
La inflación mexicana sorprende a la baja y allana el camino a Banxico, pero persisten las fracturas sociales en la región
México registró una inflación de 3.55% en la primera quincena de junio, la menor desde octubre, mientras Argentina crece con empleo informal y Brasil revela una brecha inflacionaria que castiga el doble a los más pobres.
El Índice Nacional de Precios al Consumidor de México se desaceleró hasta el 3.55% anual en la primera quincena de junio, una cifra muy por debajo de las previsiones que la situó en su nivel más bajo desde octubre de 2025. El dato, conocido un día antes de la reunión de política monetaria del Banco de México, refuerza la expectativa de que la tasa de referencia se mantenga sin cambios en el 6.50%, en un contexto donde la inflación general ya se ubica dentro del rango objetivo del instituto central. La caída estuvo impulsada por el desplome de los precios agropecuarios —el jitomate retrocedió casi un 24% quincenal—, pero la inflación subyacente, que excluye los componentes más volátiles, apenas cedió al 4.12% y los servicios se mantuvieron rígidos en el 4.57%, reflejando presiones que analistas en Ciudad de México atribuyen al turismo del Mundial de Fútbol y a salarios al alza.
El alivio en los precios no es homogéneo en América Latina. En Brasil, el Instituto de Investigación Económica Aplicada (Ipea) reportó que la inflación de las familias de renta muy baja fue del 0.83% en mayo, más del doble que la de los hogares de renta alta (0.38%). El encarecimiento de los alimentos en el domicilio (1.65%) y de la energía eléctrica (3.67%) explica la brecha, que se amplía por el peso de estos rubros en la cesta de consumo de los más pobres. Aunque los combustibles empezaron a ceder en mayo —el diésel bajó un 2.34%—, los especialistas en São Paulo advierten que el impacto indirecto del alza previa del petróleo sobre los fletes aún se trasladará a los precios de los alimentos en los próximos meses, y que el fenómeno de El Niño añade incertidumbre climática a la producción agropecuaria.
Argentina, por su parte, exhibe un crecimiento económico que convive con un deterioro social. El PIB avanzó un 2.3% interanual en el primer trimestre de 2026, impulsado por las exportaciones, la minería y los hidrocarburos, sectores que gozan de exenciones impositivas. Sin embargo, la industria manufacturera cayó un 1.7% y el comercio minorista un 0.3%. El consumo privado, que el Gobierno celebró como un “máximo histórico” con un alza del 2.7%, es explicado por economistas en Buenos Aires como un efecto del cambio de precios relativos y del gasto de los trabajadores informales, cuyo ingreso real creció un 56% desde 2023, mientras los salarios públicos se contrajeron un 21%. La tasa de desempleo escaló al 7.8% y la morosidad bancaria de las familias alcanzó el 12.1%, el nivel más alto en dos décadas, lo que llevó a la banca pública a lanzar planes de rescate.
En España, el INE confirmó un crecimiento del 0.6% intertrimestral en el primer trimestre, con un avance interanual del 2.7%. El consumo de los hogares fue el principal motor, pero el Ministerio de Economía precisó que el aumento se debe al crecimiento demográfico por la inmigración, no a una mejora del gasto per cápita: en términos reales, el consumo individual apenas ha crecido un 0.8% anual desde la pandemia, frente al 2.3% del período 2013-2019. La inversión se estancó (0.1%) en un entorno de incertidumbre internacional, y las exportaciones retrocedieron un 0.6%, aunque la productividad por hora trabajada repuntó un 1%, un dato que desde Madrid se interpreta como señal de modernización del modelo productivo.
Los próximos hitos pondrán a prueba la solidez de estas tendencias. El Banco de México divulgará su decisión de tipos con el mercado atento a cualquier señal sobre futuros recortes si la economía se debilita. En Brasil, la publicación del IPCA-15 de junio ofrecerá la primera medición del posible alivio de los combustibles sobre la inflación general, mientras el Gobierno de Lula enfrenta la presión de una carestía que golpea de manera desigual en año electoral. En Argentina, la sostenibilidad del crecimiento dependerá de que la inversión —que cayó al 17.2% del PIB, uno de los registros más bajos en 26 años— logre reactivarse y generar empleo formal.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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La inflación mexicana se moderó al 3,55% en la primera quincena de junio, ubicándose dentro del rango objetivo del banco central por segunda quincena consecutiva, favorecida por la caída de los precios agropecuarios. Sin embargo, el crecimiento argentino del 2,3% interanual esconde profundas disparidades sectoriales y sociales: mientras el agro, la minería y las finanzas se disparan, la industria manufacturera y el comercio minorista se contraen y el poder adquisitivo sigue deteriorándose.
La caída de la inflación mexicana al 3,55% se recibe con escepticismo, pues los precios de los servicios siguen mostrando resistencia y el optimismo oficial recuerda esas garantías que a menudo preceden a sorpresas desagradables. La narrativa del éxito parece prematura frente a las persistentes presiones de costos, igual que las negaciones de los picos en los combustibles escuchadas en otros lugares.
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