio de circulación y resistencia de ideas.

Desde América Latina, la recepción de Ginzburg fue particularmente intensa. En Argentina, sus textos fueron difundidos en las aulas de la Universidad de Buenos Aires por historiadores como José Emilio Burucúa y Aníbal Ford, y el Fondo de Cultura Económica acaba de publicar 'El hilo y las huellas', volumen que reúne sus reflexiones sobre lo verdadero, lo falso y lo ficticio. En México, medios como Aristegui Noticias destacaron su pensamiento crítico y su empeño en rescatar a los perseguidos, una sensibilidad que resonó en sociedades marcadas por la violencia política. Analistas en España subrayan que la microhistoria, con su atención a los márgenes y a las voces subalternas, ofreció una herramienta poderosa para repensar las narrativas nacionales y el lugar de los vencidos.

El método de Ginzburg, que él mismo denominó «paradigma indiciario», proponía leer los detalles aparentemente insignificantes —un gesto, una omisión en un expediente— como pistas para acceder a realidades más amplias. Esa aproximación, deudora del psicoanálisis y de la connoisseurship artística, transformó la manera de interrogar los archivos. En Italia, su magisterio dejó una huella profunda: discípulos como Pasquale Terracciano recuerdan la «euforia de la ignorancia» que Ginzburg sabía provocar, esa mezcla de rigor y asombro que convertía cada seminario en una aventura intelectual. En el mundo anglosajón, su obra fue acogida como un correctivo a las grandes narrativas estructurales, y en Francia, 'Le Temps' y 'Le Devoir' lo despidieron como un gran explorador de la Edad Media y el Renacimiento.

Con su muerte, la historiografía pierde a un maestro que nunca dejó de insistir en que el pasado es un viaje al mundo de los muertos, pero también un acto de justicia. Su legado perdura en una legión de investigadores que, desde Europa, las Américas y Asia, siguen aplicando la lente microscópica para iluminar las zonas de sombra de la historia. Como él mismo dijo en una de sus últimas entrevistas, «el individuo desaparece pero las generaciones se suceden; lo nuevo es la fragilidad del planeta». Esa conciencia de la finitud, personal y colectiva, impregna una obra que seguirá interpelando a lectores y estudiosos mientras haya archivos por explorar y olvidados a quienes devolver la palabra.

Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.

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Stampa europea continentaleStampa russa e CSI
Stampa europea continentale/ mediterranea
trionfopragmatismo

Con la muerte de Carlo Ginzburg, la cultura italiana pierde a uno de sus intelectuales más influyentes. Hijo de Leone y Natalia Ginzburg, revolucionó la historiografía con la microhistoria, dando voz a los marginados en obras como 'El queso y los gusanos'. Su legado académico, de Bolonia a Harvard, sigue siendo un referente mundial.

Stampa russa e CSI/ stato
pragmatismodistacco

El historiador italiano Carlo Ginzburg, pionero de la microhistoria, ha muerto a los 87 años. Especialista en historia medieval y moderna, estudió las creencias populares y la brujería. Su libro 'El queso y los gusanos' reconstruyó la cosmovisión de un molinero del siglo XVI.

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miércoles, 17 de junio de 2026

Muere Carlo Ginzburg, el historiador que dio voz a los olvidados con la microhistoria

El italiano, autor de 'El queso y los gusanos', falleció a los 87 años en Bolonia, dejando un legado que transformó la historiografía mundial.

El historiador italiano Carlo Ginzburg, figura central de la microhistoria y uno de los intelectuales más influyentes de las últimas décadas, falleció en la noche del 17 de junio de 2026 en Bolonia a los 87 años. La noticia, confirmada por su familia y por el centro cultural Polo del '900 de Turín, desató una ola de tributos desde todos los continentes. Su hija, la escritora Lisa Ginzburg, se despidió con un escueto «Ciao papà mio» en Instagram, mientras el alcalde de Bolonia, Matteo Lepore, lamentaba la pérdida de «una de las figuras más brillantes del pensamiento crítico italiano». Ginzburg era profesor emérito de la Scuola Normale Superiore de Pisa y había enseñado en Harvard, Yale, Princeton y California, pero su influencia se extendió mucho más allá de las aulas: sus libros, traducidos a más de veinte lenguas, convirtieron a un molinero del siglo XVI en un clásico de la historiografía mundial.

