
Acuerdo EE.UU.-Irán para frenar la guerra en Líbano choca con el rechazo de Israel
El memorando negociado con mediación paquistaní incluye un alto el fuego en todos los frentes, pero ministros israelíes de extrema derecha lo desestiman y prometen continuar la ofensiva contra Hezbolá.
El anuncio de un memorando de entendimiento entre Estados Unidos e Irán para poner fin a las hostilidades en Oriente Medio, incluido el Líbano, desató este lunes una oleada de reacciones encontradas que ponen en duda su aplicación inmediata. Mientras Teherán y Washington perfilan los detalles de un texto que se firmaría el viernes en Ginebra, el ministro israelí de Seguridad Nacional, el ultraderechista Itamar Ben Gvir, declaró que su país no se considera vinculado por un pacto en el que no ha participado. “El acuerdo de Trump no nos ata; no garantiza nuestra seguridad”, afirmó en Telegram, y exigió la disolución total de Hezbolá sin retirar tropas de las zonas capturadas en el sur libanés. La reacción, secundada por otro ministro del ala radical del gabinete, introdujo un foco de tensión inmediato sobre una iniciativa diplomática gestada en secreto durante semanas.
Desde Teherán, el portavoz de la cancillería iraní, Esmaeil Baqaei, subrayó que el cese de la guerra en Líbano es “parte inseparable” del entendimiento y que el borrador menciona tres veces al país, exigiendo respeto a su soberanía e integridad territorial. Irán se comprometió a supervisar de cerca la evolución sobre el terreno y a emplear “todos los medios necesarios” para garantizar el cumplimiento. Hezbolá, por su parte, celebró el memorando como un triunfo de la “legendaria firmeza” del pueblo iraní y agradeció al líder supremo, el ayatolá Seyyed Mojtaba Khamenei, y a la Guardia Revolucionaria su respaldo. La milicia chií advirtió, no obstante, que no tolerará nuevas agresiones israelíes contra la soberanía libanesa.
En Beirut, la acogida oficial fue cautelosa. El presidente Joseph Aoun valoró que el texto reconociera la estabilidad del Líbano como parte esencial de cualquier esfuerzo serio de pacificación regional, mientras que el presidente del Parlamento, Nabih Berri, destacó la cláusula que exige el fin de la agresión israelí. Sin embargo, una fuente oficial libanesa confirmó que el Gobierno no ha sido informado de los términos concretos ni del momento exacto del alto el fuego. Esa asimetría informativa alimentó el escepticismo entre una población agotada por tres meses de bombardeos que han matado a miles de personas y desplazado a 1,2 millones. En el puente de Qasmiyeh, entrada a la castigada región de Tiro, decenas de vehículos cargados con colchones y maletas avanzaban entre controles del ejército libanés, mientras las autoridades locales pedían no precipitar el regreso ante la persistencia de fuego de artillería intermitente.
El futuro inmediato del entendimiento depende de la capacidad de los mediadores —Pakistán, Catar, Arabia Saudí y Egipto— para contener la rebeldía israelí y traducir los compromisos en una desescalada verificable sobre el terreno. La firma prevista en Suiza representa una oportunidad histórica para cerrar un conflicto que ha desbordado las fronteras libanesas, pero la negativa de Jerusalén a aceptar sus términos introduce una fragilidad estructural. Observadores en las capitales mediadoras advierten que, sin un mecanismo que obligue a todas las partes, el memorando corre el riesgo de convertirse en un gesto diplomático sin efectos prácticos, mientras los desplazados libaneses siguen atrapados entre la esperanza y la incertidumbre.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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El entendimiento entre Irán y Estados Unidos se celebra como una gran victoria fruto de la legendaria firmeza del pueblo iraní y su sabio liderazgo. Hezbolá felicita a Teherán por haber logrado un alto el fuego integral que incluye explícitamente al Líbano, y el presidente del Parlamento libanés agradece a Irán por haber insertado una cláusula vinculante para detener la agresión israelí. El acuerdo se presenta como un avance que preserva la soberanía libanesa y pone fin a la guerra en todos los frentes.
El ministro israelí de extrema derecha rechaza airadamente el acuerdo EE.UU.-Irán, lo considera no vinculante e insiste en continuar los ataques contra el Líbano. Hezbolá acoge con satisfacción el pacto, e Irán promete vigilar de cerca la situación. La narrativa presenta a Israel como un saboteador de la paz, empeñado en seguir con su ofensiva pese al entendimiento internacional.
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