
La OTAN encara en Ankara su crisis más profunda entre exigencias de Trump y autonomía europea
La cumbre de la Alianza en Turquía expone fracturas por el gasto militar, la guerra con Irán y el impulso de Canadá a un banco de defensa de potencias medias.
La cumbre de la OTAN que se celebra los días 7 y 8 de julio en Ankara llega marcada por una fractura múltiple que, según fuentes diplomáticas europeas, no tiene precedentes en sus 77 años de historia. El presidente estadounidense, Donald Trump, ha condicionado la continuidad del compromiso de Washington a que los 31 aliados eleven su gasto militar al 5 % del PIB y ha reprochado públicamente a Roma su negativa a permitir el uso de bases en Sicilia para operaciones de reabastecimiento durante la guerra con Irán. En paralelo, la Casa Blanca ha comunicado a la Alianza una reducción significativa de su presencia militar en Europa, incluida la retirada de un grupo de portaaviones y de todos los submarinos asignados, con el argumento de que el continente debe asumir “la responsabilidad principal de su defensa”. Desde la óptica de Bruselas, la presión estadounidense acelera un replanteamiento estratégico que ya estaba en marcha.
Frente a esa exigencia, las capitales europeas han respondido con un doble movimiento. Por un lado, la presidenta del Parlamento Europeo, Roberta Metsola, subrayó en vísperas de la cita que “Europa debe asumir una mayor responsabilidad por su propia seguridad”, en sintonía con la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, quien reclamó “tener el estómago para luchar”. Por otro, el Gobierno italiano, a través del ministro de Defensa, Guido Crosetto, ha ofrecido participar en una nueva misión de imposición de la paz en Líbano que sustituya a la FPNUL y contribuya a desarmar a Hezbolá, una operación que Washington y Jerusalén consideran prioritaria. Sin embargo, Roma mantiene su resistencia a una misión naval de la OTAN en el estrecho de Ormuz mientras no concluya formalmente el conflicto armado entre Estados Unidos e Irán, una posición que, según analistas en Madrid, refleja el dilema de los aliados mediterráneos entre la lealtad transatlántica y la estabilidad regional.
En ese contexto de tensiones, Canadá ha impulsado la creación del Banco de Defensa, Seguridad y Resiliencia (DSRB, por sus siglas en inglés), una entidad multilateral que aspira a movilizar hasta 100 000 millones de libras esterlinas en financiación de bajo costo para proyectos de defensa. La iniciativa, que Ottawa espera anunciar durante la cumbre con una decena de miembros fundadores —en su mayoría europeos—, se enmarca en la apuesta del primer ministro Mark Carney por una alianza de “potencias medias” que reduzca la dependencia de Washington. Según la negociadora jefe canadiense, Isabelle Hudon, el banco nace de la constatación de que el orden mundial liderado por Estados Unidos se está fragmentando, una percepción compartida en círculos diplomáticos latinoamericanos que observan el reacomodo de fuerzas con atención a sus efectos sobre el multilateralismo.
El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, ha intentado contener las heridas recordando al público estadounidense que los aliados ya han puesto sus bases a disposición de las operaciones en Irán y que las inversiones europeas en la industria militar generan cientos de miles de empleos en Estados Unidos. Al mismo tiempo, el general Alexus Grynkewich, del Pentágono, reconoció que los aliados europeos han cubierto en semanas la mayoría de las brechas dejadas por las reducciones estadounidenses en los planes de defensa. La cumbre de Ankara se perfila así como un punto de inflexión: mientras la Casa Blanca insiste en que la OTAN debe ser “una vía de doble sentido”, los socios europeos y Canadá avanzan hacia una arquitectura de seguridad más autónoma. El anuncio formal del DSRB y la negociación de los compromisos de capital de los países fundadores serán los primeros indicadores concretos de hacia dónde se inclina la balanza.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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The NATO summit in Ankara is marked by uncertainty: Europe seeks strategic autonomy while Trump issues ultimatums. The article highlights the risk of a unilateral US disengagement and the need for Europe to speak with a united voice, especially on Ukraine.
The NATO summit in Ankara is seen as a threat to Russia, with the alliance seeking to strengthen under US pressure. Russian media emphasize Ukrainian attacks and the need for defense, portraying NATO as the aggressor.
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