
El Pentágono admite que usó la IA de Musk para ataques en Irán mientras defiende su centro de datos contaminante
Una demanda ambiental contra xAI en Tennessee reveló que el chatbot Grok fue clave en la operación militar 'Epic Fury', exponiendo la fusión entre tecnología privada y seguridad nacional.
La revelación surgió en un escenario inesperado: un tribunal de Mississippi donde el Departamento de Justicia de Estados Unidos defendía a Elon Musk de una demanda por contaminación. La Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color (NAACP) y comunidades locales acusan a xAI de operar turbinas de gas sin permiso, emitiendo toxinas cerca de hogares y escuelas en Memphis. En su moción para desestimar el caso, los fiscales argumentaron que cerrar esas instalaciones pondría en riesgo la seguridad nacional, ya que alimentan sistemas de inteligencia artificial utilizados por el Pentágono. Fue entonces cuando Cameron Stanley, jefe de IA del Departamento de Defensa, declaró bajo juramento que Grok —el chatbot desarrollado por la empresa de Musk— ya se emplea en el programa Maven para identificar y seleccionar objetivos militares.
La admisión detalló que durante la operación 'Epic Fury' contra Irán, la IA de Musk ayudó a disparar más de 2.000 municiones contra otros tantos blancos en apenas 96 horas. Según la prensa iraní, uno de esos ataques alcanzó una escuela primaria en Minab, causando la muerte de 168 niños. El Pentágono confirmó que el modelo Grok Gov, una versión adaptada del chatbot, está integrado en el sistema de selección de blancos que antes utilizaba el modelo Claude de Anthropic. Desde Washington, la jugada legal de la administración Trump revela una simbiosis inquietante: mientras el gobierno desregula para favorecer los negocios de Musk, sus herramientas de IA se vuelven indispensables para la maquinaria bélica.
Analistas en Bruselas y Madrid observan con preocupación cómo la inteligencia artificial comercial se incorpora a la cadena de mando militar sin un debate público ni marcos éticos claros. La Unión Europea debate su propia regulación de IA, pero el caso estadounidense muestra una opacidad que contrasta con los principios de transparencia algorítmica promovidos en el Viejo Continente. Desde América Latina, donde la extracción de litio y tierras raras para la tecnología ya genera conflictos socioambientales, el caso de Tennessee resuena como una advertencia: las comunidades vulnerables —en su mayoría afroamericanas— soportan la contaminación de infraestructuras que, además, alimentan guerras lejanas.
El episodio desnuda la doble faceta de Musk como proveedor del Estado y beneficiario de su indulgencia regulatoria. La demanda original, centrada en el incumplimiento de la Ley de Aire Limpio, queda ahora eclipsada por el debate sobre el uso militar de Grok. Para observadores en Oriente Medio, la automatización de la selección de blancos mediante IA plantea graves dilemas humanitarios, sobre todo tras la confirmación de que el sistema participó en ataques con víctimas civiles. La nota judicial del 15 de junio, citada por medios internacionales, convierte un litigio ambiental en un espejo de las prioridades de Washington: la seguridad nacional y la economía justifican el sacrificio de la salud pública y el cumplimiento normativo.
A futuro, este caso podría acelerar los llamados a una gobernanza global de la inteligencia artificial en conflictos armados. La fusión entre xAI, Palantir y el Pentágono demuestra que las grandes tecnológicas ya no son meros contratistas, sino actores centrales en la defensa. Mientras Musk consolida su influencia en la administración Trump, la pregunta que emerge desde distintos continentes es si la innovación sin control democrático está convirtiendo las guerras en experimentos algorítmicos, con consecuencias irreversibles para los derechos humanos y el medio ambiente.
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Una demanda ambiental destapó un secreto de Estado: la inteligencia artificial Grok de Elon Musk ha sido utilizada por el Pentágono para identificar objetivos en ataques contra Irán. La revelación se produjo mientras el gobierno defendía las turbinas de gas de xAI, alegando que la demanda amenaza la seguridad nacional. El regreso de Musk al lado de Trump adquiere ahora un nuevo significado.
La administración Trump interviene para proteger a xAI de Musk de una demanda por contaminación, argumentando que el centro de datos es vital para la innovación de IA que apoya operaciones militares. Mientras tanto, Musk podría aliarse con Ucrania para derribar drones iraníes, devolviendo la amenaza a Teherán. El uso ofensivo de Grok queda en segundo plano frente a una narrativa de seguridad y defensa.
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