
El dólar se afianza en máximos de cuatro décadas mientras la eurozona contiene sus expectativas de inflación
La combinación de una Reserva Federal con sesgo restrictivo y el auge de la inteligencia artificial impulsa al billete verde, mientras el BCE observa una desaceleración de las proyecciones de precios entre los consumidores.
El dólar estadounidense cerró el primer semestre de 2026 con una apreciación del 3 % frente a las principales divisas, un giro radical respecto a la caída superior al 10 % registrada un año atrás. La moneda alcanzó máximos de cuatro décadas contra el yen y se situó cerca de sus picos anuales frente al euro, cotizando en torno a 1,135 dólares por unidad. Este desempeño se sustenta en la expectativa de que la Reserva Federal, bajo la presidencia de Kevin Warsh, mantendrá las tasas altas o incluso las elevará una vez más este año, dado que la inflación subyacente sigue por encima de la meta del 2 %. A ello se suma un flujo récord de capitales hacia las acciones estadounidenses —341 000 millones de dólares en lo que va del año, según estimaciones de Bank of America—, atraídos por el auge de la inteligencia artificial y las grandes colocaciones bursátiles de empresas tecnológicas. Los especuladores han acumulado posiciones largas netas en dólares por 30 000 millones de dólares, el ritmo de acumulación más veloz para un primer semestre desde que existen registros.
En contraste, la eurozona ofrece señales de moderación en las expectativas de precios. La última encuesta del Banco Central Europeo muestra que los consumidores recortaron su previsión de inflación a un año del 4,0 % al 3,5 % en mayo, mientras que las expectativas a tres y cinco años se mantuvieron estables en el 2,9 % y el 2,4 %, respectivamente. No obstante, la inflación percibida en los últimos doce meses se sostuvo en el 4 %, el nivel más alto desde julio de 2024. El BCE subió las tasas en junio, pero la presidenta Christine Lagarde subrayó que el shock inflacionario actual parece de menor magnitud que el episodio previo y que las decisiones se tomarán reunión por reunión. Desde Fráncfort, el economista jefe Philip Lane advirtió que el fin del conflicto en Oriente Medio podría no ser suficiente para devolver la inflación al objetivo, lo que mantiene abierta la puerta a nuevos ajustes, aunque los mercados no descuentan completamente el próximo movimiento hasta el otoño boreal.
En América Latina, la fortaleza global del dólar se entrelaza con dinámicas locales. En la Argentina, el tipo de cambio oficial apenas subió un 1,4 % en el año frente a una inflación cercana al 16 %, pero en junio trepó casi un 5 % en pocas semanas. El Gobierno de Javier Milei interpreta ese deslizamiento como un alivio controlado que evita un atraso cambiario excesivo, siempre que no contamine los precios. Sin embargo, la demanda corporativa de divisas para girar dividendos se disparó tras la apertura parcial del cepo: en lo que va de 2026 las compras por utilidades suman unos 3800 millones de dólares, equivalentes a casi el 90 % de todo lo girado en 2016, cuando la administración Macri liberó las restricciones. El Banco Central también interviene para recomponer reservas, en un contexto donde el equipo económico busca bajar las tasas de los créditos al consumo, aunque la morosidad de las personas físicas sigue siendo un obstáculo.
El impacto se extiende a otras economías emergentes y avanzadas. El won surcoreano ha tocado mínimos históricos y países como India han debido utilizar reservas o subir tasas para defender sus monedas. Aunque la posible tregua duradera en Irán reduce los precios de la energía, el encarecimiento de las importaciones de alimentos, viajes y servicios presiona las facturas nacionales. El próximo hito para calibrar el rumbo será la reunión de la Reserva Federal de septiembre y la evolución de los datos de inflación estadounidense de julio, que definirán si el dólar mantiene su impulso o si las dudas sobre la sostenibilidad fiscal de Estados Unidos, señaladas por gestores como Neuberger Berman, comienzan a pesar en el mediano plazo.
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Los consumidores de la zona euro redujeron drásticamente sus expectativas de inflación a corto plazo en mayo, incluso antes del acuerdo de alto el fuego en Oriente Medio. La encuesta del BCE sugiere que las presiones sobre los precios podrían estar disminuyendo, reduciendo la urgencia de nuevas subidas de tipos. Sin embargo, el dólar fuerte sigue lastrando al euro y a las divisas de los mercados emergentes, complicando el panorama.
El dólar irrumpe en la segunda mitad de 2026 sobre una ola de excepcionalismo estadounidense, impulsado por las apuestas a tasas de interés más altas en EE.UU. y una demanda insaciable de activos estadounidenses. Esta dinámica de 'el ganador se lo lleva todo' está infligiendo dolor al euro y a las divisas de los mercados emergentes, revirtiendo el desplome del dólar del año pasado. Ni la caída de los precios de la energía ni la disminución de los riesgos de inflación pueden detener el ascenso del billete verde.
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