
Ataques simultáneos contra la Guardia Revolucionaria iraní agravan la insurgencia en el oeste del país
Al menos cinco miembros del cuerpo de élite murieron en emboscadas en Paveh y Saravan, mientras Teherán acusa a grupos kurdos respaldados por Estados Unidos e Israel.
Dos miembros de la Guardia Revolucionaria iraní fueron abatidos a tiros en la puerta de su domicilio en la ciudad fronteriza de Paveh, en la provincia de Kermanshah, y otros dos resultaron heridos en un ataque que las autoridades calificaron de “acto terrorista”. Casi en simultáneo, un tercer miembro del cuerpo y su esposa murieron en un tiroteo contra su vehículo en Saravan, en la provincia suroriental de Sistán-Baluchistán. Los hechos, ocurridos en la noche del lunes, se producen en un contexto de creciente actividad de grupos insurgentes kurdos en el oeste del país y de una ofensiva de seguridad por parte de Teherán.
Desde la óptica oficial iraní, los ataques son obra de “mercenarios sionistas y estadounidenses” o de grupos separatistas kurdos que actúan con apoyo externo. La agencia Sepah, portavoz de la Guardia, informó que una célula de seis integrantes de “grupos antigubernamentales y separatistas” fue desmantelada en las montañas entre Mahabad y Piranshahr, y difundió imágenes de cuatro cadáveres. El presidente Masoud Pezeshkian, en una reunión con grandes ayatolás en Qom, sostuvo que los enemigos buscan generar inseguridad para provocar el colapso interno, pero que la unidad del pueblo frustró sus cálculos. Paralelamente, el vicejefe político de la Marina de la Guardia Revolucionaria falleció en un accidente automovilístico en la provincia de Kermán; el oficial había sido sancionado semanas antes por la Unión Europea por restringir la libertad de navegación en el estrecho de Ormuz, aunque las autoridades no vincularon el siniestro con la insurgencia.
En el plano insurgente, un grupo de reciente creación denominado Khori Hiva (Sol de Esperanza) reivindicó el ataque de Paveh y acusó a uno de los fallecidos de participar en la represión de las protestas de 2022. La organización afirmó que su objetivo es “fortalecer la identidad nacional kurda y enfrentar las políticas de la República Islámica”. Fuentes kurdas citadas por la organización de derechos humanos Hengaw señalan que los choques armados se extienden por varias localidades del Kurdistán iraní, con participación de las Unidades de Defensa del Kurdistán Oriental (YRK), brazo armado del Partido por una Vida Libre en Kurdistán (PJAK). Este grupo integra desde febrero una coalición de siete partidos kurdos iraníes que busca coordinar la lucha política y militar contra el gobierno de Teherán.
Desde la perspectiva de actores regionales, la situación añade tensión a un frágil proceso de negociación entre Washington y Teherán. Analistas en Oriente Medio observan que Turquía, que considera al PJAK una extensión del PKK, ha presionado para que Estados Unidos no utilice a las fuerzas kurdas en el conflicto con Irán, según reportes de medios israelíes. Bagdad, por su parte, recibió una solicitud iraní para que entregue a los líderes de los partidos kurdos refugiados en el Kurdistán iraquí o los traslade a un tercer país, en el marco de un acuerdo de seguridad fronteriza firmado hace tres años. Las investigaciones sobre los ataques de Paveh y Saravan continúan abiertas, y no se descartan nuevas operaciones de la Guardia Revolucionaria en la región.
| Prensa atlántica / anglosfera | −0.30 | critical |
|---|---|---|
| Prensa iraní y afín | +0.30 | aligned |
| Prensa israelí | −0.40 | critical |
| Prensa árabe Levante-Magreb | −0.10 | neutral |
The West denounces Iranian cyber aggression as a growing threat and calls for a coordinated response.
It emphasizes the multiplication of attacks (from 1,600 to 4,800) to create a sense of urgency and justify countermeasures.
It does not mention the new Kurdish offensive against the Revolutionary Guards, which could explain part of the Iranian reaction.
Iran stands up as a defender of its rights and announces legal actions against the United States for crimes against the Iranian people.
It uses legal language to transform a military conflict into a legal dispute, legitimizing the Iranian position as a victim.
It does not mention the Iranian cyberattacks against Israel nor the new Kurdish offensive, which could weaken the victim narrative.
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It links disparate events (legal threats, drone) to build a picture of an omnipresent Iranian threat.
It does not mention the Kurdish escalation nor the attacks suffered by the Revolutionary Guards, which could show Iran under pressure.
The Arab region cautiously observes the escalation between Iran and Israel, trying to maintain a balance between the parties.
It frames the conflict in a regional perspective, highlighting side effects (oil, Lebanon) and the mediating role of the Gulf.
It does not delve into the new Kurdish offensive against the IRGC, which could alter internal Iranian balances.
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