
El consumo interno chino se contrae por primera vez desde 2022 mientras sus exportaciones avivan tensiones globales
La caída de las ventas minoristas y el persistente desplome inmobiliario contrastan con una producción industrial robusta que inunda mercados extranjeros, reavivando el debate sobre proteccionismo y transición verde.
La economía china exhibe una dualidad cada vez más marcada. En mayo, las ventas minoristas cayeron un 0,6% interanual, la primera contracción desde diciembre de 2022, reflejando la fragilidad del consumo interno. El desplome fue especialmente acusado en bienes duraderos y discrecionales: las ventas de automóviles se hundieron un 16,1%. Al mismo tiempo, los precios de la vivienda en las 70 principales ciudades profundizaron su espiral descendente, con un retroceso del 3,6% respecto al año anterior y caídas mensuales en 52 urbes. La inversión en activos fijos también se contrajo un 4,1% en los primeros cinco meses del año, completando un panorama de demanda interna debilitada que contrasta con el dinamismo fabril: la producción industrial creció un 4,5% interanual, superando las expectativas de los analistas.
Ese vigor manufacturero, sin embargo, no está siendo absorbido por el mercado doméstico. El excedente se vuelca hacia los mercados internacionales, generando lo que desde Washington y Bruselas ya se denomina un “segundo shock chino”. Las tarifas impuestas por Estados Unidos durante años han redirigido las exportaciones chinas hacia Europa y otras regiones de Asia, donde los sectores automotriz, siderúrgico y de tecnologías verdes enfrentan una competencia de precios sin precedentes. En el G7, la preocupación por la “sobrecapacidad” china se ha convertido en eje de las discusiones comerciales. No obstante, Pekín rechaza esa etiqueta: la tasa de utilización de su sector siderúrgico, del 78,1%, se sitúa dentro del rango que la propia Unión Europea considera saludable. Desde la óptica china, las acusaciones son una cortina de humo para justificar medidas proteccionistas que, a la postre, encarecerán la transición energética global.
La inquietud no se limita a las capitales occidentales. En América Latina, analistas observan con cautela el redireccionamiento de los flujos comerciales chinos. Si bien la llegada de bienes de capital y tecnologías verdes a precios competitivos podría acelerar la descarbonización de economías como la brasileña o la chilena, también amenaza con desplazar a incipientes industrias locales que no pueden competir con la escala y los subsidios estatales chinos. Desde Madrid, la perspectiva es doble: como miembro de la Unión Europea, España respalda la investigación de Bruselas sobre vehículos eléctricos chinos, pero sus empresas de ingeniería y energías renovables mantienen una presencia significativa en el mercado chino y temen represalias que frenen proyectos conjuntos en terceros países.
El desafío para Pekín es estructural y urgente. La crisis inmobiliaria, que ya encadena tres años de caídas de precios, sigue minando la confianza de los hogares y lastrando el consumo. Sin una reactivación sólida de la demanda interna, la dependencia de las exportaciones para sostener el crecimiento industrial se intensificará, avivando las fricciones comerciales. Los responsables políticos chinos se enfrentan a un dilema: estimular el consumo con políticas fiscales más audaces o gestionar un entorno externo cada vez más hostil. Mientras, el mundo observa cómo la segunda economía global intenta equilibrar su motor interno sin provocar un choque proteccionista que ralentice la indispensable transición hacia una economía baja en carbono.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
2 grupos editoriales · 6 idiomas
Las ventas minoristas en China cayeron inesperadamente en mayo por primera vez desde finales de 2022, profundizando la debilidad de la demanda interna y exponiendo la creciente dependencia de la economía de las exportaciones. La desaceleración del gasto de los consumidores y la inversión, junto con la persistente crisis inmobiliaria, eleva los riesgos para el crecimiento mundial e intensifica las tensiones comerciales a medida que la maquinaria exportadora china se acelera.
La narrativa occidental de la 'sobrecapacidad' china es una cortina de humo proteccionista para justificar barreras contra las exportaciones competitivas chinas de tecnologías verdes. Los datos oficiales muestran que la utilización de la capacidad en el sector de metales ferrosos está dentro de rangos normales, y la fortaleza exportadora china refleja eficiencia e innovación, no distorsión del mercado. Tales acusaciones solo frenan la transición energética global y hacen que las tecnologías sostenibles sean inasequibles para los países en desarrollo.
Artículos relacionados
La Fed congela las tasas en el debut de Warsh, pero el fantasma de la inflación anticipa un giro restrictivo
9 idiomas · 31 medios
PolíticaEl G7 intensifica la presión sobre Rusia y avala el giro diplomático con Irán
7 idiomas · 15 medios
DeportesPortugal y RD Congo abren el Grupo K con el histórico sexto Mundial de Cristiano Ronaldo
6 idiomas · 16 medios