
La eurozona gana resiliencia ante crisis y el BCE recupera margen para ajustar tipos
Christine Lagarde defendió en Sintra la subida de tasas como una decisión robusta, respaldada por la mayor capacidad del bloque para absorber choques externos sin desestabilizar su sistema financiero.
La presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, afirmó en el foro anual de banqueros centrales en Sintra que la eurozona ha desarrollado una resiliencia considerable frente a perturbaciones externas, lo que permite a la política monetaria centrarse en la estabilización de la inflación mediante ajustes medidos de los tipos de interés, reunión tras reunión. La declaración se produjo semanas después de que el BCE elevara las tasas por primera vez desde 2023 en respuesta al choque energético derivado del conflicto en Oriente Medio, una decisión que calificó de “robusta” y que, según dijo, ningún dato posterior ha puesto en duda.
Esa capacidad de absorción se sustenta, desde la óptica de Fráncfort, en un conjunto de reformas institucionales y herramientas de política monetaria. Lagarde mencionó el Instrumento de Protección de la Transmisión, que reduce los riesgos de fragmentación financiera y movimientos injustificados en los diferenciales de deuda soberana, así como la supervisión bancaria única y el marco de resolución europeo, que han reforzado al sector. A ello se suma el desarrollo de instrumentos de deuda común como Next Generation EU y la transición hacia energías limpias, que en países como España y Portugal ya desvincula parcialmente los precios mayoristas de la electricidad de las cotizaciones del gas.
El impacto de esta arquitectura se ha hecho visible en la resistencia de la región a la ofensiva arancelaria estadounidense y a la que la Agencia Internacional de la Energía calificó como la mayor interrupción de la oferta de petróleo de la historia. Analistas en Londres y en la capital financiera alemana señalan que el anclaje de las expectativas de inflación en torno al 2% —destacado por Lagarde— ha sido clave para contener efectos de segunda ronda. Además, la función de reacción del BCE es ahora bien comprendida por los mercados, que ajustan las condiciones financieras por anticipado, otorgando tiempo a los responsables para evaluar la evolución de cada crisis antes de comprometer un curso de acción.
El siguiente hito factual será el informe de inflación de la eurozona, que se espera muestre una desaceleración en junio hasta el 3% interanual, frente al 3,2% de mayo. Mientras algunos analistas en centros financieros europeos consideran que no serán necesarias nuevas subidas, los inversores aún descuentan un alza adicional de un cuarto de punto. Lagarde advirtió que cualquier señal de desanclaje de las expectativas de inflación a largo plazo exigiría una respuesta, por lo que la atención se centra ahora en la próxima reunión del Consejo de Gobierno y en los datos de precios que la precederán.
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El BCE pasa página de las medidas excepcionales y vuelve a su misión principal de estabilidad de precios. La nueva resiliencia de Europa ante los choques externos le da margen para actuar de forma mesurada, reunión a reunión. La subida de tipos fue una decisión sólida y nada de lo observado desde entonces la ha puesto en duda.
Europa se está volviendo menos vulnerable a los choques económicos, lo que permite al BCE suavizar la lucha contra la inflación que libró con fuerza en 2022-23. El banco central señala que quizás no necesite subir los tipos de forma agresiva, siendo posible un aumento moderado. Se destaca la mayor resiliencia del sistema bancario.
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