
Ecuador eleva protesta formal a FIFA tras la ruidosa 'serenata' mexicana que buscó desvelar a su selección
La Federación Ecuatoriana de Fútbol denunció las acciones como contrarias al juego limpio, mientras la afición mexicana defendió una tradición polarizante del fútbol latinoamericano.
La Federación Ecuatoriana de Fútbol (FEF) presentó un reclamo oficial ante la organización del Mundial 2026 por los incidentes registrados la noche previa al partido de dieciseisavos de final contra México, cuando decenas de aficionados locales se congregaron frente al hotel de concentración en la exclusiva zona de Santa Fe con el propósito explícito de perturbar el descanso del plantel visitante. En un comunicado difundido horas antes del encuentro, el organismo sudamericano calificó el proceder como alejado de “los principios de juego limpio, equidad y unidad que un mundial de fútbol debería representar”, y exigió a las autoridades reforzar las garantías de seguridad para jugadores, cuerpo técnico e hinchas ecuatorianos.
La movilización, organizada a través de redes sociales, se prolongó desde la medianoche hasta la madrugada del martes. Los seguidores del Tri emplearon bocinas de automóviles, motocicletas aceleradas, megáfonos, tambores, cubetas y equipos de sonido para generar un estruendo constante, mientras entonaban cánticos como el tradicional “Cielito Lindo” y el polémico grito homofóbico que ha sido sancionado en anteriores torneos. Aunque el hotel contaba con ventanas antirruido que, según reportes de aficionados ecuatorianos hospedados allí, mitigaron el impacto, la concentración se mantuvo pese a la lluvia y a la presencia de elementos de la Guardia Nacional y la policía capitalina, que instalaron un cerco perimetral sin dispersar por completo la manifestación. Desde la óptica de analistas en Ciudad de México, la “serenata” se inscribe en una práctica profundamente arraigada en el fútbol latinoamericano, habitual en la Copa Libertadores, que oscila entre la picardía popular y la ventaja desleal.
El episodio se sumó a una llegada ya de por sí accidentada para la delegación ecuatoriana. El entrenador Sebastián Beccacece denunció que el vuelo desde Columbus, Ohio, sufrió un retraso de más de tres horas, lo que convirtió un trayecto previsto de tres horas y media en una odisea de nueve horas. El equipo aterrizó en el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles, a 65 kilómetros del hotel, y debió atravesar el intenso tráfico de la capital agravado por la lluvia nocturna. La estrategia de arribar a última hora buscaba contrarrestar los efectos de los 2.200 metros de altitud de la Ciudad de México mediante el método de “llegar y jugar” que emplean las ligas estadounidenses, pero los contratiempos logísticos y la recepción hostil alteraron los planes de aclimatación.
Las reacciones en el entorno ecuatoriano combinaron indignación y minimización. Un video viral protagonizado por un niño desde la ventana del hotel calificó la acción de “salvajada” y pidió la intervención del presidente de la FIFA, Gianni Infantino. En contraste, varios aficionados entrevistados en las inmediaciones del Estadio Ciudad de México restaron importancia al ruido: “Estamos acostumbrados a dormir con ruido, somos muy fiesteros”, declaró un seguidor quiteño, mientras otro interpretó la maniobra como “preocupación” del rival. Desde la prensa mexicana, el periodista Javier Alarcón calificó las serenatas como “síntoma de aficiones futboleras tercermundistas”, una crítica que resonó en sectores de la propia hinchada local que reprobaron la falta de deportividad.
El ambiente se trasladó al coloso de Santa Úrsula, donde la afición mexicana abucheó el himno ecuatoriano y recibió el autobús visitante con insultos y espuma, en una jornada que también tuvo gestos de solidaridad con Venezuela tras el terremoto en La Guaira. Con el pase a octavos de final en juego, la FEF cerró su comunicado con una promesa que elevó la tensión: “Ecuador siempre responderá en la cancha estas acciones antideportivas”. El ganador del cruce enfrentará en la siguiente ronda al vencedor de la llave entre Inglaterra y RD Congo, en un duelo que se perfila como uno de los más atractivos de la fase.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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La prensa latinoamericana enmarca el incidente como una 'guerra psicológica' de los aficionados mexicanos, que con insultos, bocinas y música a todo volumen buscaron desestabilizar a Ecuador. Se resalta la ironía de llamar 'serenata' a un asedio nocturno cargado de cánticos homófobos y vulgaridades, expresando indignación por la perturbación del descanso del equipo visitante.
Los medios indios y sudasiáticos informan del suceso como un comportamiento ruidoso pero típico de los aficionados, con cientos de personas reunidas frente al hotel con tambores y cánticos. La cobertura se mantiene distante, describiendo el intento de perturbar el sueño sin juicios morales, y en ocasiones con un tono ligeramente divertido por el ingenio de la afición local.
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