
El petróleo se desploma ante la paz inminente entre EE.UU. e Irán y la reapertura de Ormuz
Los precios del crudo caen a mínimos de tres meses mientras la AIE prevé un superávit histórico en 2027 si se normaliza el tráfico por el estrecho.
Los mercados petroleros mundiales vivieron esta semana un vuelco radical. El Brent, referencia internacional, perforó el umbral de los 80 dólares por barril por primera vez desde principios de marzo y llegó a cotizar por debajo de los 76 dólares, arrastrado por la certeza casi unánime de que Estados Unidos e Irán firmarán el viernes en Suiza un acuerdo de paz provisional. La noticia, anticipada por la reanudación parcial del tráfico de petroleros en el estrecho de Ormuz, desinfló la prima de riesgo geopolítico que había disparado los precios más de un 50% desde el inicio de las hostilidades el 28 de febrero. Desde Buenos Aires hasta Moscú, las pantallas de los operadores reflejaron caídas superiores al 5% en dos sesiones consecutivas, un ajuste que los analistas latinoamericanos describen como el regreso del llamado “Trump put” energético.
En paralelo, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) publicó un informe mensual que revisa a la baja las previsiones de demanda y dibuja un horizonte de abundancia para 2027. El organismo con sede en París elevó la contracción estimada del consumo mundial en 2026 a 1,1 millones de barriles diarios, casi el triple de lo calculado en mayo, como consecuencia de los precios elevados y las interrupciones en las cadenas de suministro de derivados. Las entregas del segundo trimestre se desplomaron un 5% interanual, un retroceso que no se veía desde la pandemia. Al mismo tiempo, la AIE advirtió que las reservas estratégicas de los gobiernos se encuentran en su nivel más bajo desde 1990, tras un drenaje récord de hasta 4,6 millones de barriles diarios durante el pico del conflicto.
La gran incógnita ahora es la velocidad de la normalización. El memorando de entendimiento, filtrado por medios árabes, contempla el levantamiento de las sanciones estadounidenses a las exportaciones iraníes y la reapertura total del paso por donde transita una quinta parte del comercio mundial de crudo y gas natural licuado. Los tanqueros iraníes ya han comenzado a zarpar, y el crudo omaní de referencia en el Golfo se desplomó hasta los 72,99 dólares, casi 94 dólares por debajo de su máximo de mayo. Sin embargo, desde la óptica de Bruselas y de las capitales asiáticas se matiza el optimismo: la AIE advierte que el flujo por Ormuz tardará en restablecerse por completo y que el acuerdo no elimina todos los riesgos de suministro.
Las proyecciones para el año próximo acentúan la volatilidad estructural. La AIE estima que la oferta mundial se disparará en 8 millones de barriles diarios en 2027, hasta los 110 millones, mientras la demanda apenas crecerá en 2 millones. El resultado sería un superávit superior a los 5 millones de barriles diarios, un excedente que, según analistas rusos y de Oriente Medio, podría mantener el Brent en una banda de 75 a 85 dólares durante el tercer trimestre y empujarlo hacia los 70 dólares a fin de año. Para los exportadores latinoamericanos, el escenario plantea un doble filo: alivia la presión inflacionaria importada pero comprime los ingresos fiscales de productores como Brasil, México y Colombia.
Pese al alivio inmediato, el mercado no descarta sobresaltos. La propia AIE subraya que la destrucción de demanda ya ocurrida y el vaciamiento de inventarios estratégicos dejan al sistema vulnerable ante cualquier nuevo incidente. La firma del acuerdo el viernes será solo el primer paso de una reapertura gradual que, en el mejor de los casos, devolverá el equilibrio a finales de 2026. Hasta entonces, el mundo seguirá pendiente de cada movimiento en el estrecho de Ormuz, consciente de que la frontera entre la escasez y la abundancia nunca fue tan delgada.
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El desplome del crudo por debajo de los 80 dólares, provocado por el acuerdo EE.UU.-Irán y la expectativa de reapertura del estrecho de Ormuz, se interpreta como un alivio para los mercados. Los inversores apuestan por un rápido retorno de los flujos petroleros, lo que provoca una fuerte caída de los precios. La noticia se recibe con pragmatismo y cierto distanciamiento, como un hecho que alivia las presiones de costos globales.
Aunque el crudo ha caído por debajo de los 80 dólares tras el acuerdo EE.UU.-Irán, los expertos del sector advierten que restablecer el transporte marítimo normal en el estrecho de Ormuz llevará tiempo. La caída inmediata de los precios podría no reflejar los desafíos logísticos futuros. Un escepticismo cauteloso modera cualquier optimismo prematuro.
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