
Irán rechaza que sus fondos descongelados financien importaciones agrícolas de Estados Unidos
El jefe negociador iraní, Mohammad Bagher Qalibaf, calificó de falsa la versión de Washington y afirmó que la única cosecha que recoge Teherán es “décadas de desconfianza”.
El presidente del Parlamento iraní y jefe del equipo negociador, Mohammad Bagher Qalibaf, desmintió este jueves que los activos iraníes liberados en el marco del reciente acuerdo con Estados Unidos vayan a destinarse a la compra de productos agrícolas estadounidenses. En un mensaje publicado en la red social X, Qalibaf afirmó que “el único cultivo que cosechamos es lo que ustedes plantaron hace años: décadas de desconfianza”, y añadió que Washington “solo exporta soja transgénica, promesas rotas y palabras vacías”. La declaración supone un rechazo frontal a la narrativa construida desde la Casa Blanca y el Departamento del Tesoro sobre el destino de los fondos.
Desde Washington, tanto el presidente Donald Trump como el vicepresidente JD Vance y el secretario del Tesoro, Scott Bessent, habían asegurado en días previos que la primera fase de alivio financiero para Teherán —estimada en unos 500 millones de dólares— se ejecutaría exclusivamente mediante la adquisición de maíz, trigo, soja y otros bienes agrícolas estadounidenses, sin transferencias directas de efectivo a Irán. Según fuentes del Ejecutivo estadounidense, los fondos permanecerían bajo supervisión de funcionarios del Tesoro desplazados a Doha, y se canalizarían a través de Catar para garantizar que beneficien al pueblo iraní y, al mismo tiempo, a los agricultores norteamericanos.
El intercambio de declaraciones se produce apenas una semana después de la entrada en vigor, el 18 de junio, de un memorando de entendimiento de catorce puntos firmado electrónicamente por los presidentes Masoud Pezeshkian y Donald Trump, con mediación de Pakistán. El texto compromete a Estados Unidos a poner a disposición de Irán los activos congelados o restringidos y a poner fin a todo tipo de sanciones, incluidas las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU. Analistas en Oriente Medio observan que la disputa pública sobre el uso de los fondos revela la fragilidad del entendimiento y la profundidad de la desconfianza mutua, ya que Teherán insiste en que determinará por sí mismo cómo gastar los recursos, sin aceptar imposiciones externas.
Desde la óptica de Bruselas y de capitales latinoamericanas que siguen el proceso, el episodio ilustra las dificultades de traducir los acuerdos marco en mecanismos operativos cuando las partes mantienen interpretaciones divergentes sobre la soberanía financiera. Mientras Washington presenta el esquema como una garantía de que los fondos no se desviarán hacia actividades que considera ilícitas, Teherán lo interpreta como una injerencia que perpetúa la lógica de las sanciones. El propio Qalibaf ironizó con que el único producto “orgánico, abundante y autóctono” que Irán ha cosechado de la relación es la desconfianza.
El acuerdo sigue su curso y se espera que en las próximas semanas se concrete el primer desembolso supervisado a través de Catar. No obstante, la controversia sobre la naturaleza y el control de los fondos anticipa nuevos roces en la implementación, mientras ambas capitales miden el impacto político interno de cada concesión.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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Funcionarios iraníes rechazan con sarcasmo las afirmaciones estadounidenses de que los activos descongelados deban gastarse en productos agrícolas estadounidenses. Responden que la única cosecha que han producido años de política estadounidense es una profunda desconfianza, mientras que Estados Unidos solo ofrece soja transgénica, promesas rotas y palabras sin valor.
El negociador jefe de Irán negó que los fondos iraníes descongelados se utilicen para comprar productos agrícolas estadounidenses, contradiciendo las declaraciones de funcionarios estadounidenses. Estados Unidos había afirmado que una parte significativa de los activos liberados se destinaría a alimentos y medicinas estadounidenses, pero Teherán insiste en que decidirá de forma independiente cómo gastar el dinero.
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