
Toy Story 5: cuando la vaquera Jessie enfrenta el olvido digital
La nueva entrega de Pixar rompe la tradición de clasificación G, enfrenta a los juguetes con una tableta inteligente y divide a la crítica mientras bate récords de audiencia.
En una escena de Toy Story 5, la vaquera Jessie y el caballo Bullseye se asoman a la ventana de una casa vecina. Al otro lado del cristal, un grupo de niños se reúne en torno a una mesa: nadie habla, nadie juega; cada uno mantiene la mirada fija en su propia pantalla. La imagen, desoladora para los muñecos de trapo y plástico, condensa el dilema que vertebra la película: ¿qué lugar ocupan los juguetes tradicionales cuando la atención de los más pequeños migra sin remedio hacia las tabletas y los algoritmos? La cinta, estrenada el 17 de junio en buena parte del mundo, supone el primer capítulo de la serie principal que recibe una calificación PG —por «elementos temáticos y humor grosero»—, rompiendo una tradición de 31 años de clasificación G.
La trama coloca a Jessie (voz de Joan Cusack) en el centro de una guerra de territorios contra Lilypad, una rana digital con inteligencia artificial que acapara el tiempo de Bonnie, la nueva dueña. Para la vaquera, marcada por el abandono de su primera propietaria, Emily, la amenaza reactiva un trauma profundo. Según adelantó el libro de arte oficial de Pixar, los guionistas McKenna Harris y Andrew Stanton —quien debuta en la dirección de la saga y firma el guion sin la participación del co-creador John Lasseter— descartaron un final alternativo que mostraba a una Emily anciana reencontrándose con su juguete y entregándoselo a su nieta. La versión definitiva opta por un cierre más simbólico: se revela que, ya adulta, Emily bautizó a su propia hija con el nombre de Jessie, un gesto que la muñeca descubre y que le permite cicatrizar su herida.
Desde la crítica estadounidense, la película ha sido recibida con matices. Con un 94 % de aprobación en Rotten Tomatoes, se sitúa como la entrega peor valorada de la franquicia, por debajo del 97 % de Toy Story 4, aunque las audiencias le otorgan un récord del 95 %, el más alto de la serie. El analista Robert Daniels, de RogerEbert.com, subrayó que pocas películas han capturado «la ansiedad de una generación mayor que observa a una generación aparentemente perdida con una perspicacia comparable». La banda sonora incluye una canción original, I Knew It, I Knew You, compuesta e interpretada por Taylor Swift junto a Jack Antonoff, en la que la artista recupera un registro cercano al country, y un tema de créditos con la voz del puertorriqueño Bad Bunny en el personaje Pizza with Sunglasses.
En América Latina, el doblaje incorporó a figuras como Belinda (Lilypad) e Irán Castillo (Jessie), y la recepción en taquilla ha sido fulgurante: solo en las funciones de preestreno recaudó 17,5 millones de dólares, con proyecciones de alcanzar 175 millones en su primer fin de semana global. El conflicto entre lo analógico y lo digital resuena con fuerza en una región donde, según voces de la crítica, la preocupación por el uso excesivo de pantallas en la infancia se ha vuelto un tema de conversación habitual en los hogares. La película no demoniza la tecnología: la propia Lilypad termina sacrificando su dominio para ayudar a Jessie a conectar a Bonnie con un nuevo amigo, en un desenlace que los guionistas dejan abierto a la interpretación.
Lejos de ser una mera explotación nostálgica, Toy Story 5 recuerda que los juguetes —como los nombres que heredamos— pueden ser anclas emocionales en medio de la aceleración digital. En una de las dos escenas poscréditos, un personaje extravagante con forma de pizza y lentes de sol (Bad Bunny) surge de una caja olvidada para recordar que, incluso en la era del algoritmo, siempre queda un rincón para lo inesperado.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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El regreso de Woody y Buzz en Toy Story 5 fue un triunfo de taquilla, demostrando que los juguetes resisten a la tecnología digital. Más de treinta años después de la primera película, los personajes mantienen su carisma y siguen conectando a generaciones de espectadores.
Toy Story 5 explora el choque entre juguetes y la era digital, destacando la lucha por seguir siendo relevantes cuando los niños prefieren las tabletas. La trama invita a reflexionar sobre cómo la tecnología está remodelando la infancia.
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