
La crisis de combustible rusa se desborda hacia Asia Central: Kirguistán pide ayuda a seis países
La escasez de gasolina provocada por los ataques ucranianos a refinerías obliga a los vecinos de Rusia a buscar suministros alternativos ante el racionamiento interno.
La crisis de combustibles que sacude a Rusia ha traspasado sus fronteras. Kirguistán, que importa el 90 % de su gasolina del mercado ruso, solicitó formalmente asistencia a Rusia, Kazajistán, Bielorrusia, Azerbaiyán, Uzbekistán y Turkmenistán para garantizar suministros estables, según confirmó su Ministerio de Energía. La medida expone la profundidad de un desabastecimiento que ya obliga a más de 40 regiones rusas a racionar el carburante, mientras las importaciones de emergencia desde India y Bielorrusia apenas contienen el déficit.
El detonante son los ataques sistemáticos con drones ucranianos contra la infraestructura de refinación. De acuerdo con declaraciones recogidas en la Duma, un tercio de las refinerías rusas estaría fuera de servicio, y la planta de Moscú permanecerá inactiva al menos hasta fin de año. La producción de gasolina y diésel se ha contraído, y el Gobierno autorizó el retorno a combustibles de menor calidad para aliviar la presión. En paralelo, el viceprimer ministro Alexander Novak atribuye los cortes a “cambios logísticos” y asegura que las reservas totales son suficientes, aunque reconoce que las regiones sin presencia de grandes petroleras verticalmente integradas sufren la peor parte.
El impacto social y económico se agrava. En zonas agrícolas como Krasnodar y Transbaikalia, los agricultores temen no poder cosechar; en Crimea rige un estado de excepción que restringe el abastecimiento a ambulancias y vehículos oficiales. Las escenas de largas filas, peleas en gasolineras y un mercado negro resurgente se multiplican. Una encuesta de Gallup indica que el 56 % de los rusos está descontento con su nivel de vida, el máximo en 20 años, mientras en las redes circulan mapas colaborativos para localizar estaciones con combustible. Desde la óptica de Kiev, la campaña de ataques busca erosionar el apoyo interno a la guerra y forzar una negociación.
La onda expansiva alcanza a toda Asia Central. Uzbekistán registró un alza del 11,8 % en el precio mayorista de la gasolina desde principios de junio, y Kazajistán —el mayor productor regional— endureció los controles fronterizos para frenar el contrabando de combustible hacia Rusia. Mientras Moscú negocia importaciones marítimas desde India y volúmenes adicionales desde Kazajistán, el gabinete energético ruso se reunirá en los próximos días para evaluar medidas de estabilización. El siguiente hito será la capacidad de estos envíos de emergencia para normalizar el suministro antes del pico de la cosecha, en un contexto de creciente malestar social.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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Rusia está dispuesta a considerar el suministro de combustible a Kirguistán previa solicitud oficial. Kazajistán e India también han mostrado su disposición a ayudar. El asunto se gestiona por canales intergubernamentales en condiciones comerciales mutuamente beneficiosas.
La crisis de combustible en Rusia, agravada por los ataques con drones ucranianos a las refinerías, se ha extendido a los países vecinos. Kirguistán, que depende de Rusia para más del 90% de su gasolina, ha pedido ayuda a seis naciones. La escasez está perturbando la vida cotidiana, la agricultura y el transporte, avivando el descontento popular.
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