
Del tuétano al papel de arroz: las cocinas del frío y del calor
Desde los guisos argentinos hasta las ‘picky plates’ australianas, la cocina casera se reinventa entre la tradición y la inmediatez para combatir el frío o celebrar el verano.
El aroma que sale de una olla de guiso tiene algo especial: anuncia que la casa se llena de calor y que cada cucharada será una invitación a bajar el ritmo. En una cocina de Buenos Aires, unas rodajas de osobuco se doran lentamente antes de sumergirse en un caldo con hongos, zanahorias y zapallo. El tuétano del hueso se funde y aporta una untuosidad que, según la tradición familiar, mejora al día siguiente. Mientras tanto, en las carnicerías de barrio, un corte magro y económico —la tortuguita— gana terreno entre quienes buscan un guiso rendidor para los días de ola polar. Su fibra compacta se ablanda tras horas de cocción y absorbe los jugos del vino o las verduras, una cualidad que los consumidores del Cono Sur valoran tanto como el precio, que ronda los 13.500 pesos argentinos por kilo.
Esa misma búsqueda de abrigo y sustancia se replica en otras latitudes. Desde Australia, donde el invierno también se instala en junio, la prensa gastronómica reivindica el regreso de las cacerolas de hierro esmaltado que duermen bajo la bacha durante el verano. El sonido de un guiso burbujeando, con su fondo de cebolla caramelizada y ajo, se describe como uno de los placeres más hondos de la estación. Las recetas más celebradas abarcan carnes blancas y rojas, legumbres y opciones vegetarianas, y se presentan como un patrimonio compartido que exige poca atención y devuelve el máximo confort. En el hemisferio norte, en cambio, el calendario invita a las cenas blancas al aire libre: en Suiza, las noches cálidas son la excusa para vestir de blanco una mesa larga y compartir platos sencillos que cada comensal lleva en su cesta, una costumbre que transforma calles y plazas en comedores efímeros.
Frente a la lentitud del guiso, la vida contemporánea impone su propio ritmo. La freidora de aire se ha instalado en las cocinas como un electrodoméstico que promete platos virales sin complicaciones. Una creadora de contenidos que suma millones de seguidores en TikTok e Instagram propone una pizza exprés que sustituye la masa por láminas de papel de arroz hidratadas con huevo: en diez minutos, el queso y el pepperoni se funden sobre una base crujiente. El libro que recoge esta y otras setenta recetas incluye trucos para elegir el aparato y una lista de errores comunes, una señal de que la tecnología culinaria ya tiene su propio manual de uso. En Colombia, la velocidad no está reñida con la memoria: unos espaguetis con carne molida, sofritos con achiote y ajíes dulces bastan para evocar el almuerzo materno, un plato que en su sencillez encierra el gesto de quien cocinaba a diario sin más pretensión que alimentar.
Esa misma lógica de aprovechamiento inspira la “picky plate”, una fórmula que desde Australia propone montar una comida sin esfuerzo a partir de restos de la nevera y la despensa. La periodista Alice Zaslavsky ha acuñado un acrónimo —PICKY— para no olvidar ningún elemento: encurtidos y fermentos que despiertan el paladar, frutas y verduras de estación que aportan color y frescura, algo crujiente como galletas o patatas fritas, un ancla proteica que puede ser salmón ahumado, garbanzos especiados o mariscos en conserva, y una yema que, al romperse, unta y enriquece el conjunto. La propuesta no es solo un recurso para las noches de fatiga culinaria, sino una filosofía que convierte la escasez en abundancia y el azar en armonía.
Del tuétano que se deshace en el caldo al papel de arroz que se dora en minutos, las cocinas del mundo dibujan un mapa de adaptaciones. En el Cono Sur, la sopa de fideos se refuerza con pollo desmenuzado, legumbres y espinacas para ganar proteínas y saciedad, un consejo que los especialistas en nutrición extienden a toda la temporada invernal. Mientras, en Europa, el blanco de una fiesta estival refleja la luz de las velas sobre manteles compartidos. Cada gesto —remover un guiso, hidratar una lámina de arroz, abrir una lata de sardinas para una cena improvisada— es una pequeña resistencia contra la prisa y un homenaje a la intimidad de la mesa.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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En Argentina, el invierno se enfrenta con creatividad en la cocina: desde la freidora de aire hasta el guiso tradicional, el secreto es arreglárselas con lo que se tiene. Cortes económicos como la 'tortuguita' y trucos para enriquecer una simple sopa de fideos se convierten en actos de resistencia diaria contra el frío. El aroma del guiso es el aroma del hogar, un abrazo cálido que no pesa en el bolsillo.
El invierno es la mejor estación, y el regreso del plato único es su mayor gloria. Desde cenas familiares rápidas con un paquete de carne picada hasta el arte del 'plato de sobras' ensamblado con lo que hay en la nevera, el mensaje es claro: la comida reconfortante no tiene por qué ser complicada. Se trata de calidez, practicidad y un toque de ironía juguetona.
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