
Trump y Pezeshkian sellan en Versalles un armisticio histórico que reconfigura Oriente Medio
El memorando de 14 puntos, firmado a distancia por ambos presidentes, instaura un alto el fuego permanente, reabre el estrecho de Ormuz y aplaza las cuestiones nucleares más espinosas.
La noche del miércoles, en un gesto teatral que tomó por sorpresa incluso a los ministros franceses presentes, Donald Trump estampó su firma sobre el Memorando de Entendimiento de Islamabad en el palacio de Versalles, durante la cena de clausura del G7. A miles de kilómetros, en un lugar no revelado de Teherán, el presidente Masoud Pezeshkian hacía lo propio. El documento, rubricado también por el primer ministro paquistaní Shehbaz Sharif como mediador, entró en vigor de inmediato y puso fin a la guerra que desde el 28 de febrero enfrentaba a Estados Unidos e Israel contra la República Islámica, con miles de muertos sobre todo en Irán y el Líbano y un impacto sísmico en la economía global. La ceremonia oficial prevista para el viernes en Ginebra quedó cancelada; el pacto ya era un hecho.
Los catorce puntos del acuerdo, revelados tras días de secretismo, establecen el cese inmediato y permanente de las hostilidades en todos los frentes, incluido el libanés, y el compromiso de no recurrir a la fuerza. Teherán se obliga a reabrir sin demora el estratégico estrecho de Ormuz, mientras Washington inicia el levantamiento del bloqueo naval. A cambio, Irán acepta diluir sus reservas de uranio enriquecido bajo supervisión del OIEA, como paso previo a una negociación definitiva sobre su programa nuclear. El memorando abre un plazo de sesenta días —las conversaciones técnicas arrancan este viernes en Suiza con delegaciones de Estados Unidos, Irán, Pakistán y Catar— para diseñar los mecanismos de verificación y sentar las bases de un tratado permanente que incluiría el levantamiento de las sanciones internacionales y un plan de reconstrucción valorado en unos 300.000 millones de dólares.
Desde la óptica de Teherán, el entendimiento se presenta como una victoria diplomática arrancada desde la resistencia. Pezeshkian calificó el texto de “documento histórico” y subrayó que la paz solo se alcanza “bajo la sombra del respeto mutuo”, mientras altos funcionarios iraníes insistían en que ni el uranio ni los misiles balísticos están sobre la mesa. En las capitales del Golfo y en Israel, en cambio, el acuerdo se lee con alarma: consideran que legitima y fortalece a un Irán que sale del conflicto sin desmantelar sus capacidades estratégicas, y que podría traducir ese capital político en mayor influencia regional. Para los mercados, la noticia supuso un alivio inmediato: la perspectiva de la reapertura de Ormuz desplomó los precios del crudo y estabilizó las monedas emergentes, un respiro que analistas en América Latina siguieron con atención por su efecto en las cadenas de suministro y la inflación.
En Europa, el presidente francés Emmanuel Macron fue el anfitrión privilegiado de la firma de Trump y recibió el aplauso de los líderes del G7, aunque la puesta en escena relegó a un segundo plano la cumbre que Suiza había preparado en el Bürgenstock. Pese a ello, los equipos negociadores mantienen la cita del viernes para empezar a desbrozar los detalles más delicados: la fiscalización del material nuclear, las reglas de tráfico en el estrecho y el calendario de alivio de sanciones. El propio Trump, que no ocultó su orgullo comparándose con Obama, lanzó una advertencia nada diplomática: “Si no se portan bien, volveremos a bombardearlos hasta el infierno”. Esa dualidad entre la fanfarria presidencial y la fragilidad de lo pactado define el momento. El mundo asiste ahora a una tregua que es, sobre todo, una promesa de negociación, con la certeza de que los desacuerdos de fondo —el destino del programa atómico iraní, la arquitectura de seguridad regional— siguen intactos y aplazados.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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El acuerdo es un documento histórico y un mensaje de un Irán poderoso. La paz solo se logra mediante el respeto mutuo. La República Islámica sigue comprometida con la paz mundial, preservando su dignidad, independencia y cooperación regional.
El acuerdo entre EE.UU. e Irán está firmado, pero la verdadera prueba comienza ahora. Un Israel desafiante aún podría descarrilar los esfuerzos de paz. Los analistas advierten que el pacto se asienta sobre terreno frágil y que la reapertura del Estrecho de Ormuz es solo un primer paso incierto.
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