
Vitaminas y hormonas: el vínculo clave entre energía, ánimo y deseo sexual en la mediana edad
Deficiencias nutricionales y caídas hormonales generan fatiga y disfunción sexual que afectan a millones; expertos iberoamericanos reclaman diagnósticos más amplios y terapias integradas.
Más de dos mil millones de personas en el mundo presentan carencias de vitaminas y minerales esenciales, según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud, un déficit que afecta directamente al metabolismo energético y la función neurológica. El fenómeno cobra especial relevancia durante la mediana edad, cuando los cambios hormonales magnifican síntomas como la fatiga persistente, los trastornos del estado de ánimo y la pérdida del deseo sexual, tanto en mujeres que transitan la menopausia como en varones con descenso de testosterona.
Las vitaminas del complejo B, la vitamina D y el hierro son fundamentales para la producción de energía, la síntesis de neurotransmisores como la serotonina y la salud del sistema nervioso. Investigadores en Chile y Argentina señalan que la falta de exposición solar, las dietas restrictivas o el consumo crónico de alcohol y marihuana agravan estos déficits, provocando desde insomnio y cambios de humor hasta disfunción eréctil y anorgasmia. Estudios clínicos asocian niveles bajos de testosterona en hombres con labilidad emocional y dificultades cognitivas, mientras que en mujeres posmenopáusicas la caída de estrógenos y andrógenos se relaciona con sequedad vaginal y disminución de la libido.
En América Latina y España, las guías clínicas incorporan cada vez más la evaluación de vitamina B12, D, ferritina y perfil hormonal cuando aparecen síntomas que antes se atribuían únicamente al envejecimiento o al ámbito psicológico. Sin embargo, persisten mitos como la creencia de que el deseo sexual femenino se apaga irremediablemente tras los 50 o que los cambios de humor masculinos son solo estrés. La realidad, según especialistas iberoamericanos, es que un abordaje biopsicosocial que combine suplementación específica, terapia hormonal tópica y ajustes en el estilo de vida puede restaurar significativamente la calidad de vida.
Expertos reunidos en consensos internacionales abogan por protocolos de cribado más inclusivos que integren marcadores metabólicos e inflamatorios como la proteína C reactiva y la insulina, además de las hormonas sexuales. Mientras tanto, subrayan que medidas sencillas como la exposición solar matutina, la reducción del consumo de sustancias y la ingesta de alimentos ricos en vitaminas del grupo B —presentes en carnes, lácteos y legumbres— pueden ser el primer paso para mitigar los síntomas. El próximo hito será la publicación de estudios multicéntricos en centros iberoamericanos que evalúen la eficacia de intervenciones combinadas sobre la función cognitiva y sexual en población de mediana edad.
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