Nacido en Turín en 1939, hijo del intelectual antifascista Leone Ginzburg —muerto en 1944 por las torturas nazis— y de la novelista Natalia Ginzburg, Carlo creció en un ambiente marcado por la resistencia política y la alta cultura. Esa herencia dual, entre el compromiso civil y la sensibilidad narrativa, impregnó toda su obra. Tras formarse en Pisa y en el Warburg Institute de Londres, irrumpió en 1966 con 'I Benandanti', un estudio sobre un culto pagano de campesinos friulanos perseguidos por la Inquisición. Pero fue 'Il formaggio e i vermi' (1976) —traducido al español como 'El queso y los gusanos'— el libro que lo consagró: a partir del proceso inquisitorial contra el molinero Menocchio, Ginzburg reconstruyó la cosmovisión de un hombre iletrado y demostró que la cultura popular no era mera receptora pasiva de la doctrina oficial, sino un espacio de circulación y resistencia de ideas.

Desde América Latina, la recepción de Ginzburg fue particularmente intensa. En Argentina, sus textos fueron difundidos en las aulas de la Universidad de Buenos Aires por historiadores como José Emilio Burucúa y Aníbal Ford, y el Fondo de Cultura Económica acaba de publicar 'El hilo y las huellas', volumen que reúne sus reflexiones sobre lo verdadero, lo falso y lo ficticio. En México, medios como Aristegui Noticias destacaron su pensamiento crítico y su empeño en rescatar a los perseguidos, una sensibilidad que resonó en sociedades marcadas por la violencia política. Analistas en España subrayan que la microhistoria, con su atención a los márgenes y a las voces subalternas, ofreció una herramienta poderosa para repensar las narrativas nacionales y el lugar de los vencidos.

El método de Ginzburg, que él mismo denominó «paradigma indiciario», proponía leer los detalles aparentemente insignificantes —un gesto, una omisión en un expediente— como pistas para acceder a realidades más amplias. Esa aproximación, deudora del psicoanálisis y de la connoisseurship artística, transformó la manera de interrogar los archivos. En Italia, su magisterio dejó una huella profunda: discípulos como Pasquale Terracciano recuerdan la «euforia de la ignorancia» que Ginzburg sabía provocar, esa mezcla de rigor y asombro que convertía cada seminario en una aventura intelectual. En el mundo anglosajón, su obra fue acogida como un correctivo a las grandes narrativas estructurales, y en Francia, 'Le Temps' y 'Le Devoir' lo despidieron como un gran explorador de la Edad Media y el Renacimiento.

Con su muerte, la historiografía pierde a un maestro que nunca dejó de insistir en que el pasado es un viaje al mundo de los muertos, pero también un acto de justicia. Su legado perdura en una legión de investigadores que, desde Europa, las Américas y Asia, siguen aplicando la lente microscópica para iluminar las zonas de sombra de la historia. Como él mismo dijo en una de sus últimas entrevistas, «el individuo desaparece pero las generaciones se suceden; lo nuevo es la fragilidad del planeta». Esa conciencia de la finitud, personal y colectiva, impregna una obra que seguirá interpelando a lectores y estudiosos mientras haya archivos por explorar y olvidados a quienes devolver la palabra.

Divergencia de las fuentes

Sociedad · 21 medios · 6 idiomas

23%Baja

Cómo las fuentes narran los mismos hechos de manera diferente.

Cómo se dividen

Favorable87%
Neutral13%

Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.

2 grupos editoriales · 6 idiomas

TonoTemperaturaEnfoquePosicionamientoHorizonte
Stampa europea continentaleStampa russa e CSI
Stampa europea continentale/ mediterranea
trionfopragmatismo

Con la muerte de Carlo Ginzburg, la cultura italiana pierde a uno de sus intelectuales más influyentes. Hijo de Leone y Natalia Ginzburg, revolucionó la historiografía con la microhistoria, dando voz a los marginados en obras como 'El queso y los gusanos'. Su legado académico, de Bolonia a Harvard, sigue siendo un referente mundial.

Stampa russa e CSI/ stato
pragmatismodistacco

El historiador italiano Carlo Ginzburg, pionero de la microhistoria, ha muerto a los 87 años. Especialista en historia medieval y moderna, estudió las creencias populares y la brujería. Su libro 'El queso y los gusanos' reconstruyó la cosmovisión de un molinero del siglo XVI.

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