
Las olas de calor disparan las urgencias pediátricas en Europa: uno de cada cuatro casos en Roma se vincula a las temperaturas extremas
Los hospitales de Berlín y Roma reportan un aumento de ingresos por golpes de calor, deshidratación y, en casos aislados, meningitis, mientras los especialistas instan a reforzar la prevención en los menores.
Los servicios de urgencias pediátricas de varias capitales europeas registran un incremento de atenciones directamente relacionado con la ola de calor que afecta al continente. En el Hospital Bambino Gesù de Roma, alrededor del 25 % de los accesos estivales a urgencias son atribuibles, directa o indirectamente, a las altas temperaturas: un 5 % corresponde a cuadros estrictamente térmicos como golpes de calor, síncopes y deshidratación, mientras que el 20 % restante agrupa patologías —vómitos, diarrea, fiebre— que el calor agrava de forma acelerada. En Berlín, la red de clínicas Vivantes ha comunicado el ingreso de niños con cefaleas intensas, convulsiones febriles y golpes de calor clásicos, además de casos muy puntuales de meningitis bacteriana cuya aparición se ve facilitada por el debilitamiento orgánico que provoca la hipertermia.
El mecanismo que explica esta vulnerabilidad tiene una base fisiológica: el sistema de termorregulación de los niños, en especial de los lactantes, es aún inmaduro y su superficie cefálica proporcionalmente mayor favorece una absorción más rápida del calor. A esto se suma, según advierten desde la pediatría italiana, el fenómeno de las islas de calor urbanas, donde el asfalto puede alcanzar entre 60 y 80 °C y la escasa ventilación mantiene las temperaturas nocturnas elevadas. La Sociedad Italiana de Medicina de Emergencia y Urgencia Pediátrica (Simeup) estima un aumento de entre el 5 % y el 10 % en las consultas a urgencias durante estos días, con un perfil de pacientes que incluye tanto a niños previamente sanos como a aquellos con patologías crónicas —cardiopatías, diabetes, enfermedades oncológicas— cuyo cuadro clínico se descompensa con el calor extremo.
Los signos de alarma que los especialistas de distintos sistemas sanitarios coinciden en señalar son la boca seca, la reducción de la diuresis —en neonatos, un pañal seco durante horas—, la irritabilidad, la somnolencia inhabitual, las náuseas y los calambres. Desde la atención primaria sueca, el médico Jesper Salén subraya que la confusión, los mareos y la piel enrojecida, caliente y seca indican un golpe de calor con afectación neurológica, y que la incapacidad de beber es un signo de gravedad que obliga a activar los servicios de emergencia. En el Reino Unido, los médicos del NHS advierten además que el consumo de alcohol durante las olas de calor acelera la deshidratación, dilata los vasos sanguíneos y altera la percepción del riesgo, lo que puede retrasar la identificación de los síntomas en adolescentes y adultos jóvenes.
Las recomendaciones preventivas, recogidas por los hospitales romanos y difundidas por las sociedades científicas, insisten en la hidratación frecuente incluso sin sed, la evitación de la actividad física y la exposición solar entre las 11:00 y las 17:00, el uso de ropa ligera de fibras naturales, la protección del cráneo con sombreros y la permanencia en ambientes ventilados. El siguiente hito a observar es la evolución de la propia ola de calor y su duración, ya que la exposición prolongada multiplica el riesgo de complicaciones. Los pediatras italianos recuerdan que, ante fiebre persistente, vómitos repetidos o alteración del nivel de conciencia, la derivación urgente al hospital sigue siendo la medida de seguridad más eficaz.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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La prensa anglosajona advierte sobre los peligros de beber alcohol durante la ola de calor, destacando que las altas temperaturas agravan la deshidratación y afectan el juicio. Las autoridades sanitarias recomiendan precaución y ofrecen consejos prácticos para mantenerse a salvo. El tono es mesurado y centrado en la responsabilidad personal.
Los medios de la Europa continental dan la voz de alarma por el aumento de hospitalizaciones infantiles debido a golpes de calor y deshidratación, con las urgencias de ciudades como Roma y Berlín registrando un pico de ingresos. Los expertos difunden guías y decálogos para que los padres reconozcan síntomas como boca seca, escasez de orina y somnolencia. La cobertura combina urgencia informativa con un tono protector hacia los más pequeños.
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