
El Niño 2026 se intensifica: satélites revelan un fenómeno que podría ser el más fuerte en siete décadas
Los principales centros meteorológicos confirman un evento de magnitud excepcional, con lluvias torrenciales en Sudamérica, sequías en Asia y Oceanía, y un verano más cálido en el Golfo Pérsico, agravado por el cambio climático.
La confirmación oficial del fenómeno de El Niño 2026-2027 ha llegado acompañada de imágenes satelitales contundentes. La Agencia Espacial Europea difundió esta semana un vídeo que muestra las anomalías de temperatura en la superficie del Pacífico tropical entre el 1 y el 7 de junio, evidenciando un calentamiento que supera en casi un grado la media histórica. El Centro de Predicción Climática de la NOAA declaró el evento el 11 de junio, y el Servicio Meteorológico de Australia alertó de que podría ser el más intenso de las últimas siete décadas. La Organización Meteorológica Mundial advirtió que el episodio, que se espera alcance la categoría de “Super El Niño” entre julio y septiembre, agravará sequías, lluvias extremas y olas de calor tanto en tierra como en los océanos.
En América Latina, los efectos ya comienzan a sentirse y las proyecciones son inquietantes. En Perú, el Estudio Nacional del Fenómeno El Niño elevó la probabilidad de una anomalía de magnitud fuerte hasta septiembre, con lluvias por encima de lo normal que se extenderían más allá de la costa y podrían prolongarse hasta el verano de 2027. En Brasil, la ciudad de Divinópolis registró el junio más lluvioso desde 2018, un adelanto de la inestabilidad que los meteorólogos atribuyen al calentamiento del Pacífico. En Argentina, los modelos matemáticos anticipan un impacto severo en la provincia de Entre Ríos y todo el Litoral, con un 90% de probabilidad de un evento intenso. Sin embargo, el fenómeno no es uniforme: en Colombia, donde El Niño suele traer sequía, el Banco Agrario ya ha lanzado medidas de mitigación para proteger al sector agropecuario, que concentra el 82% de las pérdidas por eventos secos.
Al otro lado del Pacífico, el panorama es opuesto. Australia se prepara para un verano de sequía, olas de calor y alto riesgo de incendios forestales. La Oficina de Meteorología australiana calificó el evento de “muy fuerte” y advirtió que el cambio climático, que ya ha añadido 1,5 °C de calentamiento al sistema, potenciará los impactos. En el sudeste asiático, la preocupación se centra en la seguridad alimentaria: las condiciones más cálidas y secas amenazan las cosechas de arroz y aceite de palma en un momento en que la región ya lidia con los costos energéticos y alimentarios disparados por la guerra en Irán. En Oriente Medio, el Centro Nacional de Meteorología de Emiratos Árabes Unidos estima un 98% de probabilidad de condiciones El Niño entre julio y noviembre, lo que apunta a un verano más caluroso y húmedo de lo habitual, con posible actividad tormentosa en otoño.
La dimensión económica global del fenómeno no pasa desapercibida. La OMM ha instado a los gobiernos a prepararse para un evento que podría perturbar los mercados de alimentos y energía. Las proyecciones indican que El Niño se mantendrá al menos hasta noviembre de 2026 y podría extenderse hasta el verano austral de 2027. La combinación de un evento natural intenso con un clima ya alterado por las emisiones de carbono, advierten los climatólogos, crea un cóctel peligroso que exige tanto medidas de adaptación inmediatas como una reflexión de fondo sobre la vulnerabilidad de las economías interdependientes.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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Las imágenes satelitales confirman la formación de un Super El Niño, con un 90% de probabilidad de impactos severos. En Brasil, las autoridades advierten sobre clima extremo y el aumento de las facturas de electricidad por el uso de centrales térmicas, mientras Fitch alerta que los países vulnerables enfrentan mayores riesgos de choques económicos. La provincia argentina de Entre Ríos se prepara para efectos de intensidad inusual.
La Oficina de Meteorología de Australia ha declarado oficialmente un El Niño muy fuerte, posiblemente el más intenso registrado, lo que eleva el riesgo de sequía, olas de calor e incendios forestales. Se espera que el fenómeno altere los patrones meteorológicos globales y traiga algunas de las condiciones más cálidas y secas de la historia moderna del país.
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