
El agente del ICE que mató a un colombiano en Maine tenía antecedentes de violencia doméstica
Mientras México eleva el caso a la ONU, surgen contradicciones en otro tiroteo mortal en Texas y crece el escrutinio sobre los procedimientos de la agencia migratoria.
El 13 de julio, un oficial del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) disparó y mató a Johan Sebastián Durán Guerrero, un ciudadano colombiano de 25 años, durante un operativo en Biddeford, Maine. Según el Departamento de Seguridad Nacional (DHS), el vehículo de Durán Guerrero intentó huir y el agente abrió fuego por temor a la seguridad pública. La exesposa del agente, Ashley Brouillette, lo identificó como David Brouillette, de 37 años, y declaró a la Associated Press y a The New York Times que él le confesó el hecho, justificándose con que el joven intentó atropellarlo. Sin embargo, ella misma afirmó que las imágenes de video no muestran tal agresión. El DHS no ha confirmado oficialmente la identidad del tirador, alegando riesgos de seguridad.
Familiares del agente describen un historial de graves problemas de salud mental y violencia doméstica. Ashley Brouillette relató episodios de abuso físico, estrangulamiento y amenazas de muerte durante su matrimonio, y una hija de 18 años corroboró que su padre le pidió que no hablara del maltrato. Cientos de registros de tribunales de familia en Maine detallan años de denuncias por acoso y agresiones verbales y físicas, aunque Brouillette no tiene antecedentes penales en ese estado. La exesposa señaló que, cuando él le dijo a finales de 2023 que había sido contratado por el ICE, ella pensó que se trataba de un episodio psicótico. Estos antecedentes reavivan las dudas sobre los filtros de contratación de la agencia en un contexto de acelerada expansión de las redadas migratorias.
Un caso distinto, ocurrido el 7 de julio en Houston, Texas, suma contradicciones. El fiscal federal para el Distrito Sur de Texas, Aaron Reitz, informó que agentes del ICE buscaban a dos guatemaltecos en una camioneta similar a la de Lorenzo Salgado Araujo, mexicano de 52 años con 35 de residencia en Estados Unidos. Reitz descartó que Salgado hubiera embestido un vehículo policial, como había afirmado inicialmente el DHS, y precisó que el agente disparó cuando se encontraba parcialmente dentro o junto a la camioneta, mientras el conductor intentaba maniobrar. El hermano de la víctima permanece bajo custodia del ICE; la sustancia blanca hallada en el vehículo era, según el abogado de la familia, una mezcla de electrolitos.
Desde México, el coordinador de Morena en la Cámara de Diputados, Ricardo Monreal, envió una carta al Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Volker Türk, en la que contabiliza al menos 18 mexicanos fallecidos en centros de detención u operativos del ICE. Monreal solicitó una investigación internacional independiente y recordó que la condición migratoria no suspende los derechos fundamentales. La Secretaría de Relaciones Exteriores mexicana respalda formalmente la petición. En Biddeford, el memorial a Durán Guerrero incluye imágenes de la perrita animada Bluey, estampada en la pijama de su hija de tres años el día del tiroteo, un detalle que, según medios colombianos, ha conmocionado a la comunidad local. Las investigaciones en ambos casos continúan sin que se hayan revelado oficialmente las identidades de los agentes implicados.
| Prensa india y del sur de Asia | −0.20 | neutral |
|---|---|---|
| Prensa latinoamericana | −0.80 | critical |
El oficial era un veterano con graves problemas de salud mental desde la infancia; el sistema de inmigración lo colocó en una posición en la que falló.
Al reducir la responsabilidad individual a una patología, el enfoque se desplaza de la violencia sistémica a la tragedia personal, haciendo que el tiroteo parezca un accidente desafortunado en lugar de un patrón de abuso.
Omite el memorial para la víctima, la hija de Guerrero y otros asesinatos del ICE que mostrarían un patrón de violencia.
Joan Sebastián Guerrero era un padre, un hijo, un miembro de la comunidad; su asesinato es un acto de violencia racista e impune.
A través de detalles emocionales como el pijama de Bluey de la hija y el memorial, la audiencia se identifica con la víctima, haciendo que la violencia sea personal e inaceptable, mientras que la salud mental del agente se descarta como irrelevante para la injusticia sistémica.
Omite la larga historia de enfermedad mental del agente, que podría mitigar la responsabilidad individual y complicar la narrativa de malicia deliberada.
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