
Moscú sufre uno de los mayores ataques con drones ucranianos del año, con una refinería incendiada
La defensa aérea rusa interceptó más de 150 drones en una noche, pero uno impactó en la refinería de Kapotniya, que abastece el 40% del combustible de la capital, mientras los aeropuertos restringían operaciones.
La madrugada del 17 de junio pasará a la historia reciente de Moscú como una de las más agitadas desde el inicio de la guerra. Una oleada de drones ucranianos de ala fija penetró en el espacio aéreo de la capital y de una docena de regiones rusas, obligando a las defensas antiaéreas a una respuesta sin precedentes. El Ministerio de Defensa ruso informó de la interceptación de 157 aparatos durante la noche, aunque otras fuentes elevaron la cifra a 172 al incluir derribos sobre el mar de Azov y el mar Negro. El episodio más simbólico fue el impacto de al menos un dron en la refinería de Kapotniya, en el sureste de la ciudad, que provocó un incendio de grandes proporciones y una densa columna de humo negro. La planta suministra cerca del 40% de los hidrocarburos que consume la metrópoli, y aunque las llamas fueron extinguidas sin víctimas, el ataque perforó la narrativa oficial que presenta a Moscú como la urbe mejor protegida de Rusia.
La dimensión del asalto se reveló en las horas siguientes. El alcalde Serguéi Sobianin comunicó que, solo en los accesos a la capital, los sistemas de defensa derribaron 18 drones durante la noche, cifra que fue escalando con el paso de la mañana hasta alcanzar los 25 aparatos abatidos. La ofensiva no se limitó al perímetro moscovita: las autoridades regionales reportaron intercepciones en Bélgorod, Briansk, Kursk, Kaluga, Tula, Oriol, Smolensk, Lípetsk, Tver, Riazán, Rostov, Astracán, Krasnodar y Crimea, además de las aguas del mar Negro. Los aeropuertos de Vnúkovo y Domodédovo, así como los de Gelendzhik, Krasnodar, Kaluga, Yaroslavl y Sochi, impusieron restricciones temporales a los vuelos. Para poner en perspectiva la envergadura del ataque, el anterior récord de drones dirigidos contra Moscú se había registrado el 17 de mayo, con 81 aparatos neutralizados; la cifra de la noche del lunes casi duplicó esa marca.
Desde la óptica de Bruselas, analistas de seguridad interpretan esta escalada como un mensaje deliberado de Kiev: demostrar que la guerra puede golpear el corazón político y económico de Rusia incluso mientras las tropas ucranianas resisten en el frente oriental. El mismo día, el Ministerio de Defensa ruso anunció la destrucción de 101 puestos de mando de drones ucranianos en la zona de operaciones especiales, lo que revela una carrera contrarreloj entre la capacidad ofensiva de Kiev y los esfuerzos rusos por desmantelar su infraestructura de pilotaje remoto. En América Latina, expertos en seguridad urbana observan con atención el empleo masivo de drones contra una megalópolis, pues sienta precedentes sobre la vulnerabilidad de las grandes capitales frente a enjambres de aparatos no tripulados, un escenario que hasta ahora pertenecía más a la ficción distópica que a la realidad.
El ataque múltiple contra Moscú y sus alrededores deja varias lecturas abiertas. Por un lado, confirma la creciente sofisticación y alcance de la industria de drones ucraniana, capaz de organizar incursiones coordinadas a cientos de kilómetros de sus fronteras. Por otro, expone las fisuras de un sistema de defensa aérea que, pese a su densidad, no puede garantizar una protección absoluta del espacio aéreo metropolitano. Mientras el Kremlin insiste en que todas las amenazas fueron neutralizadas, los vídeos difundidos en redes sociales rusas mostraron trayectorias de vuelo y explosiones que alimentan el debate ciudadano sobre la seguridad real de la capital. La comunidad internacional, desde Washington hasta Pekín, sigue con preocupación un conflicto en el que los drones han dejado de ser un mero apoyo táctico para convertirse en un arma estratégica capaz de redefinir la geografía del miedo.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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Las defensas aéreas rusas neutralizaron con éxito un ataque masivo de drones ucranianos, derribando más de 150 en una sola noche, incluidas decenas que se dirigían a Moscú. Las autoridades reportan daños mínimos y destacan la eficacia de los sistemas de protección de la capital.
Rusia afirmó haber interceptado y destruido 172 drones ucranianos en una noche, incluidos 60 en la región de Moscú. Los reportes se ciñen a las cifras oficiales sin comentarios adicionales, describiendo el ataque como uno de los mayores jamás lanzados contra la capital.
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