
El primer ministro iraquí Al-Zaydi visitará Teherán tras reunirse con Trump y el emir de Catar
La gira diplomática de Bagdad, entre Washington y Doha, refleja el equilibrio entre sus alianzas mientras Catar media para reducir las tensiones y garantizar la libre navegación en el estrecho de Ormuz.
El primer ministro de Iraq, Ali al-Zaydi, tiene previsto viajar a Teherán al término de esta semana, en la que será su primera visita oficial a Irán desde que asumió el cargo. El desplazamiento culmina una gira que lo llevó primero a Washington, donde se reunió con el presidente estadounidense Donald Trump, y luego a Doha, para encontrarse con el emir catarí Tamim bin Hamad al Zani. La secuencia de encuentros subraya el delicado acto de equilibrio que Bagdad intenta mantener entre sus dos principales aliados, Washington y Teherán, en un momento de renovados enfrentamientos indirectos y ataques en la región.
Durante su estancia en Estados Unidos, al-Zaydi pactó 48 acuerdos y alianzas con empresas estadounidenses, según fuentes oficiales iraquíes. Además, de acuerdo con la cadena CNN Arabic, el mandatario anunció que las tropas norteamericanas abandonarán Iraq antes del 30 de septiembre y que las milicias respaldadas por Irán “carecerán de justificación” para proseguir sus operaciones una vez se consume la retirada. Desde Washington se interpreta que Bagdad se compromete a desactivar la influencia militar de grupos próximos a Teherán como condición para normalizar la relación bilateral y avanzar en la cooperación económica.
En Doha, la agenda se centró en la necesidad de desescalar las tensiones y aplicar los entendimientos alcanzados entre Irán y Estados Unidos, que incluyen garantizar la libertad de navegación en el estrecho de Ormuz, vital para el comercio energético global. El primer ministro y ministro de Exteriores catarí, Mohamed bin Abdulrahman al Zani, mantuvo contactos telefónicos con sus homólogos de Arabia Saudí, Omán y Jordania para coordinar esfuerzos diplomáticos. De acuerdo con filtraciones de esas conversaciones, Doha condenó las acciones defensivas iraníes que tuvieron como blanco bases utilizadas por Estados Unidos en la región –sin mencionar que dichas bases operaban desde territorio jordano para ataques contra Irán–, al tiempo que instó a todas las partes a respetar los acuerdos y priorizar la vía diplomática.
El viaje a Teherán, confirmado por el embajador iraquí en la capital iraní, tiene como meta profundizar las relaciones bilaterales y contribuir a rebajar las tensiones regionales. Bagdad ha buscado reposicionarse como mediador o, al menos, como terreno neutral en la pugna entre Irán y Estados Unidos, según analistas en la región. La visita se produce pocos días después de que la región autónoma del Kurdistán iraquí –donde hay tropas estadounidenses y compañías petroleras extranjeras– sufriera ataques achacados a Irán, en represalia por acciones previas, lo que añade urgencia a la ronda diplomática.
La gira de al-Zaydi se enmarca en un expediente abierto de negociaciones indirectas facilitadas por Catar y otros actores como Omán. Se espera que en Teherán se firmen varios memorandos de entendimiento en ámbitos de cooperación conjunta. Mientras, las capitales occidentales y asiáticas observan con atención los movimientos iraquíes, conscientes de que la estabilidad del país y la seguridad en el estrecho de Ormuz dependen de un frágil equilibrio que Bagdad intenta preservar sin decantarse por uno de sus dos grandes aliados.
| Prensa del Sudeste Asiático | −0.20 | neutral |
|---|---|---|
| Prensa iraní y afín | +0.40 | aligned |
| Prensa del Golfo árabe | 0.00 | neutral |
Iraq walks a tightrope between Washington and Tehran, cursed by geography and great-power rivalry.
By relentlessly framing every Iraqi move as a response to US-Iran pressure, the bloc erases Iraq's agency and makes the proxy narrative self-fulfilling.
The bloc omits the Qatari mediation and the emphasis on implementing the US-Iran memorandum, which would complicate the proxy-conflict frame.
Iran's steadfast diplomacy and Iraq's mediating role pave the way for regional stability.
By highlighting agreements and diplomatic language while downplaying tensions, the bloc constructs a cooperative reality where all parties want peace.
The bloc omits the context of Iraqi PM's recent meeting with Trump and the US pressure, which would reveal that Iraq's balancing act is more precarious.
Baghdad calibrates its visits to keep both superpowers on board, a safe but delicate game.
By presenting the visits as mere balancing acts, the bloc normalizes a transactional view of Iraqi foreign policy.
The bloc omits the details of the Qatar talks and the specific agreements being prepared, which would show a more proactive Iraqi diplomacy.
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