
Banxico congela tasas en 6,5% y señala un prolongado compás de espera
La decisión unánime refleja un delicado equilibrio entre una inflación que cede lentamente y una economía al borde de la recesión, en un contexto global donde los bancos centrales enfrentan dilemas similares.
El Banco de México (Banxico) mantuvo este jueves la tasa de interés de referencia en 6,5% y, en un giro comunicativo, indicó que será apropiado conservarla en ese nivel durante un periodo indefinido. La pausa, adoptada por unanimidad, pone fin al ciclo de relajación monetaria iniciado en marzo de 2024 y se alinea con lo descontado por los mercados, que ya anticipaban el agotamiento de los recortes tras la rebaja de 25 puntos básicos de mayo. La decisión se produce en un momento en que la inflación general se desaceleró hasta el 3,55% en la primera quincena de junio —impulsada por la caída de los precios agropecuarios—, pero el componente de servicios, especialmente los turísticos ligados al Mundial de Fútbol, mostró un repunte que mantiene las presiones subyacentes.
Analistas en Ciudad de México interpretan la señal como el paso a una postura monetaria neutral. Desde la óptica de la firma Monex, la tasa real ex ante que utiliza el banco central para medir el grado de restricción ya no se sitúa en terreno contractivo, y el siguiente movimiento podría ser un incremento si las expectativas de inflación de mediano plazo continúan deteriorándose. El propio Banxico revisó a la baja su pronóstico de crecimiento para 2026 del 1,6% al 1,1%, tras una contracción del PIB del 0,6% en el primer trimestre, y advirtió que la inversión seguirá débil al menos hasta la segunda mitad del año, lastrada por la incertidumbre en la relación comercial con Estados Unidos y la próxima revisión del T-MEC.
El compás de espera mexicano se inscribe en un contexto global de bancos centrales que lidian con inflaciones de origen diverso. Mientras Banxico opta por la pausa, el Banco Central Europeo (BCE) elevó este mismo mes su tipo principal hasta el 2,4%, a pesar de que las presiones inflacionarias en la eurozona —que escalaron al 3% en abril— provienen en buena medida de choques de oferta: la sustitución del gas ruso por gas natural licuado encarece la energía industrial, y los conflictos en Oriente Próximo tensionan las materias primas. Desde Fráncfort, la presidenta Christine Lagarde justificó la subida por el riesgo de efectos de segunda ronda, esto es, que los agentes anticipen alzas sostenidas y se desencadene una espiral de salarios y precios. Economistas como Olivier Blanchard y Paul De Grauwe han señalado, sin embargo, que encarecer el crédito no abarata la energía ni resuelve disrupciones geopolíticas, y que el costo recae sobre la demanda agregada y el empleo.
La guía prospectiva de Banxico evitó comprometerse con un “periodo prolongado” explícito, dejando la evolución de la política monetaria supeditada a los datos entrantes. La próxima decisión está prevista para el 7 de agosto, y los mercados seguirán de cerca tanto las minutas de la Reserva Federal —cuyo tipo objetivo se mantiene entre 3,50% y 3,75% pero con la puerta abierta a un alza este año— como el avance de la revisión del T-MEC, factor que podría presionar al tipo de cambio y complicar la convergencia de la inflación hacia la meta del 3%.
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