
La nueva geografía del saber: becas europeas, filantropía islámica y reformas estatales
Desde Yakarta hasta Buenos Aires, pasando por Singapur y Moscú, emergen modelos diversos para financiar y transformar la educación superior.
En Yakarta, Almira Rahma recibe la confirmación de una travesía intelectual que la llevará por varias universidades europeas gracias al programa Erasmus Mundus. “Es un impulso para crecer en lo académico, lo profesional y lo personal”, dice la joven indonesia, una de los 90 estudiantes de su país que este año inician un máster en el continente. Setenta y ocho de ellos lo hacen con beca completa de la Unión Europea, una apuesta que, en palabras del embajador Denis Chaibi, representa “una inversión en el futuro de Indonesia y un puente duradero entre regiones”.
Mientras Bruselas financia la movilidad desde el Sudeste Asiático, otras fórmulas ensanchan las rutas del aprendizaje desde América Latina. La Organización de los Estados Americanos y la Universidad Europea lanzaron 75 descuentos del 50 % para maestrías virtuales impartidas desde España. Dirigidos a ciudadanos de países miembros de la OEA —con Argentina como uno de los focos—, los programas abarcan desde neuropsicología y bioinformática hasta diseño de videojuegos y comunicación política. La modalidad en línea reduce la barrera de la distancia y los costes, aunque no los elimina: el beneficiario debe cubrir la mitad de la matrícula y los gastos adicionales, y la convocatoria cierra en septiembre de 2026.
En paralelo, en el Sudeste Asiático la filantropía islámica se consolida como un motor de educación y cohesión social. A finales de julio, el Majlis Ugama Islam Singapura (MUIS) distribuyó más de ocho millones de dólares de fondos wakaf —donaciones religiosas con fines benéficos— para sostener dieciocho mezquitas, siete madrasas y una treintena de organizaciones islámicas en la ciudad-Estado. El anuncio se produjo durante la ceremonia de entrega en el Centro Islámico de Singapur, ante unos setenta invitados, y supone un incremento del 6,6 % respecto al año anterior. El director ejecutivo, Encik Kadir Maideen, subrayó el compromiso de gestionar estos recursos para generar un ingreso sostenible que alcance a las próximas generaciones. A pocos kilómetros, en Indonesia, el Congreso de Umat Islam (KUII) sirvió de escenario para la firma de un memorando entre el Consejo de Ulama (MUI) y la fundación Sharing Happiness, con el fin de fortalecer el ecosistema del zakat, el infak y el wakaf. “Queremos que la filantropía se traduzca en acciones concretas”, explicó Agustin Santriana, portavoz de la fundación, que ve en la alianza una vía para profesionalizar la gestión de fondos y ampliar programas de educación, salud y empoderamiento económico. Como eco de esa estrategia, quince estudiantes de la Universidad Muhammadiyah de Yakarta iniciaron una pasantía colectiva en la agencia nacional de zakat (BAZNAS), donde rotarán por las divisiones de recaudación, marketing y recursos humanos para conocer la ingeniería del sistema desde dentro.
Rusia, mientras tanto, encara una transformación sistémica de su educación superior. El viceministro de Ciencia y Educación Superior, Konstantín Moguilevski, confirmó que todas las universidades del país deberán haber migrado al nuevo modelo antes de 2030. El plan, en fase piloto desde 2023 en seis instituciones y ampliado en 2026 a otras once —incluidas la Universidad Técnica Bauman y el Instituto de Física y Tecnología de Moscú—, establece tres niveles: formación básica (de 4 a 6 años), especializada (máster, residencia, asistencia) y el doctorado como etapa profesionalizante. Las autoridades insisten en que la reforma no afectará a los alumnos ya matriculados y piden “actuar con calma” para no perjudicar la calidad, según declaró Moguilevski a la agencia RIA Nóvosti.
Así, desde la pantalla de un aspirante argentino explorando becas de la OEA hasta el silencio de una madrasa singapurense que estrena equipamiento, el mapa de la educación superior se redibuja con trazos múltiples: ayudas públicas europeas, fondos religiosos del Sudeste Asiático, reformas estatales en el espacio postsoviético y plataformas virtuales que acortan el Atlántico. El rasgo común es la búsqueda de recursos y mecanismos que hagan posible la formación avanzada en economías golpeadas por la inflación o en sociedades que asocian el saber con la piedad y el progreso colectivo.
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