
Japón se encamina a subir los tipos de interés al 1 %, su nivel más alto en tres décadas
La ausencia del gobernador Ueda, hospitalizado, marca una reunión que coincide con expectativas de alivio geopolítico y con trayectorias divergentes en otras grandes economías.
El Banco de Japón (BOJ) inició este lunes una reunión de dos días de la que se espera que surja la primera subida de tipos desde diciembre, un ajuste de un cuarto de punto que situaría la tasa de referencia en el 1 %, su cota más alta desde 1995. El movimiento se produce en un clima singular: el gobernador Kazuo Ueda permanece hospitalizado por una infección derivada de un quiste hepático y, aunque hará llegar sus opiniones por escrito, no participará en la votación. La decisión, que se conocerá el martes, refleja la convicción dentro del banco central de que los riesgos de un repunte inflacionista superan a los de una desaceleración económica.
El cónclave de Tokio se inscribe en lo que los operadores asiáticos han bautizado como una «semana de superbanqueros centrales». Mientras el BOJ se encamina hacia un nuevo endurecimiento, la Reserva Federal de Estados Unidos y el Banco de Inglaterra mantendrían, salvo sorpresa, sus tipos sin cambios. Desde las mesas de operaciones en Londres se interpreta que una actitud prudente o acomodaticia por parte de Washington y Londres mantendría bajas las rentabilidades, conteniendo el costo de financiación y afectando a las valoraciones de los títulos financieros y a los productos vinculados a diferenciales de tipos. Observadores en Taipei subrayan que este contraste de velocidades entre el ciclo japonés y el anglosajón añade volatilidad a los mercados de divisas y deuda en Asia.
El escenario geopolítico añade una capa de complejidad a las deliberaciones del BOJ. La persistente escalada de los precios del crudo por la inestabilidad en Oriente Medio había alimentado los temores de inflación importada. Sin embargo, el domingo el presidente estadounidense Donald Trump anunció un acuerdo con Irán que incluye el levantamiento del bloqueo de facto del estrecho de Ormuz tras la firma prevista para el viernes en Suiza. De materializarse ese alivio, las presiones sobre la energía se moderarían, alterando las proyecciones de precios que el banco central nipón maneja en su análisis de riesgos.
Un trayecto completamente distinto se perfila en Moscú. Analistas citados por la prensa económica rusa anticipan que el Banco de Rusia aprobará en su próxima reunión un nuevo recorte de la tasa clave, apoyándose en la desaceleración de la inflación interanual al 5,3 % en mayo y en la apreciación del rublo. Sin embargo, las mismas fuentes advierten de señales contradictorias: en la primera semana de junio los precios repuntaron un 0,2 %, las expectativas inflacionarias de los hogares subieron al 13 % y la inflación percibida por la población alcanzó el 15,1 %, recordando que la batalla contra el alza de precios está lejos de ganarse.
La convergencia de estos movimientos dibuja un mapa monetario mundial fragmentado. Mientras Japón se atreve a tocar tipos inéditos tras décadas de laxitud, y Rusia ensaya un nuevo alivio bajo estrecha vigilancia, las grandes potencias occidentales optan por la pausa. La ausencia por enfermedad del gobernador Ueda simboliza la fragilidad de un giro histórico que dependerá tanto de la evolución del conflicto energético global como de la capacidad del nuevo liderazgo del BOJ para sostener el rumbo sin generar turbulencias excesivas en los mercados.
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Se espera que el Banco de Japón suba su tipo de referencia un cuarto de punto hasta el 1%, el nivel más alto desde 1995. La reunión se desarrolla sin el gobernador Ueda, hospitalizado por una inflamación, que presentará sus opiniones solo por escrito. Un sondeo entre analistas muestra una expectativa generalizada de esta subida.
El Banco de Japón inició su reunión de dos días con la expectativa generalizada de una subida de tipos de un cuarto de punto hasta el 1%, motivada por el temor a una inflación impulsada por el petróleo. El anuncio de un acuerdo entre EE.UU. e Irán, que podría levantar el bloqueo de facto del estrecho de Ormuz, alivia la presión sobre los precios energéticos. Entretanto, los principales bancos centrales se preparan para una semana de decisiones divergentes, con Estados Unidos y el Reino Unido proclives a mantener los tipos sin cambios.
